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El dolor en la poética de Gabriela Mistral

by Redacción

Por Teanny Grullón

La poesía es una forma de desahogo, de liberación, de catarsis. Un método que, a través de las palabras, nos abre paso hacia nuevos mundos y nuevos universos; que nos invita a ser todo eso que somos y que nos hace ser nosotros mismos hasta quedar plasmados en pura esencia, mostrándonos con claridad.

Gabriela Mistral es el perfecto ejemplo de lo que la poesía puede llegar a suscitar en cada uno de nosotros. En sus propias palabras: “La poesía es en mí sencillamente un rezago, un sedimento de la infancia sumergida. Aunque resulte amarga y dura, la poesía que hago me lava de los polvos del mundo y hasta de no sé qué vileza esencial, parecida a lo que llamamos el pecado original, que llevo conmigo y que llevo con aflicción” (Gabriela Mistral, 1938).

Esta gran poeta se valió de la poesía para plasmar su perspectiva única del mundo; para plasmar aquella ardiente pasión que la identificaba y hacía ser tan ella. Hizo uso de la lengua para lograr desentrañar sus avanzadas ideas. Se adueñó de cada palabra, cada frase, cada verso hasta reverberar en algo único y extraordinario que sirviera de epifanía, y que llegara hasta lo más profundo de cada uno de nosotros, sus lectores, marcando nuevos paradigmas. Algunas expresiones artísticas emergen de una profunda conexión entre la identidad y esencia del autor, su obra, su vida y sus experiencias. En estas situaciones, esa chispa que impulsa a la creación alcanza, junto a la obra, un estado de intensa claridad apasionada, de revelación. Y es justo este fenómeno el que caracteriza a la poética de Gabriela Mistral. Esto queda plasmado en Desolación (1922), el primer poemario publicado por Mistral y que tiene como centro al amor, al dolor, la vida, la muerte, la naturaleza, la niñez y lo religioso, según las diferentes secciones de este libro: Vida, Escuela, Infantiles, Dolor y Naturaleza (más tarde, con la edición de Chile de Desolación, se sumarían dos apartados: Prosa y Prosa Escolares y Cuentos).

El propio nombre de este libro nos da un esbozo de lo venidero: Desolación. Esa sensación de abandono, desamparo o desesperanza profunda; de estar solo y sin consuelo. Y es que en los versos de Mistral, especialmente en el apartado “Dolor”, se experimenta un abanico de emociones que incluyen soledad, nostalgia, tristeza, incertidumbre… Más allá de las palabras y del hecho de relatar historias a través de versos, estos poemas transmiten una etapa crucial de exploración entre la vida y la muerte vinculada al dolor.

En la sección “Dolor”, Mistral incluyó “Los Sonetos de la Muerte”. Un conjunto de tres sonetos alejandrinos con el cual ganó los Juegos Florales realizados en Santiago, Chile en 1914. Poema con la mayor carga emocional, donde plasma la pérdida a destiempo del más profundo amor. Tragedia que le termina por desgarrar el pecho entre sollozos, envenenada de angustia, y que sirvió como musa y como canto:

[…] Este largo cansancio se hará mayor un día,

y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir

arrastrando su masa por la rosada vía,

por donde van los hombres, contentos de vivir…

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,

que otra dormida llega a la quieta ciudad.

Esperaré que me hayan cubierto totalmente…

¡y después hablaremos por una eternidad! […]”

En 1924 Mistral declara: “Yo ya no quiero hacer más poesía dolorosa. […] Ya es tiempo de aquietarse, de serenarse, se encienden lámparas, el agua tiene un color de paz y si yo persisto en esa actitud parecerá que es ‘pose’, y yo detesto la ‘pose’; por eso me enfada que se me quiera retratar con un libro en la mano o escribiendo” (García Huidobro, 88). Y es que, Mistral, en sus tres libros principales, realiza un extenso viaje a través del dolor, especialmente aquellos dolores que se arraigaban en dicho siglo. No solo trataba el dolor personal ocasionado por la pérdida de personas importantes e íntimas en su vida a las que amaba, sino que, además, se encargaba de hacer alusión al dolor por el cual estaba atravesando el mundo en su época frente a dos Guerras Mundiales y la Guerra Civil Española. Y, a pesar de que Mistral se enfrentaba a estos acontecimientos históricos con una posición crítica, sus poemas evidencian, con total nitidez, el sufrimiento que experimentó; dando a demostrar aquella empatía y sensibilidad fina hacia la humanidad que siempre la distinguió. Donde, además, se encargaba de velar por los derechos de la mujer, de los niños y de los campesinos, haciendo uso, una vez más, del poder de su escritura, específicamente, el de la poesía.

Y es así como se presenta Lagar, el cuarto poemario de Gabriela Mistral. Una clara representación del sufrimiento y de los sentimientos más íntimos de la autora. No es, pues, un libro de versos; es un libro de lágrimas, un grito del corazón y del alma. “El libro nace y está unido por los títulos de sus secciones a circunstancias penosas para la humanidad y para la conciencia del hablante. Tienen presencia en este texto la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración, las doctrinas existencialistas del ser para la muerte, la temática social, el suicidio de su hijo adoptivo y de sus amigos, los Zweig, su salud quebrantada, una honda preocupación religiosa y la presencia de la muerte personal como algo cercano” (Cuneo, Ana María. “Aproximaciones al libro Lagar de Gabriela Mistral”. Revista Chilena de Literatura. Número 32, 1988, p. 48).

De este modo tenemos al poema “Hospital”, perteneciente al poemario Lagar. Aquí el yo poético se encarga de describir la cruda realidad de los soldados que han sido heridos en el campo de batalla y que se encuentran hospitalizados:

Detrás del muro encalado

que no deja pasar el soplo

y me ciega de su blancura,

arden fiebres que nunca toco,

brazos perdidos caen manando,

ojos marinos miran, ansiosos.

En sus lechos penan los hombres,

metales blancos bajo su forro,

y cada uno dice lo mismo

que yo, en la vaina de su sollozo […]”

En definitiva, Gabriela Mistral se encargó de utilizar la potencia de su pluma para revelar y reflexionar sobre los aspectos más profundos y conmovedores de la existencia. Personificó y enriqueció este poder poético tejiendo paisajes, alegorías, símbolos e interrogantes hasta extraer su esencia; transformándose, así misma y en el trayecto, en un símbolo de la cultura hispanoamericana; revelando, a su vez, no solo su gran valor literario, sino, su gran valor moral.

BIBLIOGRAFÍA

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