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No tenemos nada que temer, salvo el autoengaño

by Redacción

1 de febrero de 2026 (EIRNS).- Podríamos recuperarnos con éxito de la actual depresión económica mundial, que cada vez es más profunda, pero solo si decidimos hacerlo ahora. Es de nuevo el dilema de Hamlet: ser o no ser. Aceptar la herencia mortal de la locura a la que se ha acostumbrado recientemente nuestra nación, o liberarnos de las cadenas mortales de la opinión predominante, para que podamos ascender a lo sublime y triunfar sobre el error fatal de nuestros tiempos recientes. —Lyndon LaRouche, “La economía: al final de una ilusión”EIR, 12 de enero de 2002.

Hace casi un cuarto de siglo, el economista y estadista más importante del mundo, Lyndon H. LaRouche, Jr., escribió las palabras anteriores como prefacio a un informe especial publicado por Executive Intelligence Review sobre la naturaleza del colapso que afectaba a Estados Unidos y lo que había que hacer al respecto. La publicación contenía un informe sustancial sobre las medidas adoptadas por el Presidente Franklin D. Roosevelt (FDR) quien utilizó las facultades de la Corporación Financiera de Reconstrucción para construir miles de hospitales, bibliotecas, escuelas, parques y grandes proyectos de infraestructura en todo Estados Unidos.

A los lectores no les sorprenderá saber que, durante la presidencia de FDR, las tasas de suicidio en Estados Unidos descendieron de un máximo de 22 por cada 100.000 habitantes en 1932 a 10 por cada 100.000 en 1944. Es poco probable que este aumento sustancial de la felicidad se debiera al bombardeo de Pearl Harbor en 1941 y a la entrada oficial de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, sino más bien a las medidas extraordinarias adoptadas por el Presidente para dar empleo a millones de personas en trabajos productivos, lo que les permitió mantener a sus familias y, lo que es quizás más importante, recuperar su autoestima como contribuyentes al bienestar general para ellos mismos y de sus descendientes.

Este enfoque se necesita urgentemente hoy en día.

Imaginemos el alivio e incluso el júbilo que se desataría si el presidente de los Estados Unidos anunciara que no solo ha decidido aceptar la oferta del presidente ruso Vladimir Putin de prorrogar el nuevo START por un año, sino que va a declarar una doctrina nuclear de «no ser el primero en usar» y está pidiendo a todas las naciones que poseen armas nucleares, incluida Israel, que hagan lo mismo.

Imaginen que el Presidente de Estados Unidos anunciara que ha consultado con Rusia, China y la India la posibilidad de aunar esfuerzos para establecer una base industrial en la Luna, no solo para la extracción de helio-3, sino como plataforma de lanzamiento para el primer aterrizaje tripulado en Marte, propulsado por cohetes de fusión, en 2050; y que reconocían que seguir rescatando la monstruosa burbuja de las deudas ficticias de apuestas de tahúr les impediría alcanzar este objetivo, por lo que decidieron declarar la bancarrota del antiguo sistema y establecer un nuevo sistema y un nuevo orden de relaciones entre las naciones, tal y como propuso Helga Zepp-LaRouche en sus Diez Principios.

Imaginen que los mandatarios del mundo creyeran que todos los niños del mundo tienen el potencial de contribuir a esta misión realizando descubrimientos científicos cruciales, y que este potencial debe protegerse, y por ende se pone fin a la guerra y a la pobreza en todas las naciones y se fomentan iniciativas culturales que desarrollen la mente y el carácter de cada ser humano.

Imaginen lo próspero que sería Estados Unidos con 1.000 millones de habitantes en un mundo con 25.000 millones de personas.

Si te cuesta imaginar estas cosas, o si no crees que llegar a Marte sea un objetivo que valga la pena para la especie humana, estás sufriendo un engaño.

La verdad es que lo que acabo de esbozar es mucho más razonable que tratar de mantener una burbuja de $2.400 billones de dólares en obligaciones de los derivados financieros, amenazar con “ataques preventivos” contra Irán o declarar el estado de ley marcial en Estados Unidos.

Poner en marcha un programa urgente para establecer una colonia tripulada en Marte es mucho más razonable que fabricar armas por valor de miles de millones de dólares y utilizarlas para matar personas que no han hecho daño a nadie; y viajar a Marte es sin duda mucho más racional que fabricar bombas nucleares suficientes para destruir nuestro pequeño planeta docenas de veces.

¿Por qué aceptamos como normal un comportamiento aberrante que conducirá a la destrucción de la humanidad y rechazamos como una locura las grandes cosas que nuestra especie podría hacer?

Puede dejar de pensar así ahora mismo, y si lo hace, sus nietos tendrán más posibilidades de sobrevivir.

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