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Los vampiros de la OTAN aúllan; el Instituto Schiller eleva su participación

by Redacción

11 de septiembre de 2024 (EIRNS) —¿Qué es lo que ha causado que una oscura publicación con sede en Francia, Intelligence Online, de repente no sólo ataque al Instituto Schiller, sino que también pida al Departamento de Justicia de Estados Unidos que «calle al [Instituto] Schiller» y lo clausure? ¿Fue algo que dijo el Instituto Schiller? No exactamente, pero casi. 

El Instituto Schiller publicó el 3 de septiembre una veraz evaluación del embajador Jack Matlock sobre lo absurdo de la actual política exterior y militar (contraproducente) de Estados Unidos respecto a Rusia, China y el Sudoeste de Asia (que, desde marzo de este año, incluye el compromiso de una guerra nuclear en tres frentes contra Rusia, China y Corea del Norte) y otros medios informativos la están reseñando.  Esto ha provocado un pequeño terremoto entre las otrora competentes «élites» transatlánticas, que, a diferencia de los «hijos de Madeleine Albright» (Antony Blinken, Victoria Nuland, Samantha Power y otros) saben que lo que ha dicho Jack Matlock es cierto. Matlock fue embajador nombrado por el Presidente Ronald Reagan ante la Unión Soviética de 1987 a 1991, y un testigo auténtico, participante y forjador de nuestra historia actual, una estirpe muy diferente a la de los “ligas menores” actuales del Departamento de Estado. 

«Me parece que es extremadamente peligroso intentar lo que es, en efecto, una guerra no declarada contra una potencia armada nuclear, que percibe, con razón o sin ella, que su soberanía e incluso su existencia política están siendo amenazadas», informó Sputnik de las declaraciones de Matlock en su entrevista del 3 de septiembre. Matlock comentó días después, en la reunión del 6 de septiembre de la Coalición Internacional por la Paz, que «creo que lo que tenemos que entender es que la expansión de la OTAN, y en particular las bases, y en este caso, se trataba de las bases previstas en Polonia y Rumanía para misiles antibalísticos, resultó que, aunque se trataba de armas defensivas, podrían convertirse fácilmente en armas ofensivas. Así que era comprensible que el mandatario ruso (Putin) se opusiera rotundamente. Y sin embargo, seguimos adelante, y tras retirarnos progresivamente de prácticamente todos los acuerdos de control de armamentos que habíamos negociado en los años ochenta y principios de los noventa, empezamos a intentar influir en el gobierno de Ucrania y a ofrecerle el ingreso en la OTAN. Así que creo que esto fue una reversión completa de la diplomacia que utilizamos en la Guerra Fría». 

Sin embargo, a la OTAN de su satánica majestad no le agradó ni la franqueza de Matlock ni el momento elegido. Después de todo, sus declaraciones se producen justo antes de que llegue a Estados Unidos el nuevo Primer ministro de Gran Bretaña recién electo, Keir Starmer, del Partido Laborista. Viene en parte para certificar que Joe «aquí estoy» Biden, mediante una carta enviada el 29 de julio al Congreso, se asegure de que las capacidades de armamento nuclear estadounidenses sean plenamente accesibles, en virtud de una modificación en el Acuerdo de Defensa Mutua de 1958 entre Gran Bretaña y Estados Unidos, para que de hecho lo desplieguen los “cerebros británicos”. Ningún futuro Presidente, ni el Congreso, podrán cuestionar este acuerdo, que viola flagrantemente la Constitución de Estados Unidos. Algunos le llaman a esto la «relación especial». Otros dicen la verdad, y lo llaman traición en contra de la Constitución de Estados Unidos. 

El lunes 9 en Londres, Tony Blinken, en compañía del ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, David Lammy, dijo: «Hablamos de la relación especial. A mí me gusta llamarla esencial; esencial para nuestras naciones, esencial para nuestra gente, esencial para la gente más allá de nuestras costas». Así como hacía en su papel de “asesoría” supervisora la casta sacerdotal babilónica para el Estado militar persa, es en la City de Londres y en Wall Street donde se centralizan ahora las decisiones. Washington, DC y su Presidencia se están convirtiendo en un mero lugar de paso. ¿Será una guerra termonuclear, por error de cálculo o por diseño, el resultado de todo esto? 

Sin embargo, ¿qué tal si simplemente se volteara todo el tablero de ajedrez? ¿Y qué tal si las voces de la razón, como la de Jack Matlock, o la de  Ray McGovern, cofundador de Profesionales Veteranos de Inteligencia por la Cordura (VIPS por sus siglas en inglés), o la del coronel (r) Larry Wilkerson, de la Red de Medios Eisenhower, se amplificaran y se hicieran oír con éxito en Estados Unidos, con el eco de voces similares en Alemania, Francia, Italia, Suecia y muchas otras naciones? Ese es el proceso que está ocurriendo a través de la Coalición Internacional por la Paz (CIP). Es la condición previa para un verdadero diálogo socrático sobre una nueva arquitectura de seguridad y desarrollo. 

Esto es sumamente necesario, porque la situación diplomática actual está en un punto muerto. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, hizo hincapié el 9 de septiembre que, en su opinión, «una vez más, el problema no son los territorios, sino los derechos de las personas, que han sido despreciados, y todas las iniciativas políticas que circulan por ahí no los mencionan». 

Son los Diez Principios para una Nueva Arquitectura Internacional de Seguridad y Desarrollo propuestos por Helga Zepp-LaRouche y el Instituto Schiller, que de hecho, sí toman en cuenta los intereses de todos. La posibilidad de que la propuesta del Instituto pueda catalizar con éxito un «Concilio de la Razón» entre las naciones transatlánticas, que derrocaría a los “perros rabiosos y al imperio británico” que están provocando la guerra nuclear, ya espantó a la OTAN y su policía del pensamiento. Publicaron por medio de su agencia llamada Intelligence Online un artículo titulado «Una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington sigue difundiendo el mensaje del Kremlin», que comienza así: «El Instituto Schiller ha seguido cooperando con medios de comunicación rusos, aún cuando en Estados Unidos se toman medidas enérgicas contra la influencia extranjera».  Aunque se trata de la misma táctica utilizada en la activación en 1982 de la Junta Asesora de Inteligencia Exterior del Presidente (PFIAB, por sus siglas en inglés) contra el economista, estadista y cofundador del Instituto Schiller, Lyndon LaRouche, hay una diferencia. 

Ahora, en el 2024, cuarenta y dos años después, este «truco sucio» está condenado al fracaso, como los intentos de desmembrar a Rusia, o de contener a China, o de exterminar a los palestinos. En aquel entonces no existía el BRICS-Plus, ni la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, ni los avanzados programas espaciales de India, China, incluso de los EAU, tampoco existían. La creciente ola de censura a periodistas impuesta por el gobierno estadounidense es un vano intento de producir un efecto amedrentador contra un volcán de descontento, descontento que crece con cada intento de disminuir su voz y su poder. Tulsi Gabbard, quien fue vicepresidenta del Comité Nacional Demócrata, está incluida (según sus propias palabras) «en una lista secreta de vigilancia terrorista… Ahora el gobierno me llama amenaza terrorista«. ¿Es eso una expresión impresionante de poder o de debilidad?

En un ambiente supersaturado, una sola molécula, una «fuerza débil», puede provocar la cristalización, la aparición repentina de una estructura bien definida y ordenada, «como salida de la nada”. Del mismo modo, una idea, basada en un principio, tachada de “poco práctica» sólo unos meses antes, puede convertirse en la divisa intelectual dominante en tiempos de crisis. Esa idea, representando un principio más profundo, invisible, elevado, «poético», puede tomar la forma de una política efectiva, acogida por gran parte, incluso por toda la humanidad, de tal manera que las personas y los dirigentes imperfectos, «aunque nieguen y abjuren, se ven obligados a servir a ese poder que está sentado en el trono de su propia alma». Esa es la razón por la cual, a pesar de todas nuestras fallas e imperfecciones, la observación de Percy Shelley, citada a menudo, de que «los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo» nos indica por qué método nosotros, y la humanidad, podemos esperar prevalecer. Es a la luz de esa verdad, dicha por el embajador Matlock y otros, que la falsa autoridad actualmente esgrimida por los vampiros de la guerra total y sin fin, se evapora, como un vampiro se autodestruye a la luz del sol.

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