(EIRNS).— “¡Realmente emocionante! Un terremoto político”: así se expresó ayer Helga Zepp-LaRouche, fundadora y dirigente del Instituto Schiller, al referirse a la “aplastante derrota” del canciller alemán Friedrich Merz en las elecciones regionales del 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt, en las que el partido Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán) obtuvo un 43,8% de los votos, muy por delante de cualquier otro partido.
Los votos del partido de Merz, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), se redujeron a la mitad desde las últimas elecciones, hasta situarse en el 17,2%. El SPD (socialdemócratas) cayó al 9,3%. Die Linke (La Izquierda) bajó al 8,6%. La BSW (Alianza Sarah Wagenknecht — Razón y Justicia) obtuvo un 5,3% (suficiente para entrar en el parlamento).
Así pues, no solo la Alemania de Merz, sino los “Tres Grandes” de Europa han sido repudiados junto con Merz, en referencia a Francia, liderada por el presidente de minoría Emmanuel Macron, y al Reino Unido, liderado por Andy Burnham, el último de una larga lista de primeros ministros. Estos líderes se han venido confabulando en la mentada “Coalición de los Dispuestos” para seguir financiando y abasteciendo a Ucrania como un peón contra Rusia, mientras socavan sus propias economías nacionales y a toda Europa con una desenfrenada campaña de rearme y otras políticas destructivas.
La AfD y el BSW tienen clara su postura política: poner fin al conflicto en Ucrania e iniciar relaciones diplomáticas y económicas con Rusia y otros países. Abogan por reanudar los gasoductos Nord Stream y otras medidas económicas básicas. En todo lo demás, sus programas varían enormemente en cuanto a principios y sensatez. Se puede calificar de “mezcla heterogénea”. Pero con una participación de más del 77% del electorado ayer, el mandato de las elecciones regionales alemanas del 6 de septiembre es claro.
Su voto apunta hacia un nuevo sistema de relaciones exteriores y económicas, siempre que haya una intervención política que ayude a elevar las perspectivas de la gente a un nivel superior de conocimiento y razón, para hacer realidad ese nuevo sistema. Este es el llamado a la acción dirigido a la gente de todo el mundo para que asuma esta misión.
O bien ponemos fin a la guerra y establecemos un nuevo sistema económico y de seguridad en el mundo, con el desarrollo como base para la paz, o nos encaminamos por la breve senda hacia la Tercera Guerra Mundial, lo que significa la aniquilación nuclear. El voto de Sajonia-Anhalt en contra de Merz es un reflejo de un cambio y una oportunidad para ello.
Las actuales zonas de conflicto son tierras de horror. En el caso de Gaza, la semana pasada dos ministros del gabinete del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, hicieron un llamado a la extinción de la población de Gaza mediante la “emigración voluntaria”, un eufemismo cortés para referirse al exterminio o a la expulsión de Gaza.
El 6 de septiembre, ocho naciones musulmanas emitieron una declaración conjunta, en nombre de sus ministros de Asuntos Exteriores, condenando esto: “Nosotros, los ministros, reafirmamos nuestro rechazo y condena inequívocos de cualquier intento o plan destinado a desplazar al pueblo palestino”.
En el Golfo Pérsico continúan los esporádicos intercambios de ataques entre Estados Unidos e Irán, desde que EU reanudó su ofensiva el 30 de agosto. Mientras tanto, Israel sigue atacando el Líbano y aterrorizando a Cisjordania. Los daños y el sufrimiento inmediatos son graves y el impacto económico internacional es terrible debido a una conmoción tras otra.
Pero el presidente Trump sigue con su “operación paria económico” contra Irán, decretando ante el mundo que todas las naciones deben romper todas las relaciones con Irán. Ignora que nadie le está prestando atención, salvo los Emiratos Árabes Unidos y, según él, la Unión Europea (UE).
El 4 de septiembre, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un nuevo objetivo de las sanciones de EE. UU.: el Golden Global Bank de Estambul, acusado de gestionar los pagos comerciales de China a Irán, realizados a través del banco turco. Bessent repitió la advertencia con tono admonitorio que dirigió al mundo la semana pasada en Carolina del Norte, contra las relaciones comerciales con Irán: “Sabemos quiénes son, ustedes saben quiénes son, los vamos a agarrar”.
El daño que Washington e Israel están causando al provocar una perturbación económica mundial se observa hora a hora en la propia economía estadounidense. Por ejemplo, el nuevo curso escolar acaba de comenzar, y los distritos locales de todo el país se ven abrumados al tener que hacer frente a un aumento del 45% en el precio del diésel para los autobuses escolares este mes en comparación con el año pasado, para los 490.000 autobuses escolares del país.
Los agricultores estadounidenses pagaron aproximadamente $1.500 millones de dólares más en diésel durante la temporada de siembra a principios de este año, y ahora pagarán al menos esa misma cantidad para la cosecha, además de los costos de cosecha que se registraron en la misma época del año pasado. Esto no puede seguir así.
Estamos profundamente agradecidos por las orientaciones para salir de este proceso de desastre épico proporcionadas por Lyndon LaRouche, economista, filósofo y estadista, cuyo cumpleaños se celebra este 8 de septiembre, hace 104 años. Él aportó la comprensión, el método, los programas y, como solía decir, la “diversión”, para luchar por el bien.
Hoy, en su cumpleaños, una discípula de LaRouche, Diane Sare, candidata a la presidencia de EE. UU., que hace campaña a favor de políticas de emergencia, será entrevistada en el programa de Jack Stockwell, con sede en Utah, el mismo en el que, hace 25 años, Lyndon LaRouche fue entrevistado en directo mientras se producían los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas, el Pentágono y Pensilvania.
El semanario EIR publicará esta semana la transcripción completa de aquella entrevista entre LaRouche y Stockwell, en la que se recogen las profundas reflexiones de LaRouche sobre a qué nos enfrentábamos entonces y a qué nos enfrentamos ahora.
Casualmente, diez días antes de aquella entrevista en 2001, Lyndon LaRouche pronunció un discurso con motivo del Día del Trabajo (“No hay nada que temer tanto como la negación misma”). Su mensaje, pronunciado al término de un análisis exhaustivo de la situación mundial, concluía con el siguiente llamado a la acción, igualmente conmovedor en el Día del Trabajo de los EE. UU. de hoy:
“Y, por lo tanto, llega un momento, como ahora, en el que a veces recae sobre nosotros la responsabilidad del liderazgo. Eso nos ocurre a todos, de una forma u otra, o a muchos de nosotros. Todo médico se enfrentará a eso, porque cada persona enferma es una persona diferente, con una enfermedad diferente, independientemente de cuál sea su diagnóstico. Y el médico tiene que asumir la responsabilidad de hacer frente a ese problema. Un gran profesor, al impartir clase a un grupo de alumnos, se enfrenta a lo mismo: salvar esas mentes jóvenes; la responsabilidad de salvarlas en estas circunstancias, hoy mismo. Es una responsabilidad enorme e impresionante.
“Para algunos de nosotros, la responsabilidad de esa misma naturaleza singular se presenta de una forma diferente, cada uno a su manera. Pero todos tenemos algo en común: cuando el destino te ha dado una vocación y tienes una misión, sobre todo cuando eres el único que puede desempeñar un papel central en el cumplimiento de esa misión, más vale que la aceptes y la lleves a cabo”.

