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Cae apoyo a Cuba en la ONU

by Redacción

Abstenciones europeas y latinoamericanas marcan un giro diplomático, gobiernos “escudo de América” y fragmentos del Viejo Continente y Corea del Sur asumen diplomacia de emergencia ante Cuba bajo presión de Estados Unidos. El descenso en el número de países que apoyan la resolución anual para levantar el bloqueo evidencia el poder de coacción e intimidación con el que opera el actual esquema estadounidense, según denuncian gobiernos y organizaciones contrarias al embargo.

 

Por NELSON DEL POZO GUZMÁN
La Asamblea General de la ONU registró un quiebre histórico con 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones frente al embargo cubano. La cifra no es un dato aislado: supone el respaldo más bajo en tres décadas y confirma una caída sostenida desde el pico de 191 votos que la resolución alcanzó en 2015 y 2017. Solo un año antes, en 2025, el texto había sumado 165 apoyos, lo que significa que en doce meses se perdieron 35 votos favorables debido a una intensa ofensiva de cabildeo de la Casa Blanca. El resultado devuelve la votación a niveles no vistos desde 1995, cuando el respaldo fue de 117 países. Este desplome reduce el respaldo político al pueblo cubano en un momento humano crítico, denunciado por organizaciones y gobiernos contrarios al bloqueo como una crisis humanitaria grave que podría evidenciarse como genocidio inducido, acentuada por un colapso energético sistémico en la isla. La abstención operó como un recurso procedimental: los gobiernos deciden no votar a favor ni en contra, modificando el termómetro político global.

En el conteo formal de la organización multilateral, las abstenciones no se contabilizan como votos emitidos para calcular la mayoría requerida, es decir, la mayoría simple de los miembros presentes y votantes. Esa exclusión matemática permitió que la resolución se aprobara formalmente por un amplio margen del 88.4% de los votos válidos emitidos, aislando el voto en contra en el balance final, sin que el debate internacional abordara de fondo la resolución de la crisis humanitaria. En este complejo escenario, las 25 abstenciones registradas funcionaron como un nítido indicador del repliegue estratégico de la diplomacia internacional frente a las potencias dominantes, mientras que otras 21 delegaciones del pleno optaron directamente por la ausencia.

Para analistas citados por medios internacionales, la abstención casi nunca representa indiferencia, sino una postura política calculada para equilibrar relaciones bilaterales y evitar conflictos directos con la Casa Blanca. Votar a favor implica respaldar el derecho internacional o el libre comercio; el voto en contra supone alinearse abiertamente con el gobierno de Estados Unidos. Varios gobiernos optaron por esta salida de emergencia procedimental para proteger sus nexos comerciales y financieros con Washington, evitando pronunciarse sobre el recrudecimiento del bloqueo económico, energético y cultural.

Otros Estados utilizaron la abstención para manifestar un desacuerdo parcial y priorizar sus agendas particulares, sin atender los severos impactos sufridos por la población cubana. Potencias occidentales de la Unión Europea como Alemania e Italia, junto a Letonia, rompieron su tradición histórica de rechazo a las leyes extraterritoriales y se abstuvieron por primera vez en 34 años de votaciones consecutivas. En América Latina y el Caribe insular, naciones con profundos lazos comerciales con el norte como Chile, Honduras, Perú y la República Dominicana adoptaron idéntico criterio de cautela diplomática.

El bloque del “No” sumó 17 votos en contra, rompiendo la histórica soledad que solían compartir exclusivamente las delegaciones de Estados Unidos e Israel. Este frente estuvo integrado por el eje norteamericano-israelí, Marruecos, los Emiratos Árabes Unidos y Hungría, sumando un drástico reacomodo geopolítico en Europa Central y del Este con los votos negativos de Austria, Chequia, Eslovenia, Lituania y Ucrania, además de Bosnia y Herzegovina y Macedonia del Norte. En el hemisferio occidental, gobiernos latinoamericanos como Argentina, Colombia, Paraguay y Ecuador ejecutaron un giro radical al abandonar su postura tradicional de voto favorable a Cuba, mientras que Costa Rica lo hizo al pasar de la abstención directa al voto negativo. Este frente continental actuó como un “escudo diplomático de América”, alineado estrechamente con la posición de la Casa Blanca, convalidando las medidas coercitivas unilaterales en la región.

El mapa del continente europeo también fracturó su cohesión histórica ante la presión estadounidense. El bloque de la Unión Europea vio resquebrajada su habitual unanimidad debido a los votos en contra de socios comunitarios como Austria, la República Checa, Eslovenia y Lituania, un alineamiento con Washington que fue secundado en la región por Ucrania y naciones balcánicas como Bosnia y Herzegovina y Macedonia del Norte. Tradicionalmente, los países europeos votaban a favor de levantar el embargo debido a las severas penalizaciones extraterritoriales que la legislación estadounidense impone a sus corporaciones. Por su parte, Corea del Sur —otra pieza clave en el ajedrez global— transitó de su voto favorable habitual hacia la abstención, en un contexto de reforzamiento de su alianza militar y estratégica con Washington.

El tablero final de las Naciones Unidas expone con crudeza la fragilidad de los consensos multilaterales when las economías locales enfrentan las asimetrías y presiones financieras de una superpotencia mundial. El precedente más cercano de un cambio drástico ocurrió en 2016, cuando la administración de Barack Obama eligió una histórica abstención en el pleno. Hoy, el mapa geopolítico se reconfigura bajo las reglas de una rigurosa diplomacia de transacción que, según denuncian los críticos del embargo, deja en segundo plano las urgentes consecuencias sociales y humanitarias del bloqueo sobre la población.

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