27 de diciembre de 2023 (EIRNS) — “Prácticamente en todos los grandes países del mundo que hoy se desarrollan con éxito, sobre todo India y China, hay partidarios de LaRouche. Han utilizado sus pensamientos e ideas, para crear sus milagros económicos. Son los principios de la Economía Física que promovía LaRouche, los que hoy subyacen al milagro económico chino y están ahí en los fundamentos de la política económica de la India…”.
El respetado economista físico ruso Sergei Glazyev, actual ministro encargado de Integración y Macroeconomía de la Comisión Económica Euroasiática, hizo esa observación en el 2022, a propósito de los escritos e ideas económicas de Lyndon LaRouche. Las declaraciones de académicos indios y chinos, aunque quizá no tan contundentes como la de Glazyev, coinciden con su clara valoración. En Estados Unidos, sin embargo, con la excepción de algunas asociaciones agrícolas, muchos legisladores individuales y un puñado de economistas o banqueros, los avances de Lyndon LaRouche en la ciencia de la economía física —la verdadera conomía que estableció la Revolución Americana, en contraste con la doctrina imperial defendida por Adam Smith en su La riqueza de las naciones— son desconocidos o poco apreciados.
Esa temerosa censura de las ideas económicas de LaRouche está a punto de convertirse en un búmeran, ya que las naciones del BRICS, y las que aspiran a unirse a esa asociación, son testigos de que el problema, por ejemplo, en la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, es que, a pesar de un presupuesto de guerra de un billón de dólares en Estados Unidos, y la expansión de los presupuestos de guerra en las naciones transatlánticas y “trilaterales” (como Japón), estas naciones carecen de la capacidad productiva, y la voluntad, así como las habilidades productivas, para producir más que Rusia y China. Economía física, no por ignorar el proyecto de supervivencia y prosperidad esbozado por LaRouche y su obra y la de sus asociados durante el último medio siglo, Estados Unidos ha dilapidado su preeminencia como la nación más productiva de la historia mundial.
El Evangelio del Nuevo Testamento, según San Marcos, capítulo 6, nos informa de una conversación entre Jesús y sus discípulos. “Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, excepto en su patria, entre sus parientes y en su casa”. Aunque LaRouche fue efectivamente encarcelado durante cinco años, y nunca ha sido exonerado del delito del que fue falsamente acusado, esto no fue, principalmente la desgracia de LaRouche, sino de Estados Unidos, de las naciones transatlánticas, y de las víctimas de la guerra permanente desatada después de la caída del Muro de Berlín en 1989. La prohibición de las ideas de LaRouche en las instituciones educativas y políticas de Estados Unidos tuvo un efecto y una implicación más profundos, con el fin de disminuirlas a los ojos del pueblo estadounidense en su conjunto. LaRouche escribe:
“Consideren el hecho de que la historia, tal como la conocemos actualmente, ha estado dominada por ciclos de colapso y, a veces, en el mejor de los casos, de recuperación. Por lo tanto, ¿cómo podríamos estar seguros, ahora, de que incluso si fuéramos a rescatar a la humanidad de los efectos del colapso financiero y monetario mundial que se avecina, con las medidas que he propuesto, que nuestra civilización así revivida no comenzará a retroceder, una o dos generaciones más tarde, a una nueva ronda de colapso, un colapso tal vez incluso peor que el que nos amenaza en el momento actual, un colapso que sufrirán tus hijos o nietos?… La mayoría de las culturas antiguas que hemos podido identificar fueron aquellas que se sumieron en una prolongada era de tinieblas, una era de tinieblas provocada por un rasgo dominante, característico e interno de la propia cultura. Ha habido, después de todo, culturas moralmente inferiores, muchas de las cuales provocaron su propia destrucción, precisamente por esa razón”.
Estas palabras están tomadas de Jesus Christ and Civilization (Jesucristo y la civilización) de Lyndon LaRouche, escrito en el 2000, y son especialmente apropiadas para esta época de crisis, este invierno de nuestro descontento. Como predicó el reverendo Munther Issac en sus sermones de Navidad desde Belén, Jesús se encuentra, esta Navidad, bajo los escombros de Gaza: enterrado, pero vivo. El poder de las ideas es mayor, más elevado, que el de los principados y las potestades, las fuerzas de las tinieblas y los reyes con cabeza de repollo en las alturas. Puede que en este momento no se esté impidiendo el más vil de los asesinatos en Gaza, pero eso no significa que seamos impotentes ante ello.
En el 2004, cuando el líder palestino Yasser Arafat murió por causas naturales o no naturales, LaRouche, dirigiéndose a un acto público argentino y peruano, dijo: «Hay un hombre en una prisión israelí, que si [el Primer ministro israelí Ariel] Sharon quisiera, y si Estados Unidos presionara a Sharon para que lo hiciera, podría ser liberado de la prisión como socio negociador con Sharon, para lograr, o negociar, algún tipo de paz entre los palestinos y los israelíes. Si llegaran a un acuerdo aceptable, la crisis en todo el Sudoeste de Asia se resolvería en cierto modo en… Obviamente, vamos a trabajar para ello». Ayer, la fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, renovó el llamado para que ese hombre, Marwan Barghouti, salga de la cárcel. Jacques Cheminade, presidente del partido Solidarité et Progès en Francia, hizo la siguiente evaluación:
“Según diversas fuentes de los movimientos de liberación palestinos, solo la liberación de Marwan Barghouti de las cárceles israelíes puede crear las condiciones para la paz en la región… Había apoyado los acuerdos de Oslo (1993-95) y luego se enfrentó a la oposición de Hamás en esta cuestión. Pero ahora Hamás se ha corregido, a partir de 2018, bajo la influencia de Yahya Sinwar, que había estado en prisión con Barghouti.
“Hamás no ha reconocido formalmente la existencia de un Estado israelí, pero… ha pedido un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967. Esto significa un reconocimiento de facto de Israel fuera (de esa frontera). Por ende, tanto para Barghouti como, en principio, para Hamás, las tres cuestiones políticas que quedan pendientes, una vez reconocida la existencia de Israel, son:
“1) El estatuto de Jerusalén Este, que todos los palestinos quieren ver como su capital.
“2) El retorno de las familias palestinas expulsadas durante la Nakba.
“3) La expulsión de los colonos israelíes de Cisjordania.
“Barghouti habla perfectamente hebreo y es respetado, por una parte, de los servicios de inteligencia israelíes”.
También debemos denunciar el mal de la guerra, como sugiere el Papa Francisco que se haga, dando los nombres de los mercaderes de la muerte, como en nuestra campaña de investigación y publicación contra el complejo militar-industrial-financiero.
Debemos añadir ahora, no solo la reflexión, sino la deliberación sobre las alternativas concretas que se propondrán a la locura y la insensatez que, de lo contrario, prevalecerán, como tantas veces ha sucedido en el pasado, como señala LaRouche. La liberación de Barghouti; la implicación del Sudoeste de Asia en un “Plan Oasis” como aspiración de las naciones del BRICS y del BRICS-Plus; y la adopción de la iniciativa “Conviertan las espadas en arados” anunciada recientemente por Helga Zepp-LaRouche, son solo una parte del arsenal de ideas que está a disposición de quienes tengan lo que el asesinado Isaac Rabin llamó “el valor de cambiar sus axiomas”. El profeta Isaías (2:4) lo dijo: “Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en podaderas; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”.

