(Instituto Schiller).- En torno al empeoramiento de la situación en el sudoeste asiático, se están conjugando una multitud de factores, con graves consecuencias para todo el mundo. Las hostilidades continúan, a pesar de las repetidas afirmaciones del Presidente Donald Trump de que la guerra “casi ha terminado” y que Irán está al borde del colapso. Ninguna de las dos cosas parece ser cierta, ya que Irán no parece tener planes de rendirse y, al mismo tiempo, demuestra que tiene los medios para seguir luchando durante mucho tiempo. Sin embargo, lo que se ha derrumbado definitivamente es la ilusión predominante dentro del gobierno de Trump de que esta operación sería rápida, indolora y abrumadoramente exitosa.
La realidad es todo lo contrario. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha tenido un efecto dominó en todo el mundo y amenaza con convertirse en la gota que colme el vaso del ya quebrado sistema financiero occidental. El director ejecutivo de la empresa petrolera saudita Saudi Aramco, Amin Nasser, advirtió que el cierre tendrá “consecuencias catastróficas para los mercados petroleros” y que “es, con mucho, la mayor crisis a la que se ha enfrentado la industria del petróleo y el gas de la región”. Los precios del combustible y los fertilizantes se han disparado y hay todo un revuelo para tratar de mantener los mercados bajo control. El 11 de marzo, la Agencia Internacional de la Energía y sus 32 Estados miembros anunciaron la decisión de liberar en el mercado 400 millones de barriles de petróleo de la reserva para compensar el cierre, la mayor liberación en los 50 años de historia de la organización, en más del doble.
Muchos otros países se están viendo ahora envueltos en el conflicto, ya que Francia, el Reino Unido, Grecia, Italia, Australia y Pakistán han anunciado diversos planes para comenzar a desplegar sus fuerzas militares en la región.
A medida que esta realidad se va imponiendo, cabría esperar que prevalezca la cordura y que el gobierno de Trump busque una salida, una forma de evitar que la situación siga saliendo de control. Pero ahí no se trata de gente normal ni de un grupo de gente racional, como lo ha demostrado el propio Presidente, quien publicó recientemente dos videos de dirigentes dizque religiosos que profetizan que él fue enviado por Dios para salvar al mundo. Desafortunadamente, como ha quedado patente, hay un fanatismo pseudoreligioso que domina a este gobierno, además del conocido fanatismo que impera en Israel.
Esto lo personifica el secretario de “Guerra” Pete Hegseth, que se tomó un descanso de sus aventuras extramatrimoniales y sus hábitos alcohólicos para predicar sobre por qué su religión fomenta “la muerte y la destrucción desde el cielo” sobre las ciudades iraníes. El exembajador británico Craig Murray planteó la aterradora pregunta de si personas como Trump, Hegseth y Rubio harán a Irán lo que Israel hizo a Gaza, si no consiguen lo que quieren. Los funcionarios del gobierno estadounidenses están mostrando una “sed de matar y se regodean en la impunidad”, observó Murray, quien compara su regocijo por matar con el mostrado por los israelíes Ben Gvir y Smotrich, que aplauden la matanza de palestinos.
Helga Zepp-LaRouche se refirió a esta situación en su videoconferencia semanal del 11 de marzo; señaló que varios factores se están conjugando para crear un peligro extremo de otra guerra mundial. “Es evidente que nos encontramos en una nueva fase de la historia, en la que se declara oficialmente que el derecho internacional ya no existe”, señaló. Esto es aún más perjudicial porque la guerra se ha vuelto a iniciar bajo la cobertura de negociaciones diplomáticas, con lo cual “la diplomacia queda fuera de juego”, afirmó. “¿Quién puede confiar en alguien?”. A esto se suma el creciente dominio de un factor religioso en los asuntos militares de Estados Unidos. Este tipo de perspectiva apocalíptica “debería asustar a todo el mundo, porque si existe tal elemento de irracionalidad, las cosas pueden salir mal en cualquier momento”, añadió Zepp-LaRouche.
Luego está la creciente desesperación por “ganar la guerra”, incluso si ello requiere medidas extraordinarias, como escribió el asesor principal del Atlantic Council, Harlan Ullman, en un artículo publicado el 10 de marzo en The Hill. “Solo una vez en la historia los bombardeos estratégicos han obligado a la rendición”, escribe Ullman, y fue el bombardeo de Truman sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. Si Trump quiere obligar a Irán a rendirse, continúa Ullman, tiene que utilizar “pura conmoción y pavor». Y solo las armas nucleares pueden producir eso”.
Zepp-LaRouche dijo al respecto: “¡Eso podría tener consecuencias para una espiral de escalada en muy poco tiempo! Desde hace muchas décadas, todos los que discutíamos la situación en Oriente Medio siempre hablábamos de la posibilidad de que un ataque contra Irán se convirtiera en una guerra mundial, una guerra nuclear que acabaría con toda la civilización… El peligro de que resulte en la extinción de la humanidad nunca ha sido tan grande como ahora”.
Por lo tanto, la gente debe actuar e intervenir en esta situación con la determinación de detener lo impensable antes de que sea demasiado tarde. Zepp-LaRouche destacó la nueva iniciativa de la Coalición Internacional por la Paz, una carta abierta al Papa León XIV, en la que se hace un llamado a “las Iglesias de Occidente y de Oriente” a que se unan en una campaña por la paz mundial, “para salvar a la humanidad de su tragedia final”. Lee, respalda y difunde la carta abierta aquí.

