Home EIRNS El orden mundial neoliberal está en crisis: llegó la hora de un nuevo sistema

El orden mundial neoliberal está en crisis: llegó la hora de un nuevo sistema

by Redacción

12 de enero de 2025 (EIRNS).— La llegada de un segundo gobierno de Donald Trump ha puesto los pelos de punta a todos los defensores del orden liberal occidental. Aunque lo que Trump pretende hacer en realidad sigue siendo un misterio, no cabe duda de que al mundo le espera un viaje rudo. Pero, ¿podrá crearse algo en estos próximos cuatro años que sea genuinamente positivo y capaz de sustituir los males del orden mundial imperante post Bretton Woods por un sistema que realmente resuelva los problemas fundamentales del mundo?

El 9 de enero se llevó a cabo en Alemania la última reunión del Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania bajo el gobierno de Biden. Las bravatas estuvieron al mayor, Estados Unidos anunció otros $500 millones de dólares en armas para Ucrania, junto con las letanías de prometer seguir apoyando a Ucrania “todo el tiempo que haga falta” por parte de todos los participantes.

 El tema de la reunión fue “el desarrollo futuro de las fuerzas hasta 2027”, con el llamado a que otros miembros de la OTAN asumieran responsabilidades en los distintos ámbitos de apoyo a Ucrania durante los próximos tres años.

Sin embargo, los comentarios de Trump sobre Ucrania no auguran nada bueno para los planes cuidadosamente elaborados del grupo de Ramstein. Tampoco indican una continuidad sin problemas para el “orden basado en reglas” en general si Trump rechaza la política de “guerras sin fin” y, en su lugar, se embarca en una senda de conversaciones efectivas con los mandatarios del mundo en vez de sermonearlos, como acaba de sugerir que haría el enviado de Trump para Ucrania. 

Los nombramientos que hizo Trump de Tulsi Gabbard y Kash Patel (ambas personas ajenas al mundo de la burocracia permanente de Washington acostumbrada a seguir los guiones que les dictan) estarían en esa misma dirección. Lo mismo podría decirse de su rechazo a las políticas ambientalistas, quehan resultado tan destructivas para las economías occidentales, como se muestar en los recientes incendios de California.

Pero “Estados Uniso primero” es algo muy distinto a “la humanidad primero”, o de una “comunidad de principios” entre Estados nacionales soberanos en defensa contra el imperio, como subrayó el estadounidense John Quincy Adams. El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, está finalizando su visita a cuatro países africanos, una tradición china que consiste en comenzar cada año con una visita sustancial al continente africano para subrayar la importancia que China concede al mismo. 

Muchas naciones africanas se han vuelto destacados opositores al imperialismo moderno y a la política de guerra sin fin y han surgido como voces maduras para detener la guerra en Ucrania. Del mismo modo, muchos en África se oponen a las mortíferas políticas de energías renovables, y algunos las tachan de “colonialismo del carbono”.

En lugar de empeñarse en “contener” a China (o a Rusia, para el caso), ¿se empeñara el Estados Unidos de Trump junto a China para convertir a los países africanos en potencias industriales modernas? Una política así no sólo reflejaría una perspectiva más sana que el simple “Estados Unidos primero”, sino que sería la única forma efectiva de resolver la tan cacareada crisis migratoria. Lo mismo podría decirse de Iberoamérica, donde las recientes inversiones chinas en la planta siderúrgica del Mutún, en Bolivia, y en el puerto de Chancay, en Perú, ofrecen un anticipo del tipo de proyectos económicos transformadores que son posibles.

¿Y qué decir de Gaza y del resto de Palestina, donde los radicales israelíes presionan ahora para que se abra un nuevo frente en Cisjordania? Aquí, más que en ningún otro lugar, la bancarrota moral del orden liberal occidental es más evidente. Un lugar donde los directores de hospitales son tachados de “terroristas” y secuestrados en campos de tortura; y donde se restringe el combustible de los pocos hospitales que aún funcionan, lo que garantiza la muerte de recién nacidos y niños en incubadoras y de todos los que aún permanecen vivos en su interior. ¿Puede esta horrible expresión de la quiebra moral de los dirigentes occidentales convertirse en motor de un nuevo sistema más humano en el mundo?

Estas y otras interrogantes son la inevitable realidad que se impone, tanto si Trump quiere aceptarla como si no. Por eso hay que poner sobre el tapete una nueva arquitectura de seguridad y desarrollo, y organizar en torno a ella, como única alternativa al actual orden neoliberal que se derrumba. La Presidencia estadounidense es una institución a la que hay que dar forma, no a la que hay que rendir culto. Por lo tanto, ahora es el momento más importante para actuar y reivindicar las soluciones que el mundo necesita desesperadamente, para dar forma al gobierno entrante.

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