Home Economía Una guerra prolongada puede causar un colapso de la economía 

Una guerra prolongada puede causar un colapso de la economía 

by Redacción
(Instituto Schiller).- Han pasado ya dos meses y medio desde el cierre del estrecho de Ormuz el 28 de febrero, un resultado previsible —algunos dirían que intencionado— de la guerra de agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán. Si esta guerra continúa durante unos meses más, es probable que la economía mundial entre en una espiral de colapso que conduzca a una depresión global a gran escala, con un aumento vertiginoso de la pobreza, del hambre, del colapso industrial y el desplazamiento de la población y de la migración forzosa, así como a un estallido hiperinflacionario garantizado de toda la burbuja financiera mundial de $2.400 billones de dólares.

Eso hará que la Gran Depresión de la década de 1930 palidezca en comparación. El paralelo más cercano será con la Nueva Era de Tinieblas del siglo 14, con su notoria Peste Negra que acabó con hasta la mitad de la población de Europa.

Esto se debe al trastorno generalizado de los medios físicos de supervivencia de miles de millones de personas, que ya está en marcha, desencadenado por el cierre del estrecho de Ormuz, por donde antes transitaban el 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y el 30% del suministro mundial de fertilizantes. Esto ya tiene efectos devastadores no lineales:

  • El subdirector ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, Carl Skau, informó que “se prevé que otros 45 millones de personas se vean empujadas a una situación de hambre aguda debido al aumento de los costos de los alimentos, el petróleo y el transporte marítimo, lo que situaría la cifra global por encima de su nivel récord actual de 319 millones… Esto llevaría los niveles de hambre en el mundo a un récord histórico y es una perspectiva terrible, terrible”, afirmó.
  • Muchas naciones empobrecidas del este de África dependen de las importaciones de fertilizantes en más del 85% de su consumo. Se estima que una reducción del 10% en la aplicación de fertilizantes provocará una disminución de hasta un 25% en la producción de arroz, maíz y trigo en la región, con consecuencias humanas devastadoras.
  • Los precios del diésel en Estados Unidos —que es un elemento vital en la actividad agrícola estadounidense— se han disparado más de un 50% desde que comenzó la guerra, con efectos en cadena en toda la economía.
  • La economía industrial alemana está en caída libre, como resultado del efecto combinado del sabotaje del gasoducto Nord Stream y ahora la escasez de gasolina, y especialmente de combustible para aviones, como consecuencia de la guerra contra Irán.

Hacemos hincapié en la economía física porque la actividad productiva del hombre es, en realidad, un proceso vivo, tal y como demostró científicamente el renombrado economista físico estadounidense Lyndon LaRouche. Si se destruye un área significativa de ese proceso, el conjunto tenderá a colapsar de forma no lineal. Esto es lo que algunos observadores denominan, de forma simplista, el efecto en la “cadena de suministro”.

El costo financiero real de la guerra también es pasmoso: probablemente superior a los $4 billones de dólares, según las estimaciones de EIR. El contralor en funciones del Pentágono declaró ante el Congreso el 29 de abril que la Operación Epic Fury había costado unos $25.000 millones de dólares; pero esta cifra solo cubría las municiones y operaciones estadounidenses hasta el día 60, excluyendo explícitamente los daños a las bases en el extranjero.
Si se añade esto, junto con los gastos militares israelíes, el total asciende a unos $200.000 millones de dólares. También hay alrededor de un billón de dólares en daños materiales en Irán y los Estados del Golfo. El informe de abril del FMI “Perspectivas económicas regionales”, estima además que hasta un 2% del PIB mundial también será barrido por la guerra, lo que implica una pérdida de producción mundial de entre $1,5 y $2 billones de dólares solo para 2026.

Así que, $4 billones de dólares es probablemente una estimación a la baja del costo monetario real de la guerra hasta la fecha.

¿Cuántos puestos de trabajo productivos se podrían crear si esos fondos se invirtieran en infraestructura, agricultura e industria? ¿Cuántos puentes, puertos y líneas férreas de alta velocidad se podrían construir? ¿Cuántas vidas se podrían salvar con una mayor inversión en hospitales, escuelas y medicamentos esenciales?

A más largo plazo: la guerra mata a cientos de miles de personas directamente y con las crisis alimentarias y energéticas en cadena; empuja a cientos de millones al hambre en los próximos dos o tres años; y con la destrucción del capital productivo y el desvío de $4 billones de dólares del desarrollo hacia la destrucción y la reconstrucción de lo que había, podría reducir la población potencial del planeta a mediados de siglo en algo así como entre 500 y 1000 millones de personas. Las víctimas más importantes de la guerra pueden ser personas que, de no haberse iniciado, habrían nacido en una economía global más productiva y no nacieron.

Todo esto es claramente innecesario, pero ¿se trata también de una política intencionada de despoblación maltusiana que está aplicando la casta financiera dominante internacional con sede en la City de Londres y Wall Street? A mediados de la década de 1970, el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York (CFR) —hasta la fecha el principal centro de planificación de política exterior de la casta política dominante estadounidense y organización hermana del Real Instituto de Asuntos Internacionales de Gran Bretaña (RIIA-Chatham House)— publicó un voluminoso estudio, Project 1980s (Proyecto de los ochentas), que planteaba explícitamente la “desintegración controlada” de la economía mundial como medio para mantener su control político en declive.
En noviembre de 1978, el entonces presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, pronunció un discurso en Inglaterra en el que afirmó que “una desintegración controlada de la economía mundial es un objetivo legítimo para la década de los 80”; luego, Volcker procedió a elevar las tasas de interés estadounidenses hasta el nivel letal del 21,5% en diciembre de 1980.

El verdadero costo económico de la guerra contra Irán, y las políticas alternativas para construir una nueva arquitectura de seguridad y desarrollo para el mundo, será el tema central que explorarán expertos altamente calificados en la Mesa Redonda de Emergencia de EIR el 15 de mayo.

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