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Ganancias tácticas, derrotas estratégicas: Cómo las alianzas con el partido de gobierno abren la puerta a la ultraderecha

by Redacción

Por Jonas de León 
Educador y activista. 

En política, las decisiones tácticas pueden tener consecuencias imprevistas que van más allá de lo inmediato. Un ejemplo claro de esto se encuentra en la experiencia de Alianza País en la República Dominicana, un partido que surgió como una alternativa anticorrupción y antiestablishment, pero que, al aliarse con el partido de gobierno, no solo diluyó su mensaje, sino que también abrió la puerta al ascenso de grupos ultraderechistas. Este fenómeno no es aislado y encuentra paralelos en otros contextos latinoamericanos, como el caso del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador. Ambos casos demuestran cómo las alianzas con partidos tradicionales, que toleran la corrupción y favorecen a las multinacionales, pueden generar un vacío que aprovechan fuerzas extremistas.

Alianza País, liderado por Guillermo Moreno, emergió como una fuerza política prometedora en la República Dominicana, ganando popularidad al denunciar escándalos de corrupción como el contrato Barrick-Pueblo Viejo y otros contratos leoninos que beneficiaban a intereses poderosos. Su mensaje antiestablishment resonó con una ciudadanía cansada de décadas de corrupción y amiguismo, representado por los partidos tradicionales como el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Partido Revolucionario Moderno (PRM). Sin embargo, en las elecciones presidenciales de 2024 Alianza País decidió formar una alianza con Luis Abinader del PRM, un movimiento que, aunque buscaba fortalecer su posición frente al PLD, terminó por socavar su identidad como alternativa genuina.

Esta alianza no solo diluyó el mensaje anticorrupción de Alianza País, sino que también generó desconfianza entre sus bases. Muchos simpatizantes vieron esta decisión como una traición a los principios fundacionales del partido, especialmente porque el PRM, aunque en el poder, ha sido acusado de tolerar prácticas corruptas y de favorecer a empresas multinacionales en detrimento de los intereses nacionales. La alianza no solo no se tradujo en éxito electoral—Alianza País perdió la contienda por el Senado en Santo Domingo—, sino que también provocó una crisis interna que amenaza la supervivencia del partido.

Pero el problema no termina ahí. Al debilitarse como alternativa creíble, Alianza País dejó un vacío político que ha sido aprovechado por grupos ultraderechistas. En las últimas elecciones, estos grupos obtuvieron más votos que Alianza País, un hecho que refleja cómo la desilusión con los partidos tradicionales y sus aliados puede llevar a un giro hacia opciones más radicales. Este fenómeno no es exclusivo de la República Dominicana. En El Salvador, el FMLN también experimentó un declive similar después de aliarse con élites y no abordar adecuadamente la corrupción y la desigualdad, lo que permitió el ascenso de Nayib Bukele, un líder populista con tendencias autoritarias.

El artículo de Página 12 titulado «República Dominicana: Gira a la derecha» (https://www.pagina12.com.ar/789355-republica-dominicana-gira-a-la-derecha) destaca cómo el panorama político en el país ha ido virando hacia opciones más conservadoras y extremistas. Este giro no es casual, sino el resultado de una serie de decisiones tácticas de partidos como Alianza País, que, al aliarse con el partido de gobierno, perdieron su capacidad de representar una verdadera alternativa. La ciudadanía, frustrada por la falta de cambios reales y la persistencia de la corrupción, ha comenzado a buscar respuestas en grupos que, aunque radicales, prometen un cambio drástico.

La lección es clara: las alianzas con partidos que toleran la corrupción y favorecen a las multinacionales no solo erosionan la credibilidad de los movimientos reformistas, sino que también abren la puerta a fuerzas ultraderechistas. Alianza País, al aliarse con el PRM, no solo perdió su identidad, sino que también contribuyó a un escenario en el que la ultraderecha gana terreno. Esto no es solo un problema para el partido, sino para la democracia en su conjunto, ya que el ascenso de grupos extremistas suele venir acompañado de políticas excluyentes y autoritarias.

En conclusión, las decisiones tácticas en política deben ser evaluadas no solo por sus beneficios inmediatos, sino también por sus consecuencias a largo plazo. Alianza País, al aliarse con el partido de gobierno, no solo debilitó su posición, sino que también facilitó el ascenso de la ultraderecha. Este es un recordatorio de que, en política, las victorias a corto plazo pueden convertirse en derrotas estratégicas si no se mantienen los principios fundamentales. Los movimientos políticos deben ser cautelosos al formar alianzas, especialmente con partidos que toleran la corrupción y favorecen a intereses extranjeros, ya que estas decisiones pueden tener repercusiones profundas y duraderas en el panorama político de un país.

El FMLN en El Salvador: Un paralelo revelador

El caso del FMLN en El Salvador ofrece un paralelo revelador. Este partido, que surgió como una fuerza revolucionaria durante la Guerra Civil (1980-1992), se transformó en un partido político después de los acuerdos de paz. Durante años, el FMLN prometió justicia social y reformas, ganando la presidencia en 2009 con Mauricio Funes y en 2014 con Salvador Sánchez Cerén. Sin embargo, sus compromisos con las élites y su incapacidad para abordar problemas sistémicos como la corrupción, la desigualdad y la violencia de las pandillas llevaron a una creciente desilusión entre sus bases.

El FMLN, al igual que Alianza País, formó alianzas tácticas con grupos centristas y élites empresariales para consolidar su poder. Estas decisiones, aunque efectivas a corto plazo, socavaron su credibilidad como fuerza de cambio. Muchos salvadoreños comenzaron a ver al FMLN como parte del sistema que decía combatir. Este vacío fue aprovechado por Nayib Bukele, un líder populista que, aunque originalmente miembro del FMLN, se distanció del partido y se posicionó como una figura antiestablishment. Bukele criticó tanto al FMLN como a ARENA por ser corruptos e ineficaces, atrayendo a votantes cansados de la política tradicional. En 2019, Bukele ganó la presidencia por amplio margen, marcando el declive del FMLN como fuerza política dominante.

El ascenso de Bukele no solo representó una derrota estratégica para el FMLN, sino que también demostró cómo las alianzas tácticas con élites y partidos tradicionales pueden abrir la puerta a líderes populistas con tendencias autoritarias. Bukele, una vez en el poder, ha consolidado su control sobre las instituciones, debilitando los controles democráticos y promoviendo políticas que han sido criticadas por su carácter excluyente y represivo.

Lecciones para los movimientos políticos

Las experiencias del FMLN en El Salvador y Alianza País en la República Dominicana ofrecen lecciones cruciales para los movimientos políticos que buscan equilibrar ganancias tácticas con principios estratégicos. Ambos partidos ganaron popularidad al abanderarse como campeones de la lucha contra la corrupción y las reformas, pero socavaron su credibilidad mediante decisiones tácticas que los hicieron parecer cómplices de los mismos sistemas que decían combatir. Ambos enfrentaron los riesgos de las alianzas, que, aunque potencialmente beneficiosas a corto plazo, erosionaron sus identidades y alienaron a sus bases, llevando a derrotas estratégicas a largo plazo. Ambos fallaron en abordar problemas sistémicos como la corrupción, la desigualdad y el crimen, creando espacios para que outsiders populistas los explotaran. Y ambos enfrentaron crisis internas como resultado de sus decisiones tácticas, amenazando su supervivencia como fuerzas políticas.

En ambos casos, la lección es clara: las victorias tácticas no significan nada si preparan el escenario para una derrota estratégica. Los movimientos políticos deben mantenerse fieles a sus principios fundamentales y abordar los problemas sistémicos si esperan lograr un cambio duradero. De lo contrario, corren el riesgo de ganar la batalla pero perder la guerra.

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