(Instituto Schiler).-Los presidentes Donald Trump y Vladímir Putin finalmente tuvieron este 4 de junio, una conversación telefónica, tres largos días después de que el régimen de Kiev lanzara un ataque con drones sorprendentemente provocador contra cinco bases aéreas rusas simultáneamente, que albergan la flota de bombarderos estratégicos de ese país.
Es irrelevante si el 40% o solo el 10% de la capacidad nuclear aérea de Rusia quedó destruida en el ataque; lo cierto es que quienquiera que preparó, entrenó y dio luz verde a la operación con drones de Kiev estaba ansioso por desatar un conflicto estratégico nuclear entre las dos mayores superpotencias nucleares del mundo. Por ahora, fracasaron. Trump y Putin hablaron hoy por teléfono durante una hora y quince minutos. “Hemos hablado del ataque de Ucrania contra los aviones rusos estacionados”, publicó Trump en su cuenta de Truth Social a mediodía del 4 de junio; añadió que “fue una buena conversación, pero no una conversación que vaya a conducir a la paz inmediata. El Presidente Putin ha dicho, y con mucha firmeza, que tendrá que responder al reciente ataque contra los aeródromos”. Trump le dijo a Putin que los estadounidenses no habían sido informados por Kiev antes del ataque, según un resumen de la llamada proporcionado por el asesor del Kremlin, Yuri Ushakov. Pero si Trump no dio la orden —y hay muchas razones para creer que le dijo la verdad a Putin al respecto— entonces, ¿quién lo hizo? ¿Quién tiene el poder (usurpado) para lanzar un ataque contra las fuerzas de disuasión nuclear de la principal potencia nuclear del planeta sin informar al Presidente de Estados Unidos?
El mundo puede haber esquivado la bala de la guerra nuclear, por el momento. Pero el arma sigue cargada y sigue en manos de los círculos de inteligencia británicos y estadounidenses, que están decididos a abrir una brecha permanente entre Trump y Putin, y que están dispuestos a dar un golpe de Estado e incluso a asesinar a ambos jefes de Estado, así como a lanzar otra provocación nuclear. Los paralelismos con el ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001 contra Estados Unidos no han pasado desapercibidos para los analistas perspicaces. En medio de ese ataque, el Presidente Putin llamó al Presidente George W. Bush y le aseguró que Rusia no tenía nada que ver con el ataque y que estaba retirando sus propias fuerzas de disuasión nuclear para evitar cualquier malentendido. Luego Putin compareció en la televisión nacional para declarar: “En nombre de Rusia, quiero decir al pueblo estadounidense: estamos con ustedes”.
La fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, demandó hoy: “¿Cuántos pasos más hacia la guerra nuclear se necesitan para que despertemos y actuemos?”. Un paso cualitativo más y puede que no nos quede ninguna opción, advirtió.
Esta alarma, y la esperanzadora alternativa de una nueva arquitectura internacional de seguridad y desarrollo, es el mensaje unificado que todos los representantes y organizadores del Instituto Schiller y del movimiento LaRouche difundirán a través de entrevistas en los medios informativos y otras actividades en todo el planeta en los próximos días, incluyendo la difusión de la declaración “¡Alejémonos del umbral de la Tercera Guerra Mundial!”. Con ese fin, reuniremos todas las fuerzas por la paz y el desarrollo en todo el mundo en la próxima reunión de la Coalición Internacional por la Paz (CIP), que se llevará a cabo el viernes 6 de junio a las 11 de la mañana, hora del Este de Estados Unidos.

