Home Revista Antillana Ángela Figuera Aymerich, el grito de una mujer a través de su poesía

Ángela Figuera Aymerich, el grito de una mujer a través de su poesía

by Redacción

Por Isabel Evangelista

Ángela Figuera Aymerich, fue una poeta que se erigió en medio de dos figuras imponentes de posguerra: Gabriel Celaya y Blas de Otero; juntos, llamados y reconocidos como “El Triunvirato de la Poesía de Posguerra”

A continuación, les presentaré una muestra de lo que podría significar la vida literaria de esta importante autora.

Aunque podría decirse que es el reflejo de la mujer literata de ayer, incluso antes de que naciera; de hoy, y de siempre, ya que su poesía y obra reflejan el grito de la voz femenina con un toque original propio. No obstante, su voz femenina quedó inexplicablemente relegada a un segundo plano (Quance 2009:16), la cual se pretende resaltar hasta que griten los versos y la tinta indeleble de la mujer, madre, amiga, hermana, confidente, amante, Ángela Aymerich, trascendiendo y diciendo que ella es mucho más de lo que se quiso enterrar.

A lo largo de su trayectoria, sus obras fueron, en cierto punto, reflejando la madurez de su vida. Se ve presente el existencialismo, la lucha de clases, y el toque que a todos les encanta: “El corte social” como estallido de desesperación y esperanza al mismo tiempo.

El año de 1948 marca un precedente en la vida de Aymerich, pues dos de sus obras más importantes fueron publicadas para ese período; “Mujer de Barro” y “Soria Pura”. Ya para 1950 publicaba “Vencida por el Ángel”, “El grito inútil” en 1952. Un año más tarde (1953) “Los Días Duros”; “”Belleza Cruel» se publica en 1958. Forma también parte de su repertorio en 1962 “Tocar la Tierra” con “Letanías”.

Mujer de Barro» fue una de sus obras eminentes, la cual fue mutilada en su origen, pues la misma trata sobre temas “eróticos” de los cuales no se estaba acostumbrado a escuchar, y mucho menos de una voz femenina.

Desarrollarse en medio de la dictadura franquista no era un fly al catcher para aquellos días, motivo que alimentó la persecución de sus escritos. La censura hecha carne es lo que sufrió la obra “Mujer de Barro”, pues fueron publicados de esa joya, solo algunos poemarios, alegando los críticos del momento y la guillotina literaria utilizada para aquel entonces, frases como:

Poesía verso. Escasa calidad literaria. Alarde inmoral en páginas: 6, 11, 15, 17, 19, 20, 23, 25, sobre erotismo impúdico, más acusado por tratarse de versos de una mujer. (L. Montejo Gurruchaga, 1996)

Ángela Figuera no estaba ajena a todo ello, pues escribe en una de sus epístolas a Blas de Otero en diciembre de 1949, cito:

No sé si le dije que a mi “Mujer de Barro «me la mutilaron en su primera parte casi íntegra ¡Qué inefable Pudor! Menos mal que, como la rigidez de las leyes sólo iguala a la vanidad de los que las aplican, una buena influencia aplicada a tiempo dejó salir mi libro íntegro. Íntegro: si no, no lo público”.

Luego de estas declaraciones de la propia Ángela en su correspondencia, publica su segundo libro titulado “Soria Pura”, no obstante, a las críticas de persecución vividas, este sale airoso con comentarios como:

Nada censurable” los siguientes escritos también son publicados y con buena vista, pero ¿Qué es lo que trata este libro? Se puede partir del poema “Cañaveral”, aquí también hay erotismo, con escenas vívidas, propias de la narrativa vanguardista, que destaca, además, una crítica social. Este es, quizás, el punto que destaca en su obra, y, por lo que no es censurada.

En “Cañaveral se aprecia una poeta de gran envergadura. Remontando de manera directa la escena del blanco abusivo frente a la raza negra, el abuso de poder de la clase dominante, ante la más débil y desposeída.

He aquí los versos:

Entre las cañas tendida;

Sola y perdida en las cañas.

¿Quién me cerraba los ojos,

que solos, se me cerraban?

¿Quién me sorbía en los labios

zumo de miel sin palabras?

¿Quién me derribó y me tuvo

sola y perdida en las cañas?

¿Quién me apuñaló con besos

el ave de la garganta?

¿Quién me estremeció los senos

con tacto de tierra y ascua?

¿Qué toro embistió en el ruedo de mi cintura cerrada?

¿Quién me esponjó las caderas con levadura de ansias?

¿Qué piedra de eternidad

me hincaron en las entrañas?

¿Quién me desató la sangre

que así se me derramaba?

Aquella tarde de Julio,

sola y perdida en las cañas.

Analizando algunos versos…

¿Quién me cerrará los ojos que solo se me cerraban?

¿Quién me sorbía en los labios zumo de miel sin palabras?

Estos versos reflejan la fuerza que ejerce el poderoso frente al ignorante y de escasa información. Esta lo palpa y percibe como un pequeño dios de donde emana lo bueno y lo bello:

¿Quién me derribó y me tuvo sola y perdida en las cañas? Se aprovecha de su poder para poseerla.

¿Quién me apuñaló con besos el ave de la garganta?

Acaso, ¿quiere expresar la libertad innata de la mujer en el vuelo de un ave, la expresión del sentir de lo más profundo que alguien hiere?

Se aprecia la virginidad, lo ingenuo, cegado por la maldad extrema en estas líneas.

¿Qué toro embistió en el ruedo de mi cintura cerrada?”

Cómo se estalla en este poema el grito al mestizaje.

¿Qué piedra de eternidad me hincaron las entrañas?

Y finalmente el vacío existencial frente a la realidad misma de la deshumanización arraigada en los últimos versos.

… Aquella tarde de julio, sola y perdida en las cañas.

Iniciando el primer verso con puntos suspensivos, como si quisiese decir y decir, tantas inquietantes palabras.

Julio está escrito con mayúscula, resaltando con ello que no fue cualquier fecha, sino una que habría que acuñar como un acontecimiento histórico, así como se resaltan las fechas conmemorativas.

Belleza Cruel”, perseguida desde su concepción, no se publica hasta tres años después de su conclusión en 1955. Sus líneas revelan la persecución de la autora a flor de piel, prefiere no sentir para no padecer. Escribe una carta nueva vez para Blas de Otero diciendo:

Tengo casi acabado un libro, “Belleza Cruel”, que me piden para dos colecciones. Aún no sé lo que haré. Tal como están las cosas lo habría de podar bastante y se me iba a quedar muy esquelético. Si pasa algo de tiempo…” (Correspondencia de Ángela Aymerich, 1955)

Ángela Figuera Aymerich ya para aquel entonces sufrió en carne propia la persecución, fue represaliada al finalizar la guerra. Utilizó “Belleza Cruel” para de algún modo pasar desapercibida ante la censura.

He aquí algunos versos:

Dadme un corazón de barro

Dadme unos ojos de diamante enjuto,

Boca de amianto, congeladas venas,

Dura espada que acaricie el aire,

Quiero dormir a gusto cada noche

Este verso resume lo que en verdad quisiese decir

Porque es lo cierto que me asusta verme

Las manos limpias persiguiendo a tontas

mis mariposas de papel o versos,

Porque es lo cierto que empecé cantando

para poner a salvo mis juguetes,

pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,

y me confieso y pido a los que pasan

que me perdonen pronto tantas cosas.

A modo de conclusión:

Se percibe como Ángela Figuera Aymerich no está exenta a retractarse como tantos poetas, pensadores y científicos de todos los tiempos. Al fin y al cabo, sus letras dicen más de lo que debían y pudiesen decir. Lo que mueve a pensar si ha sido mutilada realmente su “Mujer de Barro” y si han sido cortadas las alas de la doncella del “Cañaveral”

Acaso, han cesado los “Bombardeos” de su obra o simplemente prefiere ser vista con “Belleza Cruel”, aunque hayan sido “Días Duros” para ella y tantas mujeres que se levantan del polvo del olvido se aprecia que su “Grito, Inútil” no ha sido, pues ha “Tocado Tierra” y no sólo tierra; ha tocado y seguirá tocando los confines del firmamento.

 

You may also like