Por el MAG. MIGUEL ANTONIO ENCARNACIÓN DE LA ROSA
Juez de Primera Instancia del Distrito Judicial de Pedernales
Las razones por las que nuestra convocatoria a paro es una actuación atinada, responde al principio de acierto, de hacer lo correcto y adecuado para solucionar el problema, esto nos llama a Denunciar la desigualdad territorial y el despilfarro: Es muy acertado y correcto visibilizar que la inversión pública se concentra excesivamente en la ciudad capital y en la alta burocracia, mientras que en la frontera y provincias olvidadas los tribunales son verdaderas instalaciones precarias, viejas e inservibles. Señalar que se derrocha millones en la «fachada» (edificios imponentes en la Provincia Santo Domingo) y se olvida el «interior» del país, es atinado porque busca reorientar los recursos a donde realmente se administra justicia día a día, cerca de la gente, y no solo para dar imagen pública. Lo correcto es que el presupuesto llegue parejo en proporción a las necesidades a todos los rincones de la Patria. Como el pueblo de Fuenteovejuna que reclamaba trato igualitario, nosotros también reclamamos justicia distributiva y lo reclamamos como en Fuenteovejuna: ¡Todos a una!
2. Proteger la salud física, mental y emocional del servidor: Es totalmente acertado denunciar que el sistema actual de productividad y exigencias desmedidas está enfermando al recurso humano. Obligar a cumplir metas inalcanzables, obligar a trabajar en horario extendido en casa, privar del sueño, del descanso y de la convivencia familiar, genera un desgaste físico y emocional severo que al final repercute inevitablemente en la calidad de las sentencias y decisiones. Defender al juez y al servidor, reclamar condiciones humanas, es defender que la justicia se haga con la mente clara y el espíritu sano, no bajo una presión agobiante que no respeta al ser humano. Y ante el agravio a nuestra integridad, nos defendemos diciendo: ¡Todos a una!
Se hace preciso corregir el error de medir lo inmedible y penalizar lo legal: Es muy atinado reclamar mediante nuestro paro el cambio urgente de esos indicadores de gestión. La justicia no es una fábrica industrial donde se producen objetos por cantidad; la justicia maneja vidas, bienes, libertad y derechos fundamentales. Medir la eficiencia solo por la cantidad de casos despachados, ignorando la complejidad de los asuntos, los tiempos procesales obligatorios y la naturaleza de las materias, es un grave error de gestión. Lo correcto es evaluar con criterios jurídicos reales, no con metas estadísticas impuestas desde escritorios alejados de la realidad. Es atinado y acertado, también, exigir que se elimine esa penalización absurda por procesos que duran más de seis meses, porque eso equivale a exigirle al juez que viole la ley para complacer una cifra. Corregir este desatino es acierto seguro, y lo pedimos unidos: ¡Todos a una!
Seremos enfáticos en que se debe reivindicar el talento interno que existe en nuestro Poder Judicial y corregir la formación: Es una medida muy acertada exigir un cambio radical en la política de ingreso de la Escuela Nacional de la Judicatura. Lo inteligente, lo justo y lo correcto es reconocer la experiencia, la antigüedad y la probidad del personal interno. Aquellos servidores que ya han demostrado su vocación, que son abogados y conocen la institución, deben ser formados y capacitados jurisdiccionalmente para ascender a jueces, no excluidos por requisitos innecesarios. Esta es la forma más segura, rápida y económica de llenar las vacantes que hoy existen y mejorar el servicio. Asimismo, es atinado exigir que cada juez se quede en su jurisdicción, que no sea un nómada recorriendo distancias inmensas, y que se cubran todas las plazas existentes para dar estabilidad. Reivindicar nuestro valor es nuestra consigna: ¡Todos a una!
Una última razón atinada, enunciativa no limitativa, es exigir autonomía y seguridad tecnológica, energética y de servicios: Es atinado y necesario reclamar que se dote a todos los tribunales de autonomía energética con plantas e inversores, para que la justicia no se paralice ante cada apagón. Es igualmente correcto exigir claridad absoluta sobre quién administra las plataformas digitales, quién responde por ellas y garantizar que funcionen, pues no se puede imponer la virtualidad si no hay garantía de servicio. Y, sobre todo, es una medida de gran acierto reclamar servicios básicos: baños dignos, agua potable e instalaciones higiénicas, porque esto no es un reclamo para los servidores judiciales solamente, es una defensa directa de los derechos del usuario, ese ciudadano que acude a las sedes judiciales en busca de justica en todo el sentido de la palabra, sobre todo una justicia con dignidad, pero que sea real, no la que se presenta en medios publicitarios. Hablar de dignidad es poco serio si el usuario no tiene dónde ir al baño. Exigir lo básico es nuestra verdad: ¡Todos a una!

