Por ALFONSO -FONCHI- TEJEDA
Después de la pandemia del COVID-19, Nueva York vive un vigoroso momento de jubiloso ánimo en el que los deportes tienen una muy exultante presencia, particular en el baloncesto con los legendarios Knicks disputándose -y con mucha expectativa-, el campeonato nacional de esa liga (NBL); y la zozobra del próximo campeonato mundial de fútbol (¡soccer! en Estados Unidos), que en esta oportunidad comparte sede con los otros dos países de Norteamérica: Canadá y México.
Y aunque la capital del mundo está fuera del extenso calendario de 104 juegos que se disputarán 48 equipos nacionales, su vecindad con New Jersey, donde se celebrarán ocho juegos y la gran final del evento, contagia a muchos y también reporta a la economía del otro lado del río Hudson una viralidad económica que ya se registra en las cajas contadoras de los negocios del ocio, semanas antes del inicio que es este próximo sábado 13 de junio.
Sin ser un deporte masivo como el beisbol, el basquetbol o el “fútbol americano“ – este sí dominante-, los teóricos del soccer advierten en este mundial dos aspectos importantes: esa práctica ya se está colocando en Estados Unidos como realidad que disfrutan más de 20 millones y casi la totalidad de esa fanaticada tiene característica definida: hablar el español, idioma y ascendencia que en Nueva York mueven la lucha política.
Cierto es que muchísimos fanáticos se alejarán de los estadios donde se juegue el mundial temerosos de la represión de ICE, la atropellante unidad anti inmigratoria, que en La Gran Manzana se ha confrontando desde el despliegue promovido por el gobierno de Trump después de su regreso en enero del 2025, en un pugilato que hoy parece haber extenuado los iniciales ímpetu con que la administración aterrizó en esa Ciudad Santuario.
Los dos estados vecinos separados por el río Hudson están entre sus pares que desde la asunción de Trump protagonizan protestas contra las políticas de la administración del republicano, con mayor énfasis en el tema inmigratorio, las que se han convertido en una costumbre en cada inicio de mes, y que la semana pasada provocó graves enfrentamiento en un centro de detención en Newark, Nueva Jersey, dónde ya los republicanos han sufrido importantes derrotas electorales.
Nueva York es una ciudad en la que la dotación de servicios es preponderante, que cuando la embestida antiinmigrante del gobierno de Trump inició, la economía se resintió hasta cifras de dos dígitos; situación que este momento de entusiasmo, aguijoneado por el deporte, puede hacer saltar el cerco, pues necesita de quienes son indispensables para garantizar los servicios que “la ciudad que nunca duerme” demanda, pero muchos temen exponerse.

