Por CÉSAR PéREZ
Es generalizada la queja sobre el proceso de degeneración que, en diversos ámbitos de la vida social, cultural, comunicacional y política de esta sociedad. Está muy difundido el lamento, aquí y fuera de aquí, de que la política se ha reducido al espectáculo. Por esa tendencia nuestra a exagerarlo todo, algunos precandidatos de los principales partidos, sin que estos se inmuten, están conduciendo ese espectáculo hacia escenarios del bullicio, la intrascendencia, los hipócritas abrazos y besuqueos en que discurren los ambientes de chercha. También, con declaraciones dentro y fuera de esos espacios con la intención de conectarse con la onda que difunde los elementos básicos del discurso de la internacional de derecha.
Las cherchas, nada espontáneas ni inocuas, en lugares públicos abiertos tradicionalmente puntos de encuentro de sectores medios, salpicados con algunos venidos de sectores populares se complementan y amplían en reuniones, comilonas, medios de comunicación, en diversos espacios cerrados… y embajadas. La finalidad es obvia: articular al máximo todos aquellos que de alguna manera están en sintonía con la onda reaccionaria y a potenciales miembros de esa corriente. No sólo aquí, sino en todo el mundo. Eso, naturalmente, en una tenebrosa cadena y puntos de mando en cuyo centro existe la perversa voluntad de imponer sus designios en los procesos electorales, sobre todo, sin importar medios. Para esos y otros propósitos la internacional reaccionaria reúne sus acólitos.
En esos encuentros, participan sólo cimarrones, unos más cerril que otros, pero todos cimarrones. Nadie que se precie de manso se suma a ese coro. Allí, y fuera, muchos precandidatos presidenciales y a cargos menores evidencian su doble moral: se presentan como ardientes nacionalistas, al tiempo de convertirse en promotores del discurso y designio de determinadas potencias extranjeras, sin importar cuánto esto afecte a su país y el destino del mundo. El centro de ese discurso son los temas migratorios, el ataque a las libertades y derechos individuales y colectivos, sobre todo de las mujeres y del migrante, el achicamiento del Estado mediante el recorte de recursos destinados a la oferta de servicios básicos, entre otros.
El avance de la derecha reaccionaria, montada en ese discurso, no se ha detenido del todo, pero todo apunta a que la férrea voluntad de una diversidad de actores y la extensión del extendido enfrentamiento a esa corriente política comienzan a operar como freno a su empuje. Esto se expresa en las luchas para exigir la reorientación del Estado en materia de la protección de las libertades y de conquistas sociales claves, la defensa del medio ambiente y de los recursos naturales, sobre todo aquellos básicos para el desarrollo de la tecnología moderna. Igualmente, por la colaboración entre los estados y contra el odio, la violencia y la confrontación. Es la realidad que se está imponiendo, y que la generalidad de nuestros precandidatos presidenciales y a otros puestos no acaban de ver.
En ese sentido, la irrupción de un vastísimo movimiento de resistencia de masas al desmonte de las políticas sociales del Estado que se expande por Europa y en cierta medida en los EE. UU., es signo de que la burbuja/espejismo de la ola reaccionaria comienza a ser no solo detenida, sino que, a la larga, podría ser derrotada. La épica remontada de Lula en Brasil, la inédita victoria electoral de la Lista Estudiantil integrada por notables, no por estudiantes, en Serbia y la movilización de la juventud, las mujeres, la academia y los latinos contra el trumpismo en estas elecciones de medio término en EE. UU., son claros signos de que la burbuja reaccionaria comienza a chocar con la realidad y a transitar el camino hacia su implosión.
Por consiguiente, el discurso y la práctica de los sectores de la derecha dominicana montada en la ola ultrareaccionaria y ultranacionalista están ante una inesperada realidad que podría ponerlos fuera de juego más temprano que tarde. Durante un tiempo relativamente largo, la juventud tendía hacia la derecha tradicional y ultra. Hoy ese sector, junto a los profesionales de recién graduación, las mujeres, los excluidos del mercado de la vivienda, etc., está girando hacia las expresiones políticas progresistas o no extremistas. Y es que el sedimento de las luchas políticas y sociales de los pueblos en el pasado no desaparece; está latente en lo más profundo de su inconsciente y la tendencia es a rebrotar con renovada fuerza en determinadas coyunturas. Como los árboles después de la poda.
Estamos ante el despunte de una nueva realidad política mundial, de la cual nadie puede sustraerse, que impone nuevas formas de pensar y hacer la política. Quienes mejor actúen en ese sentido, mayor será la posibilidad de éxito de sus proyectos y/o propuestas políticas coyunturales/electorales o a largo plazo. Los sectores progresistas que persistan en transitar el viejo camino de las divisiones, las rencillas, la aceptación de los caprichos del ego del jefe/tribu de turno, están condenados a la insignificancia política. Aquellos que no se reclaman de esa corriente, pero que no han asumido ni practicado el discurso de la ola de la derecha reaccionaria ni participan en cherchas de cimarrones, están obligados a tomar nota del nuevo tiempo que despunta.
Los sectores progresistas de todos los partidos también deberán tomar nota…

