Por LUIS MAYOBANEX RODRÍGUEZ
Activista social y miembro fundador
del movimiento Resistencia y Solidaridad (ReSo)
Conmemorar la independencia nacional y hacerlo desde una perspectiva que consolide los valores más positivos de nuestra identidad como pueblo y nación es inseparable de la participación de nuestra diáspora.
Ignorarla, como hasta ahora han hecho los gobiernos conocidos, es continuar con celebraciones fofas que disminuyen y convierten en simples caricaturas todo lo que simboliza la Patria.
Por eso, a los representantes consulares y de otras instancias oficiales jamás se les ha ocurrido pequeñas pero simbólicas iniciativas, como la de erigir de forma permanente la bandera dominicana en lugares simbólicos como el de la estatua de Juan Pablo Duarte, ubicada en la Sexta Avenida y Canal Street, y el Triángulo con su nombre situado en la intersección de Broadway y Saint Nicholas a Esquina calle 170, en Washington Heights.
No reparan siquiera en darle un uso más efectivo a la Dirección de Cultura Dominicana en el Exterior, la que tiene como misión difundir, promover y preservar nuestra identidad, para lo cual es crucial el trabajo directo con los jóvenes dominicanos sean por origen o descendencia.
Su proceder es más crítico, dado que en el caso de Nueva York su local se encuentra en el corazón de la comunidad y no se le ocurre buscar acuerdos con escuelas del barrio y las autoridades educativas para que en fecha como la Independencia Nacional se facilite a los estudiantes, mayoría dominicanos, a disfrutar y aprender de actividades como la actual y bella exposición de fotos y máscaras de nuestras tradiciones carnavalescas.
Aunque parezca que es mucho esperar de la representación oficial del país, algo trascendente que pueden contribuir a realizar es que se contemplen en los programas académicos de las universidades públicas de Nueva York cursos sobre cultura, historia y sociedad dominicana, tal y como por años ha estado reclamando el educador e historiador Anthony Steven Acevedo.
Esa es una forma concreta de fortalecer y preservar la identidad nacional, no tan solo gritando roba la gallina.
Obvio que para una iniciativa como esta se requiere de una participación fundamental de los oficiales electos de la ciudad, sobre todo los de origen dominicano.
Procede indicar que las decenas de miles de estudiantes dominicanos/as representan una parte importante del estudiantado en el CUNY.

