Por LUIS HUMBERTO VARGAS
Investigador del Centro de Estudios Económicos y Sociales Padre José Luis Alemán (CEPA) – Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
El comercio exterior de bienes -en especial el de combustibles minerales- de República Dominicana con las demás naciones del planeta se caracteriza por el registro constante y creciente de saldos deficitarios netos (exportaciones menos importaciones), no obstante la formulación de estrategias y la propaganda masiva infructuosas de priorización de la demanda exportable en las actividades productivas y laborales nacionales.
El pasado año 2023, las transacciones internacionales dominicanas de combustibles fósiles declararon el astronómico balance negativo de US$5,372 millones, resultado de un raquítico importe exportado de apenas US$36 millones frente al colosal monto importado por US$5,408 millones.
Este desequilibrio comercial en rojo representó las altas cuotas porcentuales de 31.40% y 26.41% de los respectivos déficit netos, tanto de la totalidad de los intercambios de mercancías de la economía dominicana con las restantes economías
del mundo (-US$17,110 millones) como del particular régimen denominado nacional (-US$20,289 millones). En el régimen de zonas francas industriales de exportación se tabuló una cuenta superavitaria neta (US$2,970 millones) resultante del montante transado negativo del canje en hidrocarburos (-US$15 millones) y del positivo logrado en todos los otros rubros (US$2,985 millones).
Los tres países más importantes de los que RD contabiliza cifras deficitarias en transacciones de combustibles fósiles, conforme al criterio de mayor a menor valor absoluto y relativo con respecto al saldo en rojo total, son Estados Unidos (-US$4,015 millones o 23.47%), Colombia (-US$229 millones o 1,34%) e Italia (-US$124 millones o 0.72%); vale decir, un subconjunto deficitario de US$4,368 millones o 25.53 porciento.
En el caso de la comercialización deficitaria de todos los combustibles minerales por rubro de la economía dominicana con las demás economías nacionales del globo, en el mismo año de 2023, se destacan por lo menos los siguientes once: la gasolina premium con US$742 millones o 4.34% del desbalance general en rojo, los aceites crudos con US$590 millones o 3.45%, el gas natural con US$561 millones o 3.28%, el gasoil regular con US$446 millones, el carbón mineral con US$405 millones o 2.37%, el fuel oíl con US$380 millones o 2.22%, el gasoil óptimo con US$338 millones o 1.97%, el gas propano con US$335 millones o 1.96%, el avtur con US$304 millones o 1.78%, la gasolina regular con US$186 millones o 1.09% y el gas butano con US$81 millones; es decir, un subtotal deficitario igual a US$3,962 millones o 23.16% del total global.
En los últimos cinco años, desde 2019 hasta 2023, la balanza deficitaria de la economía de RD con los otros países del mundo sumó US$21,675 millones, equivalente al 31.63% del saldo mercantil domínico-mundial acumulado por US$68,585 millones, el cual se debió a computar valores importados por US$122,477 millones, muy superiores a los importes exportados por US$53,893 millones. En términos comparativos dichos valores significan gastar US$2.27 en compra de mercancías en el extranjero por cada US$1.00 de venta.
Esta tronera de las relaciones mercantiles dominicanas con otras economías nacionales del planeta revela claramente tanto la baja tasa de productividad y la reducida capacidad competitiva del régimen de producción mercantil y acumulación capitalista existente en nuestro país, así como la combinación inadecuada entre ejecución de estrategias y políticas monetarias, fiscales y comerciales -en gran medida de factura neoliberal- e implantación de formas de extracción y apropiación de excedentes -en gran proporción favorable a una minoritaria élite oligárquica- cuyos resultados no son otros que la precarización laboral, la pauperización popular y la desposesión nacional de espacios y recursos.
Este sobregasto en divisas, llevado a cabo generalmente por el sector privado, en relación con los ingresos percibidos, es una de las principales fuentes de desnacionalización de las actividades productivas y ocupaciones laborales a causa de la sustitución de bienes y empleos domésticos por similares foráneos; así como la contratación de préstamos en los mercados de capitales, sobre todo a cargo del sector público en provecho de un reducido grupo de empresas extranjeras transnacionales y grandes corporaciones agrarias, industriales, comerciales y bancarias criollas.
La opción de agriculturizar, industrializar y mejorar el nivel y calidad de las clases trabajadoras y capas populares urbanas y rurales, mediante una virtuosa intervención estatal plasmada en estrategias, planificaciones y reformas de las plantaciones agropecuarias, las plantas manufactureras y las empresas de servicios orientada preferentemente al mercado interno, no se toma seriamente
en cuenta; en razón del privilegio otorgado a narrativas ideológicas y prácticas de negocios, ya fracasadas en distintos momentos y diferentes lugares en el transcurso de anteriores decenios, bajo las sombrillas de diversos colores de supuesta superioridad del libre mercado en las relaciones comerciales interiores y exteriores y, en particular, en focalización exclusiva en la promoción de la exportación de bienes y demanda turística.
Desgraciadamente, los hechos y procesos no se diagnostican correctamente desde el punto de vista causal y mucho menos se evalúan críticamente de manera sistemática, a los fines de formular alternativas y recomendaciones de solución a corto, mediano y largo plazo sobre la base de datos fieles y argumentos válidos en un ambiente institucional, democrático y público.
Por ejemplo, la inseguridad energética nacional -manifestada en gran medida como significativa dependencia de suministros de petróleo y derivados, gas natural y en menor proporción del carbón mineral de un pequeño grupo de países, en especial Estados Unidos, y concentrada utilización en parques eléctricos y transportes terrestre, aéreo y marítimo- no es objeto de una prioritaria planificación estatal estratégica y una urgente agenda de debate institucional; sobre todo en la presente fase de acentuada discusión plurinacional en torno a la transición energético-ambiental, la preservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático.
¿Inflación importada?
La cacareada publicidad de que la inflación registrada en RD obedece sustancialmente a la inflación importada carece de datos y argumentos, toda vez que las altas cotas alcanzadas por el Índice de Precios al Consumo (IPC) se sustentan básicamente en las variaciones relativas de la inflación subyacente (descontando los bienes energéticos e insumos alimentarios) y en marchas superiores a las de la inflación general.
En adición, se oculta que la bajada tendencial de la mayoría de las cotizaciones internacionales de los combustibles fósiles y los productos e insumos básicos alimentarios, según la AIE y la FAO, han tenido el esperado impacto en la suba de precios que destroza la capacidad consuntiva de los ingresos laborales reales de la inmensa mayoría de las familias de la población en 2023 respecto a 2022.
La presión alcista de las cotizaciones del crudo, anunciada para el año en curso de 2024, ha sido contenida por una serie de factores, tales como, en primer lugar, el ajuste entre oferta y demanda ya previsto este primer trimestre de enero a marzo; a raíz de que la pujante demanda de crecimiento de 553 mil barriles por día (mb/d) de China y 329 (mb/d) por día de India ya se sobrepasó con creces por medio de la caída conjunta de la oferta de casi 1,540 (mb/d) de Estados Unidos y Unión Europea.
En segundo lugar, cuantiosos desplazamientos de fondos de capitales de determinados ramos -como el inmobiliario- a inversiones en transición energética, energía limpia y redes eléctricas, dentro del marco de referencia de inversiones necesarias por cerca de US$4.55 billones en los próximos 27 años hasta 2050, tiempo de arribo del supuesto logro “escenario neto cero de emisiones”.
Y, en tercer lugar, la dinámica expansiva de la cantidad producida de algunos miembros de la OPEP y productores independientes de esta entidad, como Brasil, Guyana, Canadá y Noruega, provoca una escalada de excedentes de volúmenes de petróleo y gas natural y, en consecuencia, una presión bajista de las cotizaciones internacionales. Pero al mismo tiempo, la OPEP no cesa periódicamente de podar su capacidad y producción de crudo, forma de empujar la subida de los precios petroleros. En la actualidad, esta organización cuenta con una capacidad excedente de 5.5 millones de barriles por día y, más aún, acaba de anunciar hace días de un pronto recorte del volumen de producción; repartido entre un millón de barriles a cargo de Arabia Saudí y 600,000 barriles bajo la responsabilidad de otros países productores.
Sin embargo, los conflictos bélicos de Rusia contra Ucrania e Israel contra Palestina, Cisjordania y Líbano, además de la profundización de enfrentamientos armados y/o multiplicación de muertos y refugiados en Libia, Siria y Yemén; y la agravación de luchas entre fuerzas militares, crisis políticas y sociales e imparables golpes de Estado en zonas como Sahel de África, todos estos sucesos envuelven al mundo en un campo de guerra, donde destacadas potencias imperiales tratan de conquistar o mantener su dominio de territorios, mares y mercados de bienes, capitales e influencias preponderantes.
De hecho, los vigentes bloqueos de corredores marítimos y correspondientes tránsitos por canales comerciales están interrumpiendo las cadenas de suministro y valor de mercaderías entre regiones continentales y, más todavía, plasmando las estrategias de dominación mundial o regional de determinados imperios o países. Una muestra de esta aseveración se encuentra en el corredor del mar Rojo y consecuente bloqueo del pase por el canal de Suez. Este mar se convierte así cada día en un campo de batalla entre variados poderes imperialistas, regionales y estatales; cuyo impacto inmediato ha sido la disminución de buques portacontenedores de diversos productos y buques-cisterna de petróleo y gas natural.
Se reduce el comercio mundial
Se ha estimado que se ha producido una mengua significativa de alrededor del 12% del volumen del comercio mundial, incluyendo el 30% de los contenedores, y, por consiguiente, una consecuente monta de los costes de los combustibles, fletes, seguros, alquileres y retardos de embarcaciones pertenecientes a las macrotransnacionales de contenedores, tanto más recurren como alternativa de tránsito a la ruta por el canal de Buena Esperanza (Africa).
En los últimes dos meses de 2023 y en el lapso transcurrido de este año 2024, las milicias hutíes de Yemén, respaldadas por Irán, han atacado con misiles más de diez buques portacontenedores y barcos de guerra estadounidenses y de sus aliados por mes, bajo la excusa de apoyar a Hamás, en Gaza, en su lucha contra el Estado de Israel.
Ante estos ataques, la respuesta inmediata de parte de las autoridades estatales de Estados Unidos y Gran Bretaña ha consistido en bombardear posiciones hutíes en territorio yemenita y, en efecto, desatar una oleada nacionalista en contra de Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudí y países aliados. Hay que reconocer que todas estos conflictos armados y políticas se propagan a la región colindante con el mar Negro, toda vez que tambores de guerra suenan entre varias naciones africanas.
Etiopía y Somalilandia acaban de firmar un pacto en que la primera concede a la segunda el acceso al mar Rojo, pese a la oposición radical de Somalia. Asimismo, el reciente triunfo del teniente general Mohamet Dagato, comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) contra el general Abdel al-Burhan, jefe de las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), en Sudán, gracias al apoyo militar en armamentos modernos, fondos monetarios y promesa de asistencia financiera por más de US$6,000 millones de los Emiratos Árabes Unidos; a cambio del compromiso de que el nuevo gobierno de Dagato asegure al Estado emiratí el acceso a las 530 millas de costa sudanesa del mar Rojo y la implantación de un régimen antidemocrático.
La ratificación de este acuerdo se constata por la ayuda brindada de manera conjunta por los Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos, con respaldo de Egipto, Irán y Arabia Saudita, a sucesivas visitas del gobernante Dagalo a las capitales de Kenia, Uganda, Etiopía, Djibouti, Sudáfrica y Ruanda en procura de un reconocimiento oficial por parte de estas naciones.
Por último, el taponamiento y retardo observado actualmente de buques portacontenedores y petroleros en el canal de Panamá, por motivo de una severa sequía que obstaculiza el tráfico normal de cargas de bienes y combustibles es otra interrupción del comercio internacional que empina costos de transporte marítimo y precios de bienes de consumo, materias primas y equipos y máquinas al techo y, por consiguiente, contribuyen a que el proceso inflacionario mundial todavía no se resuelva de modo adecuado.
En resumidas cuentas, los déficit comerciales de mercancías y, en específico, de combustibles minerales registrados por RD con la economía mundial y, en concreto, con EU y, a la vez, las tormentosas interrupciones abruptas, por acciones militares o condiciones ambientales adversas, de los más importantes corredores marítimos mundiales desencadenan realzas incontenibles de costos de transporte y precios de bienes finales, intermedios y de capital, incluyendo los combustibles; y obligan ineludiblemente a que las autoridades gubernamentales y estatales dominicanas
ofrezcan respuestas factibles de búsqueda de solución inmediata y mediata conforme a los intereses nacionales y populares en el marco de la seguridad nacional, energética, alimentaria y territorial; en concertación con naciones vinculadas por amistad y/o cercanía.
Entre las medidas relevantes que el gobierno central puede someter a discusión pública, a través de informes y estudios, se cuentan las siguientes: rediseño de la estrategia del mercado exterior, incluyendo la revisión de tratados y convenios comerciales; reelaboración de la planificación de la necesaria implementación de transición energético-ambiental; redefinición institucional y orgánica de todas las dependencias estatales y normativas jurídicas relacionadas con el comercio, electricidad y combustibles; creación de una Superintendencia de Energía Eléctrica y Renovable, Combustibles Fósiles y Limpios, Ambiente y Clima; institucionalización de una central estatal de transacciones mercantiles internacionales de combustibles; establecimiento de una gestión nacional de data, documentación y difusión, basada en registros administrativos del comercio y la energía en coordinación con la ONE; formación tanto de un Instituto Dominicano de Investigaciones sobre el Mercado Interno y Externo (IDIMIE) como el Instituto Dominicano de Investigaciones sobre Energía, Combustibles, Ambiente y Clima (IDIEAC), articulado a una red de centros académicos universitarios dedicados al estudio de tales tópicos

