Por Ronny Ramírez
Primera mención de honor en el Premio de Cuento Joven “Pedro Peix”
de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2020
Mami dice que aquí una se hace mujer a la mala. Me lo dice dándome correazos. Había vuelto de trabajar y yo no había fregado. La tarde se me fue lavando sábanas y cortinas. Le explico que tuve que exprimir todo a mano porque se dañó la secadora, que no tuve tiempo, que esto y lo otro. Pero ella no escucha cuando me da correazos. Me da tan duro que se me gastan las lágrimas. Un día ya no podré llorar.
Solo somos nosotras y Ernesto, mi hermano. Pero él no puede fregar. Un día papi lo vio limpiando su plato y le preguntó si era maricón. Ernesto lo cogió a chiste y le dijo que sí. A papi eso no le hizo ninguna gracia y casi le rompe los dientes a puñetazos. Ese día Ernesto tragó sangre y vomitó. Papi no era así. Era un hombre que se reía mucho y hacía ambiente, sobre todo cuando nos sacaba a pasear. Esos eran tiempos felices. Hasta mami parecía feliz. Pero de repente habíamos dejado de salir y él se pasaba el día sentado y callando muchas cosas. Mami decía que era un bueno para nada. Decía eso de la gente que pensaba mucho. Ella llegó a tenerle miedo al principio, cuando la miraba con mucho odio después de la paliza. Nunca entendí por qué la miraba así. Después ella llegó a gritarle varias veces, a decirle que no valía nada como hombre y que no sabía satisfacer ni a una cualquiera. Creo que hasta le escupió una vez. Él no soltó una palabra más. Tampoco se disculpó con mi hermano. Papi ya no vive con nosotros, pero su recuerdo está tan adentro de la casa que Ernesto no ha vuelto a tocar el jabón de fregar.
Con 12 años tengo que ser mujer. Mami se pasa el día entero trabajando y me tengo que ocupar de la casa. Ernesto tiene 14 y anda por su lado, cogiendo mucha calle. Para mami él no existe. Se dice en el barrio que anda juntándose con mala gente, que anda dando problemas. Mi hermano ya no habla y apenas pasa por la casa para buscar algo en su cuarto o revisar la nevera. Está tan cambiado que me asusta cuando lo veo de repente cruzando la sala como un ladrón. Anda siempre muy deprisa. Creo que está creciendo demasiado.
Quisiera volver a la escuela. Allí todo era más fácil. Hasta las cuatro de la tarde no tenía que pensar en prepararme comida o limpiar. Pero en la casa siempre hay algo que hacer, algo que mover de sitio. Para colmo, mami dice que todo lo hago mal. Ahora me pega porque dañé su blusa favorita. Eso repite. Pero yo lavo siempre igual y no sé. Me pega con el cable de una lámpara y me deja marcas horribles. Casi me saca sangre, pero me trago el dolor. Eso la enfurece más y me da con más fuerza. Quiere que todos me escuchen. Ella nunca se cansa de dar golpes.
Mami trabaja todo el día en una casa grande. Trabaja para gente con mucho dinero. Nunca he ido, pero la escucho decir a sus amigas de las cosas caras que tienen. Dice que ha visto diamantes de verdad. Dice que la señora de la casa nunca sale dos veces con el mismo vestido. Dice que el hombre tiene un rico perfume. Dice eso bajando la voz. Sus amigas se muerden los labios y se ríen. Yo trato de reírme también y me manda a barrer. Grita que esas son cosas de mujeres, que no tengo que estar comiendo boca. Yo no la entiendo. ¿Por qué tengo que ser mujer en una cosa y en otra no?
Me quiero ir de la casa. Ernesto ya se fue. Dicen que embarazó a no sé qué mujer ajena y se escapó con ella antes de que los matara el marido. Dicen que él no descansará hasta matarlos como perros, que quizá ni sepa que solo sea un muchacho enfermo. Así lo cuentan. Ahora en el barrio nos miran con asco. Cuando vuelvo del colmado, la gente se me queda mirando desde lejos hasta que llego a la puerta. Me pone muy nerviosa: ni siquiera disimulan.
Mami aparece cada vez menos en la casa. A veces amanece fuera. Una vecina que me tiene mucho cariño me guarda comida y me acompaña por la tarde. Habla de mami, sobre lo desvergonzada que es, sobre lo descuidada que ha salido. ¿Qué clase de madre se desaparece y deja sola a una niña de 12 años en una casa?, dice. No me gustó que me llamara “niña”. He sabido cuidarme sola, mantener la casa, saber qué hace falta y qué no. Dice que desde que papi se fue vamos de mal en peor. Lamenta el camino que tomó Ernesto. Dice que hace falta un hombre en la casa.
Mami apareció al otro día con dos hombres bien vestidos. Yo estaba barriendo el frente de la casa cuando vinieron en un carro que parecía nuevo. A mi hermano le hubiese gustado. Mami vestía un traje caro y lindo, y estaba muy simpática y me hablaba tan suave que me daba miedo. Cuando pasamos a la sala, me presentó a sus amigos. Eran su jefe y un amigo suyo. El amigo quería hablar conmigo, y al principio me pareció raro que un tipo extraño quisiera hablar así nada más. Pero él era muy divertido y terminamos hablando a solas. Mami había pasado a la cocina con su jefe y hacía tiempo que no hablaban. Yo me seguía riendo con Luis y pronto se fue acercando a mí. De pronto me bajaba la voz y me hablaba en un tono que me ponía muy nerviosa. Me susurró algo en el oído que me paralizó el cuerpo.
Mami salió de la cocina limpiándose la boca con una servilleta. Detrás le seguía Manuel, muy sudado. Parecía que mami solo había venido a casa de paso porque estaba preparándose para salir de nuevo. Me dice que vuelve en un rato. Luis se despide de mí con un beso en la mejilla y promete que volverá. Manuel apenas me mira y me dice adiós. Estoy muy confundida. Es la primera vez que veo a mami tan simpática en mucho tiempo.
Cuando vuelve, aparece con otro vestido, más lindo que el otro, pero con su humor de siempre. Me dice que le gusté a Luis, que me mudaré con él. Dice que ya tengo cuerpo para mantener contento a un hombre. Dice que ya puedo cuidar una casa, que me puedo casar. Eso sí, nadie tiene que saberlo, me dice. No tiene que importarle a nadie.
Luis no me gusta tanto, pero de verdad que quiero salir de mami. Ella me dice que vendrá hoy. Repite que tendré mi propia casa, trastes nuevos. No tengo que llevarme nada, me dice. Luis es rico y me comprará todo lo que quiera. Dice que aparecerá de un momento a otro. Yo recojo mi mochila y echo unas pocas cosas que quisiera llevarme.
Luis aparece, sin Manuel, y me pregunta si ya estoy lista. Le digo que sí. Luis le pasa un sobre blanco y gordo a mami y ella me mira. La miro y no le digo nada. Salgo sin despedirme y me quedo esperando a Luis en la acera. Los contenes del barrio siempre huelen mal y el agua siempre es negra. Todo el barrio apesta. Parada ahí veo a la vecina que me había acompañado, veo a todos los que me miraban y me miran y creo que lo saben. Lo saben todo, y ya no me salen palabras. Pienso en Ernesto. Me pregunto si habrá perdonado a papi.
Ronny Ramírez (República Dominicana, 1994). Poeta, ensayista y narrador. Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Ha publicado el poemario Condeno la noche y sus perros de caza (Luna Insomne Editores, 2024); la selección de poemas Parque solitario (Proyecto Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2025). Escribe una columna cultural en el periódico Acento.

