Durante siglos habitó bosques, cafetales y senderos rurales de la isla, donde su pequeño cuerpo de colores vivos y su particular canto forman parte del paisaje natural del Caribe.
Ahora, bajo el nombre de Colí, emprende un vuelo diferente: acompañará a atletas de 37 países y territorios durante la cita regional que reunirá en Santo Domingo a más de seis mil competidores del 24 de julio al 8 de agosto.
La contracción del nombre de esta ave endémica convirtió a la mascota de los Juegos en un personaje cercano, pero sin perder el vínculo con la especie que representa. Su elección fue una mirada hacia la identidad.
El barrancolí (Todus subulatus) mide apenas entre 11 y 12 centímetros y pesa alrededor de seis gramos, pero posee una de las características más valiosas de la naturaleza: solo existe en la isla que comparten República Dominicana y Haití.
Su plumaje reúne algunos de los colores más representativos del trópico. El verde de su espalda se mezcla con la vegetación, la garganta roja resalta entre las ramas y pequeños tonos azules completan una apariencia que lo convierte en una de las aves más llamativas del Caribe.
Sin embargo, su singularidad no está solo en su aspecto. A diferencia de muchas especies que construyen sus nidos sobre los árboles, el barrancolí excava túneles en barrancos y taludes de tierra para proteger sus crías.
Con paciencia y constancia, la pareja trabaja hasta crear una pequeña cavidad donde continuará el ciclo de la vida.
Esa forma de construir su refugio también dio origen al nombre con el que generaciones de dominicanos aprendieron a reconocerlo.
Es pequeño, pero resistente; discreto, pero imposible de ignorar cuando aparece entre los árboles.
Quizás esas características explican por qué terminó asociado al espíritu deportivo.
Durante la presentación oficial de Colí, el presidente del Comité Organizador de los Juegos, José P. Monegro, destacó que el barrancolí fue escogido por ser un ave endémica de la isla y un símbolo de identidad nacional.
La mascota representa, además, valores vinculados al movimiento olímpico y al deporte: alegría, perseverancia, amistad, respeto y diversidad.
Pero Colí también lleva consigo un mensaje ambiental. La existencia del barrancolí depende de la conservación de los ecosistemas donde encuentra alimento y refugio. Proteger bosques, ríos y áreas naturales significa preservar también a las especies que hacen única a La Española.
De alguna manera, la historia de este pequeño pájaro guarda una enseñanza parecida a la de los atletas que competirán en Santo Domingo: no siempre la grandeza está relacionada con las dimensiones. A veces cabe en unos pocos centímetros de plumaje.
Cuando finalicen los Juegos y las luces de los escenarios se apaguen, Colí dejará de aparecer en carteles, uniformes y ceremonias. Pero el barrancolí seguirá cumpliendo la tarea que ha realizado durante miles de años.
Continuará volando entre los árboles de La Española, cantando al amanecer y recordando que algunos de los símbolos más poderosos de un país nacen lejos de los estadios. oda/mpv

