16 de febrero de 2026 (EIRNS).— El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Marco Rubio, dio un discurso culturalmente muy confundido en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero que, aunque se presentaba como una defensa de la civilización occidental, fue en realidad un llamado a la continuación del dominio del moribundo y decadente sistema del colonialismo europeo. Fue el continente europeo “el que produjo a genios como Mozart y Beethoven, Dante y Shakespeare, Miguel Ángel y Da Vinci, los Beatles y los Rolling Stones”, dijo Rubio. “Y este es el lugar donde las bóvedas de la Capilla Sixtina y las altísimas agujas de la gran catedral de Colonia dan testimonio no solo de la grandeza de nuestro pasado o de la fe en Dios que inspiró estas maravillas”.
Rubio se quejó de la desindustrialización de las economías transatlánticas sin mencionar ni una sola vez el cáncer de la especulación financiera, que no hace más que crecer bajo el mandato de Donald Trump.
El meollo del discurso de Rubio es la pesadilla de la ideología hobbesiana de que el “poder hace el derecho”. Dijo: “Por ejemplo, las Naciones Unidas siguen teniendo un enorme potencial para ser una herramienta para el bien en el mundo… Pero no podemos ignorar que hoy en día, en los asuntos más urgentes que se nos plantean, no tiene respuestas y prácticamente no ha desempeñado ningún papel. No pudo resolver la guerra en Gaza. En cambio, fue el liderazgo estadounidense el que liberó a los cautivos de los bárbaros y logró una frágil tregua. No ha resuelto la guerra en Ucrania. Se necesitó el liderazgo estadounidense y la colaboración con muchos de los países aquí presentes hoy para sentar a las dos partes a la mesa en busca de una paz que aún es difícil de alcanzar”. Por razones obvias Rubio no mencionó para nada el sabotaje estadounidense al Consejo de Seguridad de la ONU en todos esos casos.
Además, la ONU “fue incapaz de frenar el programa nuclear de los clérigos chiítas radicales de Teherán. Para ello fueron necesarias 14 bombas lanzadas con precisión desde bombarderos estadounidenses B-2. Y fue incapaz de hacer frente a la amenaza para nuestra seguridad que supone un dictador narcoterrorista en Venezuela. En cambio, fueron necesarias las fuerzas especiales estadounidenses para llevar a este fugitivo ante la justicia”.
Luego salió a defender los 500 años de colonialismo. “Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se había expandido: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores salían de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo”, dijo, sin mencionar a los traficantes de esclavos, el comercio del opio, el vasto saqueo de riquezas y otros crímenes de los imperialistas.
“Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, se estaba contrayendo. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía detrás de una Cortina de Hierro y el resto parecía que pronto seguiría sus pasos. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por las revoluciones comunistas ateas y por los levantamientos anticolonialistas que transformarían al mundo y cubrirían de hoz y martillo rojos vastas extensiones del mapa en los años venideros”.
Lo que Estados Unidos quiere, en cambio, es una alianza “dispuesta a defender a nuestro pueblo, a salvaguardar nuestros intereses y a preservar la libertad de acción que nos permite forjar nuestro propio destino, no una alianza que exista para gestionar un estado del bienestar global y expiar los supuestos pecados de generaciones pasadas. Una alianza que no permita que su poder sea ejercido por otros, restringido o subordinado a sistemas que escapan a su control; una alianza que no dependa de otros para las necesidades críticas de su vida nacional; y una alianza que no mantenga la cortés pretensión de que nuestra forma de vida es solo una entre muchas y que pide permiso antes de actuar. Y, sobre todo, una alianza basada en el reconocimiento de que nosotros, Occidente, hemos heredado juntos algo que es único, distintivo e irremplazable, porque esto, al fin y al cabo, es la base misma del vínculo transatlántico”.

