
(Instituto Schiler).- La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, publicó una cruda advertencia sobre los efectos catastróficos a nivel mundial que serían desencadenados por una guerra nuclear. Gabbard relata lo que aprendió durante su viaje a Hiroshima, lugar donde se utilizó por primera vez un arma nuclear, y destaca que las armas nucleares actuales son mucho más potentes y que una sola podría matar a millones de personas en cuestión de minutos. Afirma que “mientras estamos aquí hoy, más cerca que nunca del borde de la aniquilación nuclear, la élite política y los belicistas están fomentando de forma imprudente el miedo y las tensiones entre las potencias nucleares”.
“Por lo tanto, depende de nosotros, el pueblo, alzar la voz y exigir el fin de esta locura”, agrega. “Debemos rechazar ese camino hacia la guerra nuclear y trabajar por un mundo en el que nadie tenga que vivir con el miedo a un holocausto nuclear”.
En respuesta a las descabelladas denuncias de la declaración de Gabbard como «alarmismo», «aislacionismo» o de «propaganda rusa», uno de sus colaboradores respondió: «Reconocer el pasado es fundamental para informar el futuro. El Presidente Trump ha declarado repetidamente en el pasado que reconoce el sufrimiento inconmensurable y la aniquilación que puede causar una guerra nuclear, por lo que ha sido inequívoco en que todos debemos hacer todo lo posible para trabajar por la paz».
El conflicto entre la OTAN y Rusia, como los ataques del 1º de junio contra las capacidades estratégicas rusas, que implican una enorme escalada, no es el único peligro que amenaza al mundo con el espectro de la guerra nuclear.
¿Y qué pasa con Irán?
Trump expresó su escasa confianza en poder llegar a un acuerdo con Teherán. En el podcast «Pod Force One» declaró: «No lo sé. Lo creía, pero cada vez tengo menos confianza».
“Ahora tengo menos confianza que hace un par de meses. Les ha pasado algo, pero tengo mucha menos confianza en que se llegue a un acuerdo”, dijo. Aunque Trump reconoce que “sería mejor hacerlo sin guerra, sin que muriera nadie”, es su propia insistencia en que Irán ponga fin por completo a su programa de enriquecimiento nuclear lo que hace que un acuerdo sea prácticamente imposible.
Pero incluso en ese caso, una propuesta de Rusia para gestionar los materiales nucleares de Irán podría suponer una salida remota a un enfrentamiento militar que, de otro modo, sería inevitable. La prensa iraní informó que Moscú y Teherán han firmado un acuerdo para que Rusia construya ocho centrales nucleares en Irán.
El gobierno de Netanyahu en Israel sigue amenazando con una acción militar contra Irán, lo que le ha valido las reprimendas de Trump, que al mismo tiempo parecen dejar la puerta abierta a los ataques israelíes en caso de que fracasen las negociaciones. Y el reciente robo de secretos nucleares y militares de Israel por parte de Irán podría dar a Teherán opciones más perjudiciales para contraatacar. Irán ha amenazado con que un ataque estadounidense provocaría la expulsión de Estados Unidos de sus bases en la región. La presencia diplomática estadounidense en la región ya se está reduciendo.
En el tercer frente importante de conflicto potencial, China, hay destellos de esperanza junto al peligro constante. Tras otra ronda de negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China en Londres, ambos países anunciaron avances para reanudar el comercio, así como la restauración del acceso a las tierras raras. «Nuestro acuerdo con China está cerrado, sujeto a la aprobación final del Presidente Xi y mía», anunció Trump.
Y en Alemania, que ahora está considerada por las encuestas de opinión pública en Rusia como el país más «hostil» hacia Rusia, destacados miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), miembro de la coalición gobernante, publicaron una exigencia para que Alemania dé un giro de 180 grados en su política antirrusa.
Tulsi Gabbard dijo: «Depende de nosotros, el pueblo, alzar la voz y exigir el fin de esta locura». Tiene razón. Es fundamental reconocer, como hizo Lyndon LaRouche hace medio siglo, y como cada vez más personas reconocen ahora, el papel del imperio británico en el fomento de los conflictos, en lugar de permitir que un nuevo paradigma de relaciones internacionales sustituya al hegemonismo anglo-estadounidense de gran parte del siglo pasado.
Alcen la voz contra la locura y alcen la voz a favor de un nuevo renacimiento global de paz y desarrollo, una nueva arquitectura para las relaciones internacionales.

