26 de abril de 2026 (EIRNS) — Ya se ha causado mucho daño. No es que “se causará” si la guerra contra Irán se intensifica aún más, sino que ya se ha ocasionado, y continuará si los actuales dirigentes de Washington, Jerusalén y Londres siguen al mando.
Treinta y dos millones de personas han vuelto a caer en la pobreza. Se ha borrado entre el 0,5% y el 0,8% del PIB mundial. Las cadenas de suministro de fertilizantes se han interrumpido durante la temporada de siembra, y la inseguridad alimentaria alcanzará su punto álgido en cuestión de meses, con el riesgo de empeorar significativamente el año que viene. Irán ha perdido unos dieciocho meses de progreso en desarrollo humano en ocho semanas de guerra. “Lo que lleva décadas construir, se destruye en ocho semanas de guerra”, declaró esta semana a Reuters el administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Alexander De Croo.
El estrecho por el que transita una quinta parte del petróleo mundial está plagado de minas cuya remoción llevará hasta seis meses, según informó el Pentágono a los legisladores en una sesión informativa confidencial; y eso es después de que cesen los disparos, lo cual aún no ha ocurrido. El propio comisario de Energía de la Unión Europea, Dan Jørgensen, calificó la guerra de Irán como una crisis económica “probablemente tan grave como las crisis de 1973 y 2022 juntas”, que le cuesta a Europa 500 millones de euros al día y que afectará a los precios durante años.
Esto es lo que han construido los autoproclamados líderes del mundo occidental. Un Senado de Estados Unidos se ha rehusado en cinco veces consecutivas aprobar una Resolución de Facultades de Guerra para detener una guerra que nunca autorizó, mientras que la dirigencia demócrata del Senado organiza la votación semanalmente como un espectáculo, y no como un medio para recortar realmente el financiamiento de la guerra, algo que podría hacer en 24 horas si así lo decidiera. El Canciller de Alemania anuncia ante los banqueros reunidos de Alemania que la pensión legal ha llegado a su fin y que los bancos deben hacerse cargo. Una Casa Blanca de Trump que propone destrozar lo que queda del contrato social estadounidense (Medicare, Medicaid, el cuidado infantil, “todas estas pequeñas estafas”, en palabras del propio presidente) para que los recursos puedan concentrarse en la “protección militar”. Un senador que, en lugar de retroceder ante el desastre estratégico que supone el bloqueo estadounidense del Golfo Pérsico, propone globalizarlo.
Y frente a esto: la humanidad misma. En las mismas semanas en que se contabilizaban los estragos, el Memorial Sloan Kettering anunció que su vacuna personalizada de ARNm contra el cáncer de páncreas, una de las enfermedades más mortíferas conocidas por la medicina, mantuvo con vida a casi el 90% de los pacientes que respondieron al tratamiento entre cuatro y seis años después del mismo. La India alcanzó el estado crítico en un reactor reproductor rápido de 500 megavatios en Kalpakkam, fruto de dos décadas de ingeniería autóctona y puerta de entrada a un futuro energético alimentado por torio que se mide en siglos, no en ciclos electorales. Estos no son lujos de un mundo en paz. Son los frutos pacientes de la premisa de que la razón humana, aplicada de forma constante a largo plazo por gobiernos dispuestos a respaldarla, puede resolver problemas que antes parecían insolubles. Son la antípoda de una civilización en guerra consigo misma.
Esta es la elección. No se trata de elegir entre una política exterior y otra. Se trata de elegir entre una civilización que invierte en sacar a los seres humanos de la oscuridad y otra que, como ha dicho Helga Zepp-LaRouche, “vacila entre la esperanza y el infierno”. La Coalición Internacional por la Paz aboga por acciones que den lugar a la esperanza. Su tema de esta semana es “Intervenir ante la ‘pérdida de la razón’”. Sus ponentes —Helga Zepp-LaRouche; el sargento mayor jefe de comando Dennis Fritz (retirado, Fuerza Aérea de EU); la exdiputada mexicana María de los Ángeles Huerta; el exanalista de la CIA Larry Johnson; el ganadero Mike Callicrate; la candidata independiente a la presidencia de EU, Diane Sare y el organizador de la Organización LaRouche Tim Rush, informando desde Washington— son la antítesis viviente de la clase rentista para la que la guerra perpetua es un camino hacia el lucro y el dominio. La devastación es real. Pero no es demasiado tarde; la humanidad aún no está condenada a la bestialidad.

