Esta es la realidad que la élite anglo-estadounidense se niega a comprender al evaluar el daño que su guerra contra Irán ha causado ya al tejido del mundo. El fertilizante que no se ha aplicado esta primavera no puede aplicarse retroactivamente; los cultivos que no se han plantado esta temporada no pueden cosecharse retroactivamente; la pérdida de Irán de dieciocho meses de progreso en desarrollo humano, en ocho semanas de guerra, no es un hecho acabado, sino que es un déficit que se agrava. Los 32 millones de personas que han caído en la pobreza a raíz de la guerra de Irán; la estimación del Pentágono de que podría llevar seis meses desminar el estrecho de Ormuz tras el cese de los combates; todo esto describe un daño que sigue desenvolviéndose a partir de causas ya puestas en marcha.
«Solo les digo que debemos plantear este debate sobre la nueva arquitectura internacional de seguridad y desarrollo; y superar la geopolítica es un elemento extremadamente importante de ello, porque si no empezamos por pensar en la Humanidad Una primero, quizá no vivamos juntos, sino que muramos juntos. Por eso es una cuestión existencial que llevemos a cabo este cambio de paradigma en nuestra propia mente y pensemos primero en la Humanidad Una antes de definir cualquier otro interés nacional o de otro tipo».
«Muchas gracias por la participación de todos, y movamos a tanta gente como podamos con el video de la reunión de la Coalición Internacional por la Paz 151«.
La elección no es entre la guerra y la paz en un sentido abstracto. Es entre dos físicas diferentes de la civilización. Una reconoce que lo que tenemos se construye en cada momento mediante la contribución creativa y se desintegrará sin ella; la otra trata la herencia de siglos como un fondo del que se puede sacar indefinidamente, como si el trabajo de mantenerlo hubiera terminado hace mucho tiempo. La primera física es la que Leibniz describió y LaRouche desarrolló para la economía. La segunda es la física de todo imperio en decadencia. Una vez que hayamos apagado los incendios, ¿qué cultivaremos?


