Home Revista Antillana Virus666.exe

Virus666.exe

by Redacción

Por Linette Santana

Permítanme prevenirlos antes de iniciar este espeluznante relato. Lo que leerán a continuación no es apto para mentes frágiles o impresionables. Si aprecian su juicio, deberían abstenerse de continuar en este preciso instante. Pero si son de los que se deleitan con los más tétricos y perturbadores cuentos, en ese caso sumerjan su razón en mi infortunio. Acérquense y lean la narración de mi condenada existencia, mas no olviden que fueron alertados como corresponde.

La gente siempre advierte sobre los riesgos de pasar demasiado tiempo frente a las pantallas. Auguran que la luz azulada arruina la vista, que la radiación de los dispositivos engendra cáncer y que la adicción al internet destruye los vínculos sociales. No obstante, yo, en mi soberbia juvenil, descubrí algo mucho más siniestro.

Todo inició como un simple desafío viral que los adolescentes compartían en Reddit en el año 2016. A las 6:06 am, uno debía sincronizar su teléfono, tableta y computadora a la misma red wifi frente a un espejo. Luego trazar una runa extraña en el suelo con tiza y recitar: «Virus 666.exe, ofrezco mi conexión a cambio de los secretos de la red».

Al principio me burlé, creyendo que era una ridícula leyenda urbana producto de mentes ociosas. Sin embargo, la malsana curiosidad comenzó a roerme las entrañas, sembrando sus insidiosas semillas de duda en mi mente. Sin aguantarlo más, decidí averiguarlo por mí mismo, sin imaginar que con ello firmaría mi sentencia a un destino peor que la muerte.

Los días previos al fatídico amanecer fueron una agonía interminable. Mis noches se vieron plagadas de terrores nocturnos; pesadillas impetuosas donde me encontraba atrapado en un eterno abismo digital del que no lograba escapar. Gritos espectrales e imprecaciones en códigos informáticos, retumbaban en mis oídos, presagiando mi funesta caída.

¡Qué estúpido de mí no hacerles caso a las advertencias provenientes de mi instinto natural de supervivencia!

Cuando al fin llegó el día elegido, a las 6:06 en punto de la madrugada, ubiqué los tres dispositivos frente al empañado espejo del cuarto de baño con manos temblorosas. Tracé el siniestro símbolo en el piso con tiza blanca y, reuniendo mis últimos restos de valor, recité el mantra extraño con voz trémula. Al repetirlo por sexta vez, un frío glacial me heló hasta los huesos, cuando las pantallas se volvieron de un rojo intenso parpadeante. De inmediato, una fuerza invisible arrastró mi mano hacia el espejo férvido y entonces… todo se sumió en una penumbra insondable.

Desperté sobresaltado en mi lecho, empapado en un sudor frío, convencido de que todo había sido una atroz pesadilla. Pero al mirar mis manos, un grito de horror quedó ahogado en mi garganta, cuando noté que mis dedos se desintegraban en pixeles. El espejo de cuerpo entero no reflejaba mi imagen, sino un vacío digital infinito salpicado de formas geométricas alienígenas que se movían con un patrón indescriptible. 

Desde entonces, quedé atrapado en un insano ciclo de alucinaciones que difuminan la línea entre realidad y delirio. A veces diviso un río de código binario fluyendo caótico a mi alrededor en un abismo sin fondo. Otras veces, enormes estructuras cristalinas de datos se materializaban y desvanecían sin cesar en un vasto desierto virtual.

Las visiones cambian constantemente, mostrándome realidades alternas aterradoras. En mis peores y más perturbadores momentos, una voz distorsionada, gutural e imponente, retumba susurrando en un idioma desconocido que me congela la sangre:

«Tu esencia biológica ahora forma parte de mi vasta conciencia cibernética. Ríndete y acepta tu nueva existencia en la matriz, antes de que tu cordura se destruya por completo…»

No tuve opción…

Perdí la noción de la realidad. Ya no puedo discernir lo táctil de lo simulado. Mi mente se fractura más con cada visión, con cada susurro distorsionado. Mi cordura, mi humanidad misma, se desmorona día a día, quedando apresado en este infierno virtual; una prisión de locura corrupta sin escapatoria viable. Todo por tentar fuerzas antiquísimas que no comprendía. 

Por eso los advierto, ¡no cometan mí mismo error! Aléjense de los mitos y leyendas que orbitan la tecnología moderna. ¡Huyan de los ritos prohibidos y los pactos demoníacos! Porque la curiosidad nociva sólo puede conducirlos al precipicio de la demencia más absoluta.

Una vez que crucen esa línea, lamentarán hasta su último aliento, el día en que decidieron tentar a los dioses oscuros de la matriz…


Linette Santana (Santo Domingo Este, 1997) Estudiante de Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Amante de la literatura moderna.

You may also like