Por Wilson Antonio Gil Bautista
Históricamente, se suele denominar como una corriente literaria al conjunto de obras literarias que son realizadas en una época específica y comparten una cadena de características generales como las ideologías, estilo, estéticas y temáticas. Estas suelen darse en consecuencia a muchos factores, como por ejemplo la sociedad y la época en las cuales viven los autores. Si existen problemáticas sociales, económicas, políticas, etc., en ese momento, es muy probable que estas influyan en lo que decidan escribir y bajo que contexto lo realicen.
Esto trae como consecuencia en la mayoría de los casos que los autores asuman una posición pesimista, o en otros casos crítica de lo que acontece, como también existen diversos que permanecen situados entre dos corrientes, como una especie de hacer alusión al popular dicho “nadar entre dos aguas”, al igual que otros que no asumen de manera radical dicha posición.
Entre estos dos últimos contextos situados podemos tomar como una ejemplificación evidente al dramaturgo español Jacinto Benavente, quien es considerado unos de los mayores comediógrafos españoles de la historia. En la época de su gran apogeo literario, en España se vivía una transición de dos grandes corrientes literarias: el modernismo y la generación del 98.
Como corriente literaria, se conoce al modernismo, a un movimiento que se caracterizaba por tratar de vincular el arte con la naturaleza, con el propósito de resaltar la belleza, por medio de la literatura. En cambio, la Generación del 98, fueron un conjunto de escritores intelectuales que se caracterizaron por exhibir una insondable preocupación por España y su situación social, cultural y política. Los escritores de esta corriente buscaban analizar y reflexionar sobre la identidad del país, su historia y su futuro, y presentaban una visión reflexiva y crítica de la realidad de lo que allí sucedía.
Si nos adentramos en las obras de Jacinto Benavente, identificaremos que este prolífico autor teatral en la mayor parte de estas, difiere de los aspectos que lo hacen merecedor de considerarse un miembro auténtico de estas corrientes literarias, ya que en la mayoría de sus escritos, se puede apreciar a un autor inclinado a las críticas sociales, a través de sátiras, a la elaboración de dramas rurales, a la representación burlesca de la clase burguesa de España, en fin, se dedicaba a abordar tópicos un tanto alejados de los que si caracterizaban a las corrientes antes mencionadas, situación que le valió fuertes críticas en la mayor parte de su vida, hasta el punto de que colegas de la Generación del 98 cuestionaran su obtención del Premio Nobel de Literatura en 1922, por el argumento de que sus obras no eran tan genuinas como la de otros.
Lo que muchos desconocen es que antes de Benavente convertirse en un gran dramaturgo, primero escribió poesía, donde resalta un poemario en 1893 titulado “Versos”. De este, se desprenden diversos poemas inclinados a una de las corrientes en cuestión, como es el caso del denominado “Mis Musas”.
Cuando un autor menciona el término “Musa”, comúnmente se refiere a aquella fuente de inspiración que lo ha llevado a escribir. Bajo esta percepción, se puede interpretar las siguientes estrofas de dicho poema.
“Son hermosas las dos, y muchas veces, cansadas de vagar por los espacios en busca de alegrías y dolores, se posan a mi lado”.
“¡Mis musas! Ellas, fieles en las horas de soledad, acuden compasivas, y la pueblan de imágenes risueñas que la mente acarician”. (Benavente, pág. 5)
En la generación del 98, una de sus características principales enfatizaba en la distinción que le daban los autores a dos tipos de España: “la real miserable” y “la oficial”. Cuando Benavente se refiere a las “Musas” se refiere aquellas dos Españas, las cuales desde diferentes perspectivas le habían inspirado a escribir, para luego distinguirlas en las siguientes estrofas:
“¡Mi triste musa, fiel amiga! Solo comprensible al dolor, el dolor canta, los anhelos, la lucha, el choque rudo de la pasión que arrolladora avanza, y atropellando leyes y respetos al mundo y a los cielos amenaza, para morir después del propio empuje como las olas mueren en la playa. La ilusión que florece, el desengaño, fruto de la ilusión, cuando agostada, llega a ese punto en que la luz es sombra y ceniza la llama”. (Benavente, pág. 5)
En esta estrofa el autor se refiere a la España “real miserable”, aquella que había sufrido en carne propia la repercusión nacional provocada por los estragos negativos de la guerra. Se nota al autor expresándose desde un panorama pesimista, ya que con ayuda de sus palabras nos da a entender que no visualiza un futuro favorable para su país.
“No, la felicidad no es alegría; y el verdadero amor que inunda el alma, y arrastrando en su curso otros cuidados, el alma llena, purifica y lava; es la felicidad, no es alegría. Mi alegre musa del amor no canta. Ese amor, que en un mundo de ruindades es sol que fija un punto los miasmas del impuro pantano ponzoñoso, y hace su orilla respirable y grata, mi musa no comprende, y el cantarle deja al cuidado de su triste hermana; porque asegura que de tal manera en amor, risa y llanto se amalgaman y confunden su esencia de tal modo, que en coloquios de amor vio muchas veces lágrimas de dos ojos angustiados, sorbidas por dos labios sonrientes”. (Benavente, pág. 6)
En esta estrofa, el autor se refiere a la otra España, la denominada “España oficial”, aquella que aún no aceptaba ante la comunidad internacional que habían sido derrotados por los estadounidenses en la guerra, y pretendían seguir representándose como la gran potencia del pasado. Esta representación de las dos Españas, secundada por su actitud pesimista ante el futuro que le esperaba al país, más las expresiones utilizadas en el poema, reflejadas en un lenguaje fácil y sencillo de interpretar para cualquier lector, nos refleja tres de las características esenciales de la corriente denominada la generación del 98, los que no da a reflejar la afinidad del autor hacia esta corriente.
En otro poemario publicado en el mismo año que el anterior, titulado “villanos”, se encuentra una sección llamada “poema del circo”, la cual contiene 6 poemas cortos, incluyendo a “La música”, el cual establece:
“De lo alto van cayendo, sin expresión en el ritmo, sin calor de alma artística, como de un instrumento impersonal, de una orquesta mecánica, valses llorosos que mecen el alma de los ojos al corazón, del corazón a los ojos. Música evocadora, música vivida… Recuerdo de amores arrullados por ella, de bailes, de aventuras de otros años, de otros lugares… El vals aprendido en amorosa intimidad, el vals oído en café-concierto parisién, único recuerdo espiritual de un amor de viajero, de esos que solo dejan un recuerdo dorado: una cabellera de oro, vinos de oro, monedas de oro… Música evocadora, música vivida, que mece el alma del corazón a los ojos, de los ojos al corazón”. (Benavente, pág. 114)
Cuando el autor se refiere a “La música”, hace énfasis en las inferencias artísticas que esta posee de manera natural, la cual provoca un regocijo en los seres humanos de una manera inexplicable. Con esta representación, Benavente da a entender aquellos elementos que pueden entrelazar el arte con la naturaleza, con la finalidad de reflejar la belleza, por medio de la literatura, evidenciando su afinidad con la corriente literaria denominada modernismo.
En conclusión, Jacinto Benavente pudo demostrar, gracias a sus obras, las grandes cualidades que poseía como autor, dado que sus extensas creaciones literarias abarcaban múltiples géneros, al igual que se inclinaba por diferentes estilos y tópicos. Pero el hecho de que se le relacionara con las corrientes antes expuestas, aún sin adquirir las esencias espléndidas de estas, no fue por el hecho de que escribiera en esa época, sino más bien porque en algunos de sus textos nos da destellos de sus inclinaciones hacia esos movimientos, tal como lo pudimos ver en el presente artículo.

