Home EIRNS La economía Epstein y el peligro de una guerra termonuclear

La economía Epstein y el peligro de una guerra termonuclear

by Redacción

10 de febrero de 2026 (EIRNS).— “El apetito privado es la medida del bien y del mal… La felicidad es un avance continuo del deseo de un objeto a otro, en el que la consecución del primero es solo el camino hacia el segundo… Considero que la inclinación general de toda la humanidad es un deseo perpetuo y sin descanso, de poder tras poder, que solo cesa con la muerte”.

Lo anterior suena como el credo de Jeffrey Epstein, igualmente aplicable a los cientos y miles de miembros tan respetables de las élites transatlánticas que adornan los millones de páginas de los archivos de Epstein publicados recientemente. Pero la cita anterior está tomada del infame Leviatán de Thomas Hobbes, de 1651, uno de los ensayos fundacionales de la sociedad liberal moderna y su economía dedicada a la búsqueda sin trabas de la ganancia especulativa, la codicia y los placeres de la carne.
Epstein, como se ve, no era original.
Hoy en día, el sistema financiero occidental, con sus $2,400 billones de dólares en instrumentos financieros especulativos impagables, es la consecuencia previsible de una sociedad guiada por esa visión filosófica del hedonismo, que considera al hombre como un animal más que sobrevive alimentándose de los demás. Como resultado, tenemos una burbuja de criptomonedas que se disparó hasta alcanzar una capitalización bursátil global de $4,35 billones de dólares el pasado mes de octubre, después de que el Presidente Donald Trump anunciara que haría de Estados Unidos la criptocapital del mundo, y que desde entonces se ha desplomado hasta la mitad de esa cantidad, borrando más de $2 billones de dólares en “riqueza” del juego de Monopolio. Tenemos el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos devorado por los especuladores de los fondos de cobertura. Y tenemos una contramarea de flujos del “acarreo de fondos en reversa” que succiona los capitales “golondrinos” del Sur Global que regresan a las entidades financieras de Japón y Estados Unidos, amenazando con una nueva ola de bancarrotas.
La City de Londres y Wall Street están respondiendo a la doble amenaza existencial a la que se enfrentan —la de su propia quiebra, junto con la aparición de un enfoque económico alternativo centrado en el BRICS y la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China— con el mismo programa que adoptaron en la década de 1930: la economía schachtiana. Esta lógica, que lleva el nombre del director del banco central de Hitler impuesto por Londres, Hjalmar Schacht, es sencilla: aumentar enormemente el gasto en armamento y utilizar a las fuerzas armadas ampliadas para librar guerras y saquear naciones hasta los huesos, para tratar de apuntalar la burbuja especulativa. Este es el proceso que ya vemos en marcha en la Alemania de Merz y en el anuncio del presidente Trump de que planea aumentar el presupuesto militar de Estados Unidos de $1 billón a $1,5 billones de dólares al año.
Y ahora, con la desaparición del Nuevo START, se han abierto las compuertas a mayores gastos militares enormes en Estados Unidos en armas nucleares, el “Golden Dome” y demás, con el consiguiente peligro de una guerra termonuclear.
Volvamos a la economía de Epstein y comparemos esa visión de la insaciable sed de placer y de un placer cada vez más degradado, con la perspectiva de uno de los verdaderos padres fundadores tanto de Estados Unidos como del Sistema Americano de economía, el filósofo alemán Gottfried Leibniz. En su obra Felicidad, de 1694, Leibniz explicó su concepción de la felicidad y cómo se ordena la sociedad apropiadamente:
“La justicia es caridad o un hábito de amar conforme a la sabiduría. De este modo, cuando uno se inclina por la justicia, trata de procurar el bien para todos, en la medida de lo posible, razonablemente… Uno incluso promueve su propio bien al trabajar por el de los demás… Así, la sabiduría soberana ha regulado tan bien todas las cosas que nuestra obligación debe ser también nuestra felicidad, que toda virtud produce su propia recompensa y que todo delito se castiga a sí mismo, tarde o temprano”.
Como república fundada en el principio leibniziano de que “todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, ¿por qué no cooperar con una nación como China, cuyo Presidente aboga por una colaboración “beneficiosa para todos” con Estados Unidos y plantea que “el sistema financiero nunca debe desviarse de la economía real con fines especulativos”? ¿Por qué no trabajar con una nación como Rusia, cuyo Presidente este fin de semana encargó a los jóvenes científicos, en una ceremonia celebrada en el Kremlin, que continuaran con su “emocionante vocación: la búsqueda del progreso. Es en esta pasión, en esta incansable búsqueda de nuevos conocimientos, donde reside el potencial de los grandes descubrimientos… Ustedes buscan y encuentran soluciones y se concentran en una escala nacional y mundial”.

You may also like