Necesitamos educar a los futuros periodistas para que comprendan y utilicen las nuevas tecnologías, los algoritmos, las plataformas y la inteligencia artificial de forma crítica, al servicio del buen periodismo, es decir, de la ciudadanía, y no al servicio de la banalización de la información; o peor aún, al servicio del poder.
Por RIAMNY MÉNDEZ FÉLIZ
El Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) realiza consultas para, de acuerdo con el discurso oficial, transformar la formación universitaria y adaptar lo que se enseña en las aulas a los retos del presente. Como parte de estos esfuerzos, la institución ha invitado a maestras y maestros, gremios profesionales y al empresariado, entre otros sectores, a participar en una serie de consultas y/o encuentros.
Recibí, con sorpresa, porque en este momento no tengo un trabajo fijo como profesora de periodismo, una de esas invitaciones, y por motivos de trabajo no pude asistir. Pero, desde hace dos días he estado pensando: ¿Qué podríamos aportar las periodistas a este debate sobre la educación de los futuros colegas, además de, obviamente, informar al público sobre el proceso y sobre las decisiones que se tomen? Por si hay tiempo de incorporar sugerencias, aquí van mis reflexiones y espero que otros colegas también se animen. Es urgente.
Debemos aportar nuestras opiniones y sugerencias desde la experiencia y desde los valores que queremos mantener en nuestra profesión en el contexto de los debates contemporáneos sobre prensa, democracia y poder; y de la ya larga crisis de credibilidad y de sostenibilidad del periodismo en todo el mundo. Crisis que en el país es especialmente preocupante por el deterioro de la calidad de los contenidos, la poca diversidad de temas y enfoques y la concentración mediática. Aunque las redes sociales y las plataformas digitales pueden dar la impresión de una gran diversidad de espacios informativos, la verdad es que hay poca producción periodística fuera de los medios tradicionales, pero este es tema para otra columna.
Antes de aportar mis sugerencias, haré una aclaración de orden: no existe un paraíso perdido del periodismo perfecto, ético, valiente y comprometido al que volver. Existen momentos. El periodismo es y siempre ha sido una de las carreras con mayores contradicciones y dilemas éticos.
Si revisamos los medios nacionales e internacionales públicos y privados de 1950, 1960 y 1970, veremos una gran carga de amarillismo, machismo en noticias sobre violencia y textos vendidos como información imparcial cuando en realidad eran propaganda del Gobierno o del empresariado. En fin, tenían todos los males de los que ahora culpamos a los periodistas jóvenes.
Pero, en otra cara de la moneda, incluso en periódicos impresos bajo dictaduras, se publicaron noticias útiles que informaron al público sobre salud, educación o economía; y denuncias que desafiaron al poder gracias a la valentía de periodistas y editores cuyo compromiso fue más fuerte que el miedo. El periodismo siempre ha visto la gloria, la infamia y muchos matices grises en el medio, incluyendo el aburrimiento. Es una carrera de servicio público y decisiones complejas que necesita libertad para desarrollarse: esa es la parte que no cambia.
¿Por qué esta perspectiva importa? Necesitamos educar a los futuros periodistas para que comprendan y utilicen las nuevas tecnologías, los algoritmos, las plataformas y la inteligencia artificial de forma crítica, al servicio del buen periodismo, es decir de la ciudadanía, y no al servicio de la banalización de la información; o peor aún, al servicio del poder
¿Y cómo podemos enfrentar tal desafío? Hay que conservar la enseñanza de las humanidades y las ciencias sociales como parte de la carrera, en su esencia. El periodismo que se nutre y defiende, en primer lugar, la libertad, no puede, no debe ser ejercido por personas que solo sepan gramática y sintaxis para escribir con claridad, técnicas periodísticas para transmitir el mensaje de forma eficiente y tecnologías para difundir y conectar con las audiencias.
Necesitamos también gente que pueda reflexionar sobre la ética en su relación con las fuentes y las audiencias, que comprenda el peso de sus palabras para estigmatizar o integrar a grupos socialmente excluidos, para tender puentes de diálogo y, claro, para cuestionar al poder estatal, empresarial o intelectual.
El poder siempre debe ser mirado con lupa, incluso el poder de la prensa. Poder que no se cuestiona se corrompe, se pudre, se banaliza o se autodestruye llevándose, a su paso, los derechos de otros. Ahí está la historia para recordarnos cómo proyectos que nacieron de procesos democráticos o de nobles ideales se volvieron caricatura u horror, muchas veces ante la mirada de una prensa cómplice.
¿Qué queremos de los periodistas en estos tiempos, además de técnicas para contar historias y buen manejo de las tecnologías?
Necesitamos profesionales que comprendan su carrera para que no confundan el periodismo con las relaciones públicas, con el marketing o el manejo de redes sociales.
Todos son oficios valiosos y necesarios que, como gente de clase trabajadora, realizamos en un momento u otro, pero el periodismo tiene un propósito claro: informar de la realidad política, económica, social y cultural de un territorio para que la gente tome decisiones de manera consciente y con amplitud de miras. Estas decisiones están relacionadas con la calidad de la democracia, la participación política, la demanda de derechos sociales, la organización sindical y el derecho a crear y a disfrutar de las artes y la cultura. ¿Nos arriesgaremos a que quienes tienen tal responsabilidad solo sepan escribir, presentar frente a la cámara y usar las redes sociales?
¿Qué debe saber un periodista para presentar una perspectiva lo más cercana posible a la verdad, diversa, plural, interesante y útil a la ciudadanía? Aquí mis cuatro asignaturas innegociables.
- Filosofía y ética, para que comprenda cuando está frente a un conflicto de intereses o a una situación problemática y tome decisiones informadas que luego pueda explicar en toda su complejidad a las ciudadanas y los ciudadanos. Estos conflictos, grandes o pequeños, son más frecuentes de lo que nos imaginamos. Tienen que ver con la protección de la integridad de las personas, con el financiamiento y la independencia de los periodistas, entre otros aspectos.
- Historia. Necesitamos gente capaz de conectar los hechos actuales al menos con la historia reciente, que pueda discernir a quién entrevistar o en qué fuente documental buscar para ampliar el contexto de una noticia.
- Sociología básica. Quiero que la gente que me informa en las mañanas comprenda que casi todas las situaciones individuales tienen un componente estructural para que no afirme con ligereza, implícita o explícitamente, que “el pobre es pobre porque quiere” o que las víctimas de feminicidio “se lo buscaron”. No quiero que sean sociólogos. Quiero leer reportajes que pongan en contexto la pobreza de un barrio, la subida de la gasolina o el último álbum de reguetón. Es decir, quiero leer, escuchar y ver periodismo de calidad, sin propaganda ni adulación al poder.
- Matemáticas y estadística. Una de las grandes fallas en la carrera, y de las que más me afectó como estudiante, fue la debilidad en la enseñanza de las matemáticas. Pienso que a mi generación le tomó tiempo entender que no era posible hacer buen periodismo sin un manejo al menos básico del razonamiento matemático.
Posiblemente las metodologías de enseñanza no eran las más adecuadas para enamorar a jóvenes cuestionadores, rebeldes y, todo hay que decirlo, ignorantes de lo que les esperaba en las redacciones, de los informes que había que analizar para no propagar de forma acrítica o directamente errónea, los datos de los informes oficiales. Quizás vale la pena reunir a los profesores de matemática y estadística con los de técnica de redacción para armar un programa útil e interesante para reporteras y reporteros.
Por supuesto, ninguna educación funcionará bien si no tenemos un ecosistema de medios adecuado. Quizás las presentes y las futuras generaciones con formación académica sólida, creatividad y pensamiento crítico (y con algo de matemáticas, jajaja), ampliarán ecosistemas de medios alternativos, sostenibles (que garanticen salarios y condiciones de trabajo dignas), de servicio público, con propuestas éticas y de gran valor para la ciudadanía. No hemos renunciado al periodismo, lo estamos reinventando, y las aulas deben ser nuestras aliadas.
La Canoa Púrpura es la Columna de Libertarias, espacio sobre mujeres, derechos, feminismos y Nuevas Masculinidades que se transmite en La República Radio, por La Nota.

