Por Aníbal Hernández Medina
El proyecto de coedición internacional LATINOAMÉRICÆDITADA, promovido por la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (ALCIFF), busca dar una pequeña muestra del escenario actual de la literatura especulativa cognitiva latinoamericana, al abordar en sus dos volúmenes representantes de cada uno de los países hispanoamericanos más Brasil. Cada nación participa con dos cuentos, un autor y una autora, precedidos por una introducción por el coeditor encargado que versa sobre la producción nacional en el género de la ciencia ficción. Así que, cercano a la publicación en el país del segundo libro «LATINOAMÉRICÆDITADA. Aún no disponible en su región», les comparto, en dos entregas, la introducción correspondiente a la parte dominicana que abarca hasta el 2023, cuando escribí el texto y realicé la selección.
Hablemos sobre la ciencia ficción dominicana (I)
Aníbal Hernández Medina
La ficción especulativa en República Dominicana, como en otros países, inicia con el paso de la tradición oral a la forma escrita. Por ende, lo no cognitivo domina las primeras décadas de la literatura no realista dominicana. De hecho, los primeros cien años. La vertiente fantástica inicia a unos veinte años de fundada la república, cuando en 1866 es publicada «La ciguapa»1, de Angulo Guridi (1816–1884), un relato de terror sobrenatural que parte del folklore dominicano de origen taíno, el pueblo aborigen principal de la isla y no sobreviviente a la colonización española. A Guridi le siguen varios escritores y escritoras con relatos de fantasía como son: Fabio Fiallo (1866–1942), Virginia Elena Ortea (1866–1903), Sócrates Nolasco (1884–1980), Ángel Rafael Lamarche (1899–1962), Tomás Hernández Franco (1904–1952), Virginia de Peña de Bordas (1904–1948), o Juan Bosch (1909–2001). Con Bosch y su «Los últimos monstruos», podemos hablar de la aparición de la ciencia ficción dominicana.

Juan Bosch
«Los últimos monstruos» trata sobre los días finales de la humanidad en una Tierra dominada por creaturas de sabor kaiju. En esta Tierra extraña, los humanos sobrevivientes atestiguan la batalla mortal entre las bestias titánicas, implicando que la raza humana tiene la oportunidad de sobrevivir y convertirse en la especie dominante. «Los últimos monstruos» es publicado en el año de 1941 en Cuba. Bosch, como muchos otros intelectuales de oposición, vive en el exilio debido al trujillato. No es hasta después de su retorno, con la caída del régimen, que se imprime en República Dominicana. Con la desaparición del dictador, la sociedad dominicana inicia un accidentado proceso de cambios que marcan los sesenta, tiempo de revolución y resistencia frente a una nueva dictadura impuesta por la ocupación yanqui del 65. En consecuencia, el arte y la literatura se convierten en uno de los arietes de la efervescente juventud dominicana. Por igual, la mayoría de la población se vuelve urbana: el campo (y su tradición oral), como motivo principal de la literatura criolla, pierde protagonismo. La ciudad, las ciencias sociales y el conflicto político lo sustituyen. Con lo que una nueva generación literaria emerge y, con ella, la maduración de la ciencia ficción quisqueyana.
En este escenario, diferentes grupos culturales protagonizan la vanguardia artística; uno de sus más activos, La Máscara, organiza el Concurso de Cuentos del Movimiento Cultural La Máscara (1966–1971). En su edición de 1968, Efraím Castillo obtiene el tercer lugar con su cuento «Tom the Rock». En esta distopía de sobrepoblación, Tom es la estrella pop británica (guiño a los Beatles) contratada como la figura protagónica de la campaña publicitaria para promover Dernierespoir, el anticonceptivo usado por el Gobierno mundial con el objetivo de parar los nacimientos por 25 años. Pero la humanidad se condena a sí misma, cuando, finalizado el lapso establecido, se percata que las mujeres han quedado infértiles.
Hasta el inicio de los ochenta, «Tom the Rock» es solo acompañado por un puñado de cuentos y microrrelatos sueltos, publicados en diferentes medios y libros de colecciones y antologías de cuentos. Mencionaremos a «Un hombre en la Luna», de Armando Almánzar Rodríguez (1935–2017); «Viaje al microcosmos», de Virgilio Díaz Grullón (1924–2001); «El Incunable», de Efraím Castillo; «El ocaso de Piscis», de Iván García; «La conquista de la Tierra», de Diógenes Céspedes; «El relámpago entre las sombras», de Diógenes Valdez (1941–2014), ganador del segundo lugar en el Concurso de Cuentos de Casa de Teatro 1981 y recogido en el libro Todo puede suceder un día (1984), ganador del Premio Nacional de Cuento José Ramón López. Además, tenemos el hito de Ricardo Rivera Aybar (1940-2015), que obtiene en un concurso nacional abierto con un cuento de CF el primer lugar con la pieza satírica «El curioso y singularísimo informe de Oxny Ovnimorom», en la edición de 1980 del Concurso de Cuento de Casa de Teatro. En esta historia, un extraterrestre visita el Santo Domingo colonial para darnos un reporte, en español antiguo, del curioso comportamiento de los humanos.

En tanto a la novela, en el año de 1983, el escenario local se revoluciona con la aparición de la primera exponente del género: Inti Huamán o Eva again, de Efraím Castillo. El autor retoma y expande el universo de «Tom the Rock». En este, Inti, una indígena andina boliviana, hija de un minero residente en Ciudad Guevara, se embaraza convirtiéndose en la madre de la nueva humanidad. La raza humana se siente salvada por Inti como su segunda Eva, pero es en realidad su perdición. La humanidad «postdernierespoirsista», que sustituye a la raza originaria, es deforme porque emerge de la relación incestuosa de Inti con su hermano.
A Inti…, se le suma un segundo hito con la publicación de la novela Una casa en el espacio (1985), de Josefina De La Cruz. La autora nos cuenta sobre una avanzada raza extraterrestre y su fascinación con la humanidad. Cada tantos siglos, la visita para examinar su devenir; dedicándose en esta nueva expedición a estudiar los sueños terrícolas. Pero a pesar de estas novelas de publicación consecutiva, todavía es el fantasy quien domina la literatura especulativa nacional; esencialmente el libro para niños y niñas. Aunque con la entrada del nuevo milenio, se disminuye el «monopolio infantil» con la publicación de algunas novelas fantásticas adultas y con la lenta renovación de la literatura de terror sobrenatural dominicana.
En cuanto a la CF criolla, esta brilla por su ausencia por casi veinte años hasta la aparición de su tercera novela, Unión. La reunificación de la Tierra (2007), de Yerry Batista, autopublicada a través del sistema de Amazon. Y, finalizando la década, en 2010, ve la luz El clan de los bólidos pesados, de Pedro Peix. Estas obras son el preludio a una intensa actividad de la CF dominicana en los siguientes años. Una era «dorada» para el género por la diversidad, calidad y cantidad de material impreso y en línea que continúa hasta nuestros días.
Hablamos de novelas como la afrofuturista La mucama de Onmiculé (2015), de la multipremiada Rita Indiana; las noveletas de Odilius Vlak recogidas en Crónicas historológicas, en digital, y en formato impreso Crónicas de Ouroboros (2015); Cuando mueran los hombres (2015), de Rodolfo Báez; la medioambiental La última ceiba (2020), de Virginia Read Escobal; la de fantaciencia Espíritu de sangre (2023), de Elidenia Velásquez; Del lado de la muerte (2023), de MacGyver González, y la reciente Agente Spectrum y los centinelas del infierno (2023), de Andy Luis.

Pero es el libro de cuentos, con sus intersecciones con la fantasía y el terror, quien domina la ciencia ficción dominicana. Entre estos tenemos a El circo (2013), de Moisés Santana, ganador del Premio de Cuento Jaime Colson de la Sociedad Cultural Renovación. Por igual, Órbitas tandrelianas (2015), Exoplanetarium (2015), y Tinta de plasma (2020), de Odilius Vlak; La paradoja del Fénix (2017), de Peter Domínguez; La resurrección del Dr. Blagger (2019), de Juan Carlos Mieses; Relatos de la Tierra y sus colonias (2020), de Isis Aquino; Domadora de autos (2017) y Gazba (2023), de Rodolfo Báez, y los libros especulativos La recámara del tiempo (2014), de Nan Chevalier, y Dominican splendours (2022), de Vladimir Velázquez. Además de las colecciones de terror Estación 47 (2017), de Greg Pérez y Vórtice (2019), de Liberato Tavárez, que incluyen sendos cuentos de ciencia ficción oscura.
Por igual, agreguemos libros que no son íntegramente de CF, o por lo menos especulativos (que incluyan también fantasía o terror), sino de predominio realista, pero con la popularidad de la especulación científica, poseen uno que otro relato del género. Entre estos están: Historietas (2002), de Reynaldo Disla; Animales antiguos (2017), de Rubén Lamarche; Nadia Lugo y sus libros La mirada limpia (2022), y El ruido invisible (2023), o a Gustavo Olivo Peña y su Un hombre discreto y otras historias (2022), el cual obtiene el Premio Nacional de Cuento José Ramón López 2022, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana.

También, la populosa diáspora dominicana, equivalente a casi la cuarta parte de la población residente en el país, tiene a varios autores y autoras cultivando el género. Destacamos a Junot Díaz, ganador del Pulitzer, 2008, con su novela homenaje al fandom especulativo The Brief Wondorous Life of Oscar Wao (2007), firma el relato «Monstro», iniciador del afrofuturismo dominicano, y parte del número de junio del 2012 de la revista The New Yorker, dedicado a la ciencia ficción. Por igual, registramos los nombres de Rey Andújar, Kianny Antigua, Elizabeth Acevedo, Brenda Peynado y Daniel Tejada, con diferentes incursiones a la ciencia ficción.
Y a estos títulos, debemos agregarles las antologías de ficción especulativa Futuros en el mismo trayecto del Sol (ed. Odilius Vlak, 2016) y De galipotes y robots. Primera selección narrativa de la Asociación Dominicana de Ficción Especulativa (ed. Yubany Checo, 2019). Ambas precedidas por el número 4 (enero–junio del 2015) de la revista Tiempo Oscuros, dedicado a la literatura especulativa (fantasía, CF y terror) de Puerto Rico y República Dominicana. También tenemos la de ciencia ficción Prietopunk. Antología de afrofuturismo caribeño (ed. Aníbal Hernández Medina, 2022), primera que reúne en el campo especulativo a autores y autoras de las tres Antillas hispanas. Le siguen, la especulativa Confederación eléctrica antillana. Antología de ciencia ficción caribeña (ed. Odilius Vlak, por la parte dominicana, 2023). Y, por último, la de fantaciencia taína Quislaona. A Dominican Fantasy Anthology (ed. Zaivy Luke–Alemán, 2023); publicación bilingüe que incluye tanto literatura como historietas, sustentada por Dominican Writers Association, colectivo literario de la diáspora dominicana en Estados Unidos, con la colaboración de Worldbuilding Magazine y Cultura Cómic RD…
1 Solo precedida, en la literatura colonial del Santo Domingo español, por las fábulas del criollo dominicano José Núñez de Cáceres (1772–1846); las cuales fueron recopiladas y publicadas por el investigador Emilio Rodríguez Demorizi (1904–1986), bajo el título de Fábulas dominicanas (1946).

