Por ING. ERICK SARANTE
Chief Security & Resilience Officer (CSRO) | Especialista en Seguridad e Inteligencia de Riesgos | Experto en Geopolítica | MBA | Doble Máster en Defensa y Seguridad Nacional | Asesor Estratégico | Escritor | Poeta
Cuando hablamos del año 2050, suena lejano. Pero no lo es. Estamos hablando de veinticuatro años. Una sola generación. La pregunta no es si existiremos. La pregunta es: ¿en qué condiciones llegaremos? ¿Cómo nación soberana o como un territorio cuyas decisiones se toman en otras capitales?
Juan Pablo Duarte dejó claro desde el nacimiento mismo de nuestra República: «La Nación Dominicana es libre y no es ni puede ser jamás patrimonio de familia ni de partido alguno». Esa verdad fundamental parece olvidarse cuando planificamos la defensa del país. La seguridad nacional no pertenece a quien gobierna hoy. Pertenece a todos los que vivirán aquí mañana. Y no se construye en cuatro años. Se construye en décadas.
Nuestra posición: un regalo y una responsabilidad
República Dominicana está situada en el centro de las rutas más transitadas del hemisferio. Somos puente entre el Atlántico y el Caribe. Nuestras aguas guardan recursos que, en las próximas décadas, serán motivo de competencia mundial. Nadie puede cambiar nuestra ubicación. Lo que sí podemos cambiar es si estamos preparados para defenderla.
El pensador y expresidente Juan Bosch advirtió hace décadas que el Caribe no es un rincón apartado del mundo: es «frontera imperial». Hoy esa advertencia cobra fuerza. Grandes potencias vuelven a mirar este mar. Y en ese escenario, el país que no defina su propio rumbo, terminará navegando por rutas que otros le trazan.
La frontera que no cerramos con visión de Estado
El primer obstáculo que veo, el más urgente, es la crisis a nuestra puerta. Compartimos casi cuatrocientos kilómetros con un Estado que ha colapsado. No es un problema de ellos: es nuestra seguridad más inmediata. Armas, redes criminales, presión humana: todo cruza esa línea todos los días.
Lo que me preocupa no es la crisis en sí. Es que no tenemos una política que la trascienda. Cada gobierno empieza de nuevo. El presidente Luis Abinader lo ha expresado con claridad: «No hay Estado de derecho sin control efectivo del territorio». Pero el control de la frontera no se logra en un mandato. Requiere un pacto que dure treinta años. Mientras no lo tengamos, nuestra soberanía estará siempre a merced de eventos que no controlamos.
El clima como cuestión de defensa
República Dominicana figura consistentemente entre los países más vulnerables del mundo ante desastres naturales. Huracanes, sequías, pérdida de costa. Y sin embargo, seguimos hablando del cambio climático como si fuera un tema de ecologistas, no de generales.
Permítanme decirlo con toda claridad: el cambio climático es la amenaza de seguridad más grande que enfrentaremos. Si nuestras ciudades costeras, nuestros puertos, nuestras bases quedan expuestas, no hay defensa que valga. No podemos llamarnos país seguro si cada tormenta nos devuelve veinte años.
Cuando el crimen sabe más que el Estado
Las redes criminales que operan en el Caribe no son bandas callejeras solamente. Son estructuras con financiamiento, tecnología e información que superan a las instituciones de muchos países. Ellas planifican a largo plazo. Nosotros, muchas veces, reaccionamos a diario.
Esa brecha (entre la capacidad de quienes amenazan y la de quienes defienden) se ensancha cada año. Mientras nuestras fuerzas no cuenten con inteligencia integrada, tecnología propia y coordinación real entre instituciones, el Estado seguirá corriendo detrás de quienes debería enfrentar de frente.
Seguridad que sobreviva a los gobiernos
No tenemos una doctrina de seguridad nacional que sea política de Estado. Esa es, quizás, la falla más profunda. Cambian las prioridades, cambian los planes, cambian los equipos. Pero las amenazas no esperan a que se celebre una elección.
Joaquín Balaguer recordaba: «La patria es una herencia sagrada que no tenemos derecho a dilapidar». Y nada dilapida más esa herencia que empezar de cero cada cuatro años. Necesitamos ponernos de acuerdo: ¿qué defendemos? ¿Con qué visión? ¿Con qué metas a veinticinco años? Sin ese consenso, no importa cuánto invirtamos: cada generación reiniciará el trabajo.
La soberanía que también se defiende desde lo digital
En el 2050, quien controle los datos, controle la seguridad de su país. Ataques a sistemas públicos, desinformación que divide, robo de información estratégica: estas son las armas que ya se usan hoy y que definirán el conflicto del mañana.
Dependemos casi por completo de tecnología extranjera. No formamos suficientes especialistas propios en ciberseguridad ni en inteligencia. Quien no controla sus comunicaciones, no es soberano. Y en tiempos de crisis, esa dependencia se convierte en vulnerabilidad crítica.
Definir nuestro lugar, o que otros lo definan
El Caribe ha regresado al centro de la competencia entre potencias. Nuestra ubicación nos da valor estratégico. Pero el valor estratégico no es poder: es responsabilidad y también riesgo.
Si no tenemos política exterior clara, si no sabemos con quién cooperamos y bajo qué principios, otros trazarán nuestra hoja de ruta. República Dominicana debe decidir qué país quiere ser en el concierto de naciones. No después. Ahora.
Conclusión: la decisión se toma hoy
No garantizaremos el futuro solo comprando más equipos o contratando más personal. Lo garantizaremos si cerramos estas brechas: si pactamos una política fronteriza que dure; si tratamos el clima como defensa; si dotamos de inteligencia superior a nuestras fuerzas; si acordamos una seguridad que trascienda gobiernos; si construimos soberanía digital; y si definimos con claridad quiénes somos en el mundo.
El 2050 no es un destino lejano. Es el resultado de lo que decidamos hoy. Como dominicano, como analista, como ciudadano, creo firmemente que llegaremos a esa fecha. La pregunta es: ¿libres o a merced de decisiones ajenas? La respuesta no se escribirá entonces. Se está escribiendo ahora.
Nota al pie; Erick Sarante es analista de geopolítica y seguridad regional, con experiencia de larda data en el sistema de Naciones Unidas.

