
Por Jesús Nikolái Urraca Matos
“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda
y cómo la recuerda para contarla”, Gabriel García M.
Escritor de escritores, genio, principal representante del realismo mágico, me refiero al gran Gabriel García Márquez, para mí, el cuentista y novelista más destacado y que mejor escribía del boom latinoamericano. Sus amigos más cercanos, principalmente su madre y su padre le llamaban Gabito, ganó el premio Nobel de Literatura 1982.
“El ahogado más hermoso del mundo” es un cuento que forma parte del libro: “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”, publicado en 1972, los rasgos culturales que encontramos en este cuento del gran escritor, Gabriel García Márquez reflejan la interacción entre la comunidad y el entorno, los sueños del pueblo, como lo desconocido y un cadáver puede traer alegría, una dicotomía y parte del realismo mágico plasmado en la historia. El pueblo tiene una visión idealizada y transformadora, a través del mito de Esteban.
El relato del premio Nobel de Literatura 1982 externa diversos rasgos culturales afincados o arraigados en los dogmas de la costera comunidad que vive en estación relación con el mar. El mar se convertirá, no solo en el símbolo de sustento para la comunidad, sino de un aspecto extraordinario y trascendente.
En el principio del relato los niños confunden un cadáver con un barco enemigo y los adultos con una figura ajena, desencadena un proceso de metamorfosis cultural. El mar es un símbolo poderoso que conecta a la comunidad con lo fantástico / mitológico y con lo desconocido:
“Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado”, pág. 19.
“Pensaban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y el bastidor de su cama habría sido de cuadernas maestras con pernos de hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados”, pág. 19, vemos que el autor crea un realismo y el pueblo ve en el cadáver una esperanza, es un espejo de lo que ellos sueñan, estos elementos forman parte de la cultura y del realismo mágico.
El ahogado presenta un físico llamativo y excepcional, que las mujeres lo llamarían Esteban, este personaje lleva un cambio a la comunidad, es un rasgo cultural importante, pues al asignarle un nombre, le está dando una identidad, un peso, una filiación que se verá en lo adelante en el relato:
“—Tiene cara de llamarse Esteban.
Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre”, pág. 20.
Cuando las mujeres comienzan a interactuar con el cuerpo, comparan su belleza…., las partes del cuerpo con la de sus propios esposos se vislumbra una idea de exaltar o sofocar la autoestima de su gente. El pueblo, principalmente las mujeres idealizan lo desconocido, lo llamativo y lo nuevo, otorgando cualidades maravillosas, extraordinarias y sobrehumanas al cuerpo del ahogado, cualidades que entiendo cambian la manera de ver su contexto, de ver su mundo.
Fueron a varios pueblos con la intención de constatar si el cadáver era de uno de ellos, al regresar le externaron que no era de ninguno de los pueblos, le hicieron un funeral único, como a nadie le hubiesen hecho, es decir, se ve como el pueblo ha acogido a Esteban como uno de ellos, el elemento cultural que observo es que este cadáver a traído vida, felicidad, una nueva esperanza a los miembros del pueblo: “Fue así como le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y éstas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar”, pág. 21.
El relato termina ellos llevando a Esteban al mar, desolados y sabiendo que Estaban incompletos, pintaron las fachadas de colores para eternizar la memoria de Esteban, … “y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados…”, pág. 21. Cuando los barcos pasen y su capitán bajara bien vestido, “…dijera en catorce idiomas, miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban”, pág. 21.
En conclusión, el relato resalta la capacidad de una comunidad para reinterpretar y transformar su identidad a partir de la experiencia con otra persona. El ahogado, Esteban, que al principio es un desconocido, termina siendo adoptado simbólicamente como parte de la comunidad, y su figura inspiró cambios, por ejemplo, en las puertas, los techos, los pisos, en las fachadas del pueblo…. La decisión de los habitantes de ensanchar las puertas de sus casas y hacer más altos los techos para recordar a Esteban refleja una cultura que se adapta y cambia a partir de experiencias compartidas. De esta manera, el maestro de la narración, García Márquez utiliza la figura de Esteban para explorar cómo los rasgos culturales de una comunidad pueden ser moldeados por la interacción con lo ajeno, lo que a su vez redefine su relación con el entorno y consigo misma, pasando de un pueblo desolado y triste, a un pueblo feliz y con el recuerdo por los siglos de los siglos de Esteban.

