(iNSTITUTO SCHILLER).– Los estadounidenses con conciencia pueden estar buscando una frase o incluso una palabra que capte el repulsivo espectáculo de esta semana en el que el rey Carlos y la reina Camilla fueron agasajados con banquetes y tratados casi como los padres fundadores de Estados Unidos por el Presidente de Estados Unidos, en una sesión conjunta del Congreso y por casi la totalidad de los aduladores medios noticiosos corporativos.
La fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, lo calificó de burla. En su videoconferencia semanal por internet del 29 de abril, Zepp-LaRouche declaró sobre la visita del rey: “Creo que fue una burla. Y, obviamente, corresponde a los patriotas estadounidenses remediar este desastre”, como los patriotas que representan las candidaturas independientes de Diane Sare y José Vega. Zepp-LaRouche explicó: “Fue un espectáculo asombroso. Creo que hay varios aspectos que cabe destacar. El más obvio es que fue un intento descarado de borrar por completo el recuerdo de lo que significó la Revolución Americana, que fue, al fin y al cabo, una guerra de independencia contra el Imperio Británico.
“Y lo que ocurrió, o lo que se intentó hacer con estos dos discursos, el discurso del rey Carlos en el Congreso y el discurso anterior del Presidente Trump, lo que básicamente intentaron ambos fue borrar cualquier recuerdo de lo que significó la Revolución Americana. Y sustituirlo por completo por lo que Trump, lamentablemente, denominó la ‘revolución anglo-americana’. Como si se tratara de una sola cosa, como si pudiera haber sido una empresa conjunta, cuando una estaba claramente dirigida contra la otra”.
Afortunadamente, dos cosas rompieron el entorno controlado diseñado para lavarle el cerebro a los estadounidenses y hacerles aceptar la tan cacareada “relación especial” con Gran Bretaña como eje central de la política estadounidense; ¡y eso en el 250º aniversario de la Declaración de Independencia! Una: miembros de La Organización LaRouche (TLO, por sus siglas en inglés) se movilizaron en masa, primero en Washington, DC, y luego en la ciudad de Nueva York, para dar al rey visitante una bienvenida como es debido: para atravesar la repugnante pompa y circunstancia y recordar a los estadounidenses la verdadera y sangrienta historia del imperio británico, desde la India, pasando por África, hasta las Américas.
Los organizadores de TLO también se aseguraron de que los ciudadanos no olvidaran por qué se luchó y se ganó una guerra contra ese imperio y, lo que es más importante, de que nunca olvidaran los principios fundamentales sobre la naturaleza del hombre que están en juego. Como recordó Zepp-LaRouche en su videoconferencia semanal:
“La Revolución Americana fue la primera guerra anticolonial de la historia. Y la Revolución Americana estableció la joven república, definida por principios que Benjamin Franklin y los demás Padres Fundadores habían tomado básicamente de republicanos europeos, como Gottfried Wilhelm Leibniz. Y fue el intento de establecer una república que sólo tiene legitimidad con el consentimiento de los gobernados. Y tiene una constitución dedicada al bien común del pueblo, no solo del presente, sino también de las generaciones futuras. Estableció el Sistema Americano de economía política”
Todo esto convirtió al Estados Unidos revolucionario en el enemigo más mortal del imperio británico, entonces y ahora.
Lo otro que pinchó la burbuja de irrealidad que rodeaba la visita del rey fue una llamada telefónica muy oportuna que hizo el Presidente de Rusia Vladimir Putin al Presidente Donald Trump el miércoles 29 de abril, justo en medio de la gira triunfal del rey por Estados Unidos. La llamada “amistosa, franca y pragmática” de Putin duró una hora y media, y en ella Putin hizo propuestas específicas a Trump sobre medidas concretas para ayudar a resolver tanto la guerra de Irán como la de Ucrania. Fue una dosis de realidad por parte de un estadista que sigue buscando la manera de sacar al Presidente Trump —y a Estados Unidos— del precipicio, y evitar que salte al vacío agarrado de la mano del rey Carlos.
Como explicó Putin en su discurso de bienvenida al segundo Foro Internacional de Diálogo Abierto en Moscú el 28 de abril, el mundo ha entrado en “una era de profundos cambios estructurales”, en la que los Estados occidentales “están perdiendo su liderazgo y están siendo sustituidos por nuevos centros de crecimiento, como los países del Sur Global”. Señaló que, nos guste o no, “se está configurando una arquitectura más compleja y multipolar del desarrollo internacional”, y que “el modelo de desarrollo global solo puede ser estable y justo cuando se basa en los principios de igualdad y respeto mutuo, y que tome en cuenta los intereses de todos los países”.
Para tener un mapa de ruta conceptual de manera de saber cómo llegamos «de aquí hasta allá», invitamos a los lectores a que lean y estudien el informe a profundidad de la EIR del 28 de octubre de 1994, titulado, “The Coming Fall of the House of Windsor” (en inglés); «La caída venidera de la Casa de Windsor» (en español). El prólogo de dicho informe, redactado por Lyndon LaRouche, constituye una acusación mordaz contra el enemigo común de la humanidad.

