Por Carmen Veloz y Luis Carvajal,
Comisión Ambiental de la UASD
Un terremoto llega sin anunciar horario. En pocos segundos pone a prueba edificios, suelos, tuberías, puentes, hospitales, escuelas y la preparación de la gente. La sacudida puede comenzar de repente, pero la seguridad o la tragedia depende también de decisiones tomadas durante muchos años.
Un cálculo mal hecho, una construcción sin supervisión, una pared eliminada, una azotea sobrecargada o una escuela que nunca fue evaluada pueden convertir el movimiento del suelo en desastre. La prevención comienza antes: en el diseño, en la inspección, en el mantenimiento, en la educación y en la organización social.
El temblor dura segundos. La capacidad de proteger la vida se construye todos los días. El terremoto de Puerto Plata ocurrió a las 12:45 de la madrugada del 22 de septiembre de 2003. La fotografía de una escuela con el primer piso colapsado deja una pregunta incómoda: ¿qué habría ocurrido con las aulas ocupadas? La imagen no debe usarse para sembrar miedo. Debe ayudarnos a fijar una prioridad:escuelas, hospitales y demás edificaciones esenciales tienen que evaluarse y reforzarse antes del próximo sismo.

_Escuela La Reforma, Puerto Plata: colapso del primer piso tras el terremoto de 2003.
Una isla entre placas activas
La isla de Santo Domingo se encuentra en una zona de interacción entre las placas del Caribe y Norteamérica. En el territorio y sus alrededores actúan la Falla Septentrional, al norte; el sistema Enriquillo–Plantain Garden, al sur; y estructuras activas mar adentro capaces de producir terremotos y, en determinadas condiciones, tsunamis.
La historia conserva advertencias severas: los terremotos de 1562 dañaron Santiago y La Vega; el de 1842 afectó el norte de la isla; y en agosto de 1946 un gran sismo, de magnitud cercana a 8, generó un tsunami que alcanzó la costa nordeste. En 2010, el terremoto de Haití mostró nuevamente que una sacudida localizada en un lado de la isla puede convertirse en una tragedia humana y social de alcance regional.
El Atlas de Estadísticas Ambientales 2024 informa que el Centro Nacional de Sismología registró en 2023 unos 125 sismos de magnitud superior a 3.5 en territorio dominicano: un promedio aproximado de uno cada 72 horas. La mayoría no causa daños y muchos apenas se sienten. La actividad frecuente confirma que vivimos en una región sísmica; no permite anunciar el día del próximo gran terremoto.
Al 22 de julio de 2026, el informe de sismo sentido más reciente publicado por el CNS-UASD correspondía al evento de magnitud 4.5 registrado el 14 de julio al este-nordeste de Las Terrenas. Ese dato describe un hecho observado; un sismo sentido no anuncia por sí solo que otro mayor esté próximo.
Magnitud e intensidad no significan lo mismo
La magnitud estima la energía liberada por el terremoto y se expresa con un valor para el evento. La intensidad describe cómo se sintió y qué efectos produjo en cada lugar. Por eso un mismo terremoto puede causar daños muy distintos de un barrio a otro.
La distancia a la fuente importa, pero también el suelo. Los sedimentos blandos pueden amplificar la sacudida. Un relleno o suelo saturado puede perder resistencia mediante licuefacción. Una ladera puede deslizarse. Las fallas pueden afectar carreteras, puentes, tuberías y líneas de servicio. El mapa nacional orienta; el estudio geotécnico y estructural del lugar permite decidir.
Una edificación también guarda la historia de sus cambios
Dos construcciones vecinas pueden responder de manera diferente por su diseño, sus materiales, la calidad de la mano de obra, el mantenimiento y las intervenciones realizadas después. Una vivienda bien calculada puede debilitarse con cambios improvisados; una que nació con deficiencias puede quedar todavía más expuesta.
Entre las modificaciones que requieren evaluación aparecen los anexos, marquesinas, balcones, escaleras y pisos adicionales; la eliminación de paredes; la apertura o ampliación de puertas y ventanas; y cualquier corte en vigas, columnas, losas o dinteles para pasar tuberías, colocar equipos o cambiar la distribución interior. Antes de quitar, abrir, cargar o añadir, hay que saber qué función cumple esa parte del edificio.
Cambiar solamente el marco de una ventana no siempre afecta la estructura. El peligro aparece cuando se agranda el hueco o se corta el dintel, una columna, una viga o una pared que participa en la resistencia lateral. Como a simple vista no siempre puede saberse qué pared cumple esa función, la decisión debe ser revisada por un profesional competente.
Tinacos y azoteas: un peso que no debe improvisarse
Un tinaco de 1,000 litros contiene aproximadamente *una tonelada de agua*, sin contar el recipiente ni la base. Cuando varios tinacos se concentran en un punto, descansan sobre blocks sueltos o no están anclados, pueden aumentar las cargas, desplazarse durante la sacudida, romper tuberías o caer.
La azotea tampoco debe convertirse sin control en almacén de blocks, arena, varillas, muebles viejos, equipos, escombros o materiales de construcción. El peso adicional aumenta las fuerzas que la estructura debe resistir durante un terremoto. Los tinacos necesitan soportes calculados, distribución adecuada de la carga y anclajes; las azoteas necesitan orden, mantenimiento y revisión.
Esto no significa vaciar o mover un tinaco de manera improvisada. Si existen dudas, corresponde solicitar una revisión técnica que indique cómo corregir el problema sin crear otro riesgo.
En Puerto Plata también colapsó el primer piso de algunos edificios comerciales. Ese tipo de daño ayuda a explicar el llamado piso débil: una planta baja abierta, con pocas paredes o columnas insuficientes, que concentra la deformación. Cada caso requiere estudio; un ejemplo ilustra un problema, no sustituye el diagnóstico.
La responsabilidad comienza mucho antes del movimiento
La seguridad sísmica requiere responsabilidades diferenciadas. La preparación familiar y comunitaria resulta indispensable, pero la organización de la gente no sustituye el deber del Estado de regular, inspeccionar, informar y proteger.
- El Gobierno central, el MIVHED, ONESVIE y los ayuntamientos deben aplicar las normas, fiscalizar las obras y publicar prioridades de evaluación y reforzamiento. El nuevo Código de Construcción tiene una transición hasta el 10 de abril de 2027: cada proyecto debe usar íntegramente el régimen anterior o el nuevo, sin mezclar disposiciones.
- Educación, Salud y las entidades responsables de servicios esenciales deben inventariar escuelas, hospitales, acueductos, estaciones de bomberos, puentes y centros de gran concentración; evaluar primero los de mayor amenaza y vulnerabilidad; y garantizar continuidad de agua, energía y comunicaciones.
- Ingenieros, arquitectos, constructores y supervisores deben calcular, documentar, inspeccionar y negarse a ejecutar cambios que pongan vidas en peligro. La firma profesional implica responsabilidad ética, no un simple trámite.
- Propietarios, administraciones de condominios y comercios deben dar mantenimiento, evitar sobrecargas y solicitar evaluación antes de modificar paredes, huecos, techos, columnas, anexos o número de pisos.
- Familias, escuelas, centros de trabajo y organizaciones comunitarias deben aprender, practicar, identificar a quienes necesitarán ayuda y mantener comunicación con las autoridades.
Esta responsabilidad no puede descargarse sobre quienes viven donde pudieron y construyeron con los recursos que tenían. Las políticas públicas deben ofrecer suelo seguro, asistencia técnica, financiamiento para reforzar y, cuando el peligro no pueda reducirse, alternativas de reubicación dignas, cercanas y acordadas con las familias. Ninguna decisión externa debe empujar a una comunidad hacia terrenos o edificaciones más frágiles.
Educación continua: qué hacer antes, durante y después
Una charla aislada se olvida. La preparación debe repetirse en escuelas, barrios, centros de trabajo, iglesias, clubes y condominios. Los simulacros sirven cuando incluyen a niños, personas mayores, personas con discapacidad, enfermos y quienes no dominan la lectura. *Practicar convierte una recomendación en una reacción posible bajo presión.*
Antes: reducir lo que puede caer, fallar o confundir
- Reconocer los lugares más seguros de cada habitación y mantener libres las salidas.
- Fijar estantes, televisores, cilindros, calentadores y objetos pesados; revisar tinacos, bases, anclajes y cargas acumuladas en la azotea.
- No eliminar paredes, abrir huecos ni construir anexos o pisos adicionales sin evaluación profesional.
- Saber cómo cerrar gas, agua y electricidad; guardar linterna, radio, medicamentos, agua, copias de documentos y calzado resistente en un lugar accesible.
- Acordar un punto de encuentro y una forma de reunificar a la familia si falla la telefonía.
- En la costa, conocer y caminar la ruta hacia un lugar alto o tierra adentro; medir el tiempo real e identificar quién necesitará acompañamiento.
Durante: proteger la cabeza y evitar una salida peligrosa
Dentro de una edificación, la recomendación general es *agacharse, cubrirse y agarrarse*: bajar para no caer, proteger la cabeza y cuello bajo una mesa resistente si está cerca, y sujetarse hasta que termine el movimiento. Si no hay mesa, conviene colocarse junto a una pared interior, lejos de ventanas, y cubrir la cabeza y el cuello con los brazos.
- *No correr hacia escaleras, puertas o balcones mientras todo se mueve.* Los marcos de las puertas no ofrecen una protección especial en la mayoría de las construcciones actuales.
- No usar ascensores.
- Si se está afuera, alejarse de fachadas, muros, postes, cables y árboles. Si se conduce, detenerse en un lugar despejado, lejos de puentes y tendidos, y permanecer dentro del vehículo.
- En un espacio muy concurrido, no empujar hacia la salida; protegerse y seguir las indicaciones del personal responsable.
Si la costa da señales, caminar y alejarse sin esperar
No todo terremoto produce tsunami. Sin embargo, cerca del mar deben conocerse las señales naturales: *un movimiento fuerte o prolongado, un retiro o ascenso extraño del agua y un ruido inusual procedente de la costa*. Después de que termine la sacudida, quien perciba esas señales debe alejarse a pie hacia un lugar alto o tierra adentro siguiendo las rutas establecidas. Pueden llegar varias olas. No se debe ir a mirar ni regresar hasta recibir la indicación oficial.
Después: ayudar sin convertirse en otra víctima
- Esperar réplicas. Salir con calma por las escaleras cuando haya terminado el movimiento y no volver a una edificación dañada hasta que sea evaluada.
- Evitar cables caídos, fugas de gas, incendios, vidrios, muros inestables y agua posiblemente contaminada.
- Atender heridas y pedir ayuda. No mover a una persona gravemente lesionada salvo que permanezca en peligro inmediato.
- Comprobar la situación de vecinos que puedan necesitar apoyo; usar mensajes breves para no saturar las comunicaciones.
- Informar daños y necesidades por los canales acordados, evitar rumores y no entrar en estructuras inestables para rescatar objetos.
Organizarse también construye poder social
Una comunidad preparada conoce sus suelos, las edificaciones más frágiles, las rutas, los espacios abiertos y las personas que necesitarán apoyo. Sabe quién tiene formación en primeros auxilios, comunicaciones o logística; mantiene un listado actualizado y realiza simulacros que descubren fallas antes de la emergencia.
Esa organización debe coordinarse con el Centro de Operaciones de Emergencias, la Defensa Civil, los bomberos, los ayuntamientos, los centros de salud, las escuelas y las instituciones técnicas. La comunidad aporta memoria, vigilancia y solidaridad; las autoridades aportan recursos, información, regulación y respuesta especializada.
*Conocer el territorio, exigir construcciones seguras y saber qué hacer antes, durante y después de un terremoto aumentan la capacidad de la gente para proteger la vida y reclamar sus derechos. Esa capacidad organizada forma parte del poder social, del poder popular».
No controlamos el movimiento de las placas. Sí podemos controlar muchas de las decisiones que convierten una sacudida en tragedia: *dónde construimos, cómo construimos, qué modificamos, qué inspeccionamos, qué enseñamos y cómo nos organizamos*.

