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Anatomía del SIM: Legalidad y registro

by Redacción

ARTÍCULO INVITADO

Por Amaurys Pérez Vargas

En la nómina del Servicio de Inteligencia Militar publicada en la Revista Ecos por el maestro Antinoe Fiallo, aparecen las secciones 3, 4 y 5 que corresponden a las áreas: jurídica, impresiones digitales y fotográfica. Estas tres secciones se interconectaban entre sí, ya que, en primera instancia, se encargaban de llevar el registro, identificación y vigilancia técnica de los opositores al régimen a los fines de garantizar posteriormente el control legal y procesamiento de los detenidos. De esta forma, la represión se institucionalizaba, quedando enmarcada dentro de la legalidad, pues durante la dictadura de Trujillo el derecho se utilizó como un instrumento al servicio del poder.

Por la denominación profesional y variación de salarios que devengaban los registrados en la nómina, (Dr. Faustino Alfonso Pérez Peralta, 400.00; Lic. Eladio Ramírez Suero, 350.00; Clodomiro Elpidio Ortiz González, 250.00; Miguel Ángel Gatón Valdez, 145.00; Marcos Herminio Madé González, 100.00 pesos), se puede establecer que había diferentes categorías de empleados en el área, véase abogados, técnicos legales, mecanógrafos y personal de soporte, entre otros, que se encargaban de elaborar los expedientes jurídicos, redactar acusaciones a los fines de sustentar procesos judiciales por ante los tribunales del Estado.

Desde esta perspectiva, el personal del SIM en esta dependencia era importante para la construcción de narrativas jurídicas que justificaran las incontables detenciones, interrogatorios y condenas. Este detalle fue subrayado por Darío Nicodemo en su artículo titulado “Tirada del panfleto en Santiago”, publicado en el diario digital Acento, donde destaca “la preocupación de Wenceslao Marcial Guillén Gómez (Wen), por sus compañeros de lucha, cuando le dijo a Manuel Armando Bueno Pérez y a los demás compañeros detenidos, frente al doctor Faustino Alfonso Pérez Peralta, mejor conocido por el sobrenombre “La Cotorra Mansa” abogado y torturador de La 40, que leyeran bien el documento que iban a firmar porque no quería ver más prisioneros”.

En los interrogatorios contenidos en el libro “Crímenes contra la seguridad interior y exterior del Estado dominicano”, compilado por Luis Henríquez Castillo, entonces presidente de la Corte de Apelación de Ciudad Trujillo, se visualiza cómo en el país se elaboraron expedientes que, aunque jurídicamente bien estructurados, respondían a objetivos políticos. Dichas prácticas permitían que la acción de persecución por parte del Estado se percibiera como “legítima”, ya que se encontraba cubierta de cierta legalidad, lo que favorecía su aceptación social y normalización en el seno de la sociedad.

Collage de fotos

Paralelamente, vale decir que la Sección Jurídica cumplía una función de archivo donde los registros generados contribuían a mantener un seguimiento detallado sobre las personas y grupos políticos disidentes. A los fines de garantizar la efectividad en el trabajo, se buscaron técnicos especializados que se incorporaron en la Sección de Impresiones Digitales (Teófilo Parra Mendoza, 300.00; Froilán Sosa, 300.00 y Bienvenido Concepción Rodríguez, 300.00), quienes contribuyeron con el registro biométrico, facilitando la identificación, seguimiento y clasificación de personas consideradas sospechosas. En el Archivo General de la Nación abundan expedientes de la época que contienen: fotografías, huellas digitales, firmas, entre otros datos personales. En virtud de que las fotografías eran en blanco y negro, se consignaban también otros datos como, por ejemplo, estatura, color, formas de ojos, cabello, etc.

Ese último detalle nos inserta en la “Sección fotográfica”, que en la referida nómina solo menciona a Alejandro Guzmán con un sueldo de 400.00 pesos. Tal como se visualiza en las fotografías de los presos políticos, este recurso servía para la construcción de archivos visuales sobre los “enemigos del jefe”. No obstante, la historia del más conocido fotógrafo reclutado por el SIM fue recogida recientemente en el documental “El fotógrafo de La 40”, dirigido por Erika Santelices y Orlando Barría, el cual narra la vida de Pedro Aníbal Fuentes Berg -Chichí-, quien laborando como “fotógrafo del diario El Caribe”, según la periodista Ángela Peña “tuvo el valor de aceptar el cargo de fotógrafo en la Dirección de Migración pese a pertenecer a una célula clandestina del 1J4”.

En esas labores, sostiene Peña, un día el torturador César Villeta “le asignó la cruel tarea de fotografiar a los expedicionarios y otros opositores mientras eran torturados. Las dantescas imágenes se enviaban al “Jefe”, a Ramfis y Radhamés Trujillo y a Johnny Abbes, director del SIM, “para satisfacer su morbo”, haciendo mofas de los masacrados: “¡Mira este!”, “¡Mira cómo lo dejaron!”, reaccionaban con festivas carcajadas”.

Sobre el tema, por intermedio de Gladys Fuentes, hija del fotógrafo, el periodista Raúl Pérez Peña jugó un papel fundamental en el rescate de la memoria de los hermanos Fuentes Berg, publicando varios artículos y organizando un seminario en la Academia Dominicana de la Historia donde se pudo establecer la heroicidad y legado de los protagonistas. Cuenta Bacho que “los dos héroes fueron capaces de sacar duplicados de las fotos tomadas en la silla eléctrica a los expedicionarios de 1959, logrando su envío al exilio que las publicó sacudiendo la imagen internacional del trujillato”.

Sobre el destino de los hermanos Fuentes Berg, tal como lo consigna Ángela Peña, se sabe que fueron “apresados la madrugada del 20 de enero de 1960 por el horrendo torturador del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) Francisco Villeta (Cholo) y otros agentes de ese cuerpo represivo”. Para la posteridad, el ex preso político del Movimiento 14 de Junio en Puerto Plata, Juan Carlos Morales, dejó su testimonio en una carta dirigida a Bacho por intermedio del Arq. Hugo Quezada, donde señaló: “que al llegar los hermanos Fuentes Berg al Coliseo, se apersonó el coronel Luis José León Estévez, esposo de Angelita Trujillo, la hija del tirano. Inmediatamente emprendió con una fusta a Pedro Aníbal Fuentes Berg, dándole golpes en la cabeza y la cara mientras profería los improperios acostumbrados”. Y le dijo: “Yo mismo te fui a buscar a tu casa y te dije que de ese laboratorio no se podía sacar nada”. Precisa que “los torturadores de la 40 emprendieron una nueva y brutal golpiza contra los hermanos Fuentes Berg. Luis José León Estévez pidió el banquito y la soga, ya sabemos con cuáles fines”. Juan Carlos dice: “A Juanchi y a mí nos sacaron del coliseo y nos pusieron detrás de una de las celdas, y nunca más supimos de los hermanos Fuentes Berg”. Termina: “Espero que con este testimonio quede claro la suerte de estos valiosos hermanos patriotas”. En la próxima entrega, abordaremos la Sección de Prensa que articulaba la dimensión ideológica del SIM.


Reproducido de hoy.com.do

Foto: fuente externa.

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