Por el Comité Patriótico Francisco Alberto Caamaño Deñó
El 16 de agosto de 1863, un grupo de patriotas encabezados por Santiago Rodríguez, Benito Monción, José Cabrera, Juan de la Mata Monción, Alejandro Bueno, Pablo Reyes, entre otros, proclamó con el Grito de Capotillo el inicio de la guerra de Restauración contra la anexión al gobierno español con el izamiento de la bandera tricolor de la República Dominicana.
Esta sublevación fue en respuesta a la traición a la Patria perpetrada el 18 de marzo de 1861 por Pedro Santana y un grupo de apátrida, quienes anexaron la nación al imperio español, que tuvo como antecedentes la acción de protesta armada primero en Moca del coronel José Contreras, Cayetano Germosén, José María Rodríguez, José Ignacio Reyes y varios patriotas más, el 2 de mayo y posteriormente por el prócer Francisco del Rosario Sánchez con la expedición que encabezó para oponerse a esa artera afrenta a la soberanía e independencia en junio de 1861, acciones que fracasaron militarmente en sus intentos por restaurar la independencia de la República, pero que estimularon la resistencia nacional y el orgullo patrio.
La guerra de Restauración no sólo es el acontecimiento político, social y militar más importante ocurrido en el siglo XIX, sino de la histórica de nuestro país, pues la misma fue una lucha revolucionaria de todo el pueblo en la cual participaron diversas capas sociales, fundamentalmente en la región del Cibao contra el ejército del imperio español de la época, gesta patriótica que culminó con la derrota de los españoles, la retirada vergonzosa de sus tropas en julio de 1865 y el surgimiento de la segunda república.
A 163 años de aquel histórico acontecimiento, el pueblo dominicano vive en la actualidad una grave situación social, económica, política, ética y moral, que amerita que los buenos y verdaderos patriotas dominicanos asumamos un serio compromiso para restaurar la dignidad de nuestro pueblo, hoy mancillada por las acciones antipatrióticas de quienes detentan el poder en nuestro país, con la entrega de la soberanía nacional a un gobierno extranjero, como el de Estados Unidos, para agredir a otros pueblos hermanos de América Lantina y el Caribe, como Venezuela y Cuba, acción cobarde de genuflexión que condenamos y rechazamos al vulnerar la constitución de la Republica y el principio de no intervención consagrada en la misma, además de renegar del ejemplo de los Restauradores y los hombres y mujeres de abril que defendieron dignamente la soberanía e independencia de nuestra amada Patria.

