Por Aida Reyes
En tiempos donde se habla de libertad y derechos, aún resuenan ecos de estructuras antiguas que niegan a las mujeres la posibilidad de elegir. Leandro Fernández de Moratín, con su versión de Escuela para maridos, se adelantó a su época al evidenciar —con humor y agudeza— las consecuencias del autoritarismo en las relaciones humanas.

Las tendencias neoclásicas de Moratín abogan por un retorno a las formas artísticas clásicas, pero no necesariamente a las costumbres del pasado. Los neoclásicos perseguían educar a la sociedad, no retornar las malas costumbres. Es decir, tomar del pasado lo valioso que podría servir para mejorar la sociedad actual, dejando atrás lo que no debía conservarse.
En ese sentido, ¿qué tienen en común los personajes de una comedia ilustrada y los de nuestra vida cotidiana? Tal vez, más de lo que estamos dispuestos a admitir. En las obras de Leandro Fernández de Moratín no solo se oculta la risa, sino también una crítica sutil y persistente a las convenciones sociales, a los matrimonios arreglados y a la hipocresía de una sociedad que prefiere la apariencia al juicio propio.
Moratín, que siempre había querido mostrar su aprecio por las obras de Molière, traduce en 1801 su obra L’École des maris, en español, Escuela para maridos. Esta obra de teatro, dividida en tres actos tanto en la versión original como en la traducción, utiliza aspectos propios de la comedia clásica -como la sátira y la ironía- para criticar los matrimonios arreglados y defender la libertad de elección de las féminas.
Aunque en el prólogo de la traducción Moratín especifica que fue necesario cambiar muchos detalles que habían estropeado las traducciones anteriores por querer apegarse a reproducciones literales, la obra de un artista traducido por otro no puede más que perfeccionarse y enriquecerse, especialmente si este es objeto de admiración. Por lo tanto, Moratín no se limita a ser un simple traductor de la obra de Molière, sino que, en su versión de La escuela de los maridos, se permite modificar aspectos del texto original para adaptarlos a su visión personal y a los ideales de la Ilustración. De este modo, la crítica social se profundiza y se acomoda a las circunstancias específicas de la España del siglo XVIII, donde los valores del neoclasicismo y las reformas sociales eran fundamentales.
Bien dice Baudelaire: «Era a la vez todos los artistas que había estudiado y todos los libros que había leído y, sin embargo, a pesar de esta facultad común en los comediantes, seguía siendo profundamente original» (La Fanfarlo, 1847). Aunque no se refería a Moratín, la descripción parece ajustarse a su perfil: un humorista y dramaturgo capaz de hacer suyas las palabras de otros y, a través de ellas, gestar una obra personal y renovadora. El dramaturgo, no solo en esta traducción, sino en sus demás producciones, recurre al humor para presentarnos situaciones sociales de la época asumidas como naturales, sin mayor cuestionamiento.
Además de estas traducciones, la obra de Moratin en general destaca por su originalidad, críticas sutiles —y no tanto— y ese toque de humor tan característico. Así que, podríamos decir que se puede hacer de una traducción una obra que parezca propia, innovando aspectos necesarios para adaptarla a los nuevos tiempos, como los nombres y descripciones de las vestimentas, pero manteniendo eso que es tan importante: el propósito de la obra original.
En esta traducción de la que hablamos, nos encontramos con dos hermanas, quienes habían perdido a sus padres desde pequeñas. Estos, en su lecho de muerte, las habían encargado a dos hermanos para que las criaran y, si ellas lo decidían, cuando fueran mayores, podían casarse con ellos. Sin embargo, los tutores sostenían posturas opuestas: uno abogaba por la crianza en libertad, confiando en que la joven tomara sus propias decisiones y, si el destino y ella así lo deseaban, estaría complacido de desposarla. El otro, en cambio, educaba a la hermana menor bajo estrictas restricciones, prohibiéndole todo contacto con el exterior, pues creía que la severidad evitaría su caída en el libertinaje.
La más joven, siendo que su crianza estaba a cargo del hermano de creencias rígidas, al advertir la desigualdad respecto a su hermana y sabiendo que no deseaba casarse con un hombre tan opresor, buscará la forma de oponerse a su destino. Recurrirá a ingeniosas jugarretas para poder escapar del encierro y unirse al joven del que sí estaba enamorada. Demostrando así que toda ave cautiva buscará la forma de escapar de su jaula, porque, tal y como expresa uno de los personajes en el acto final:
Conocerá que a las mujeres no se las encadena, ni se las enjaula,
ni se las enamora a fuerza de tratarlas mal. ¡Hombre más tonto!
El personaje principal de Escuela para maridos es precisamente una de tantas mujeres a quienes se les había planeado un matrimonio desde tan temprana edad que ni siquiera tenían capacidad para consentirlo. No es como que importara, puesto que las normas preestablecidas de la sociedad dictaban cómo debía comportarse una mujer en prácticamente cada etapa de su vida.
El autor cuestiona esta posición a la que estaba encadenada la figura femenina y nos presenta un personaje que, desde su nacimiento, había vivido según las imposiciones de otros, siendo cohibida de codearse con personas ajenas a su círculo familiar. Estaba destinada a ser desposada por un hombre con edad suficiente para ostentar el título de padre y que, incluso, ya había desempeñado tal rol. Prisionera de un hombre autoritario y machista que veía a las mujeres como simples seres serviles, esta muchacha entiende que debe labrar su propio camino a la libertad o toda su vida se resumiría a escuchar:
Usted calle, señorita, que ya le explicaré yo a usted si es bien hecho querer
salir de casa sin que yo se lo proponga, y la lleve, y la traiga, y la cuide.
La situación planteada en esta obra de teatro puede considerarse como un hecho posible en cualquier época, ya que los tiempos cambian, pero ciertas situaciones tienden a repetirse una y otra vez, como en un espiral interminable. Es por ello que la traducción de Moratín emplea ciertos cambios para adaptar los escenarios a épocas más actuales, pero la situación de fondo permanece inalterable.
En conjunto, Escuela para maridos plasma lo que no se debe hacer para obtener el amor y la devoción de una persona. Por eso, la traducción de Moratín actualiza los escenarios, pero mantiene intacta la problemática esencial: el amor no nace del miedo ni de la opresión, sino de la libertad de poder elegir, ya que solo quien es libre para marcharse puede decidir si quedarse.
Excelente lección para maridos, por si quieren estudiarla.
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Referencias
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s.f.). La escuela de los maridos (Comedia). Recuperado el 14 de mayo de 2025, de https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-escuela-de-los maridos-comedia–1/html/ff24ecf2-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.htm
Biografías y Vidas. (s.f.). Leandro Fernández de Moratín. Recuperado el 14 de mayo de 2025, de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/moratin.htm
InfoLibros. (s.f.). Neoclasicismo literario: características, autores y obras. Recuperado el 14 de mayo de 2025, de https://infolibros.org/blog/neoclasicismo-literario-caracteristicas-autores-y obras/
Baudelaire, C. (2017). La Fanfarlo. Austral.

