Por ING. ERICK SARANTE
Especialista en Seguridad e Inteligencia de Riesgos | Experto en Geopolítica | MBA
Máster en Defensa y Seguridad Nacional | Asesor Estratégico | Escritor | Poeta
¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué las grandes potencias están mostrando cada vez mayor interés en el Caribe? La respuesta está, en buena medida, en algo que no podemos cambiar: nuestra ubicación. En geopolítica, el tamaño de un país no siempre determina su importancia. A veces, lo decisivo es dónde está situado y qué conecta.
El estratega Zbigniew Brzezinski explicó esta realidad en El gran tablero mundial, al distinguir entre los países capaces de proyectar poder y aquellos cuya posición geográfica los convierte en piezas estratégicas para quienes compiten por influencia. Ucrania, Taiwán, Turquía o Arabia Saudita son ejemplos de territorios cuyo valor trasciende sus propias fronteras. El Caribe también forma parte de esta lógica.
Durante décadas hemos aprendido a mirar nuestra región principalmente como un destino turístico: playas, hoteles, cruceros y sol. Sin embargo, detrás de esa imagen existe una realidad mucho más importante. El Caribe se encuentra próximo a Estados Unidos, conecta importantes rutas marítimas y está vinculado al acceso al Canal de Panamá, una de las principales vías del comercio mundial. Por nuestras aguas circulan mercancías, energía, personas, inversiones e información.
Cuando una región posee esas características, las grandes potencias inevitablemente prestan atención. La creciente competencia entre Estados Unidos y China, la búsqueda de nuevas rutas comerciales, la reorganización de las cadenas de suministro y las tensiones internacionales están modificando el valor estratégico de diferentes regiones. El Caribe no está fuera de ese proceso. Por el contrario, puede convertirse en uno de sus espacios más relevantes.
¿Y qué significa esto para República Dominicana? Mucho más de lo que pudiera parecer. Nuestro país ocupa una posición privilegiada en el Caribe, cuenta con importantes conexiones comerciales y aéreas, puertos, turismo, zonas francas y una relación económica particularmente estrecha con Estados Unidos. Nuestra ubicación puede convertirse en una ventaja estratégica, pero tener una posición privilegiada no significa automáticamente saber utilizarla.
Ahí está nuestro verdadero desafío. Necesitamos comenzar a mirar nuestra posición geográfica no solamente desde la perspectiva económica o turística, sino también desde una perspectiva estratégica. Lo que ocurre en las relaciones entre las grandes potencias puede terminar afectando nuestras inversiones, el turismo, los combustibles, el comercio, los puertos, la seguridad y las oportunidades de crecimiento.
Por eso, la geopolítica no debería ser un asunto exclusivo de diplomáticos, militares o académicos. También debería interesar al empresario, al estudiante y al ciudadano común. Las decisiones que se toman a miles de kilómetros de nuestro territorio pueden terminar teniendo consecuencias concretas sobre nuestra economía y nuestra vida cotidiana.
El problema es que, como región, muchas veces reaccionamos después de que ocurren los acontecimientos. Las grandes potencias, en cambio, invierten recursos en estudiar escenarios futuros, formar especialistas y anticipar riesgos. La diferencia entre reaccionar y anticiparse puede determinar quién aprovecha una oportunidad y quién termina pagando el costo de las decisiones de otros.
República Dominicana no necesita convertirse en una potencia mundial para defender sus intereses. Necesita comprender mejor el entorno en el que está situada, identificar oportunidades y desarrollar una visión estratégica de largo plazo. Nuestra ubicación no la escogimos, pero sí podemos decidir qué hacemos con ella.
El Caribe está dejando de ser visto únicamente como una región turística y recupera un valor geopolítico que las grandes potencias no ignoran. La pregunta que debemos hacernos es si nosotros también estamos entendiendo ese cambio.
Porque en el tablero internacional no siempre tiene ventaja el país más grande. Muchas veces la tiene quien comprende mejor el tablero y sabe aprovechar la posición que ocupa.
República Dominicana tiene una posición estratégica. El verdadero desafío es aprender a pensar estratégicamente desde ella.

