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Desde Peña Gómez síndico, Santo Domingo busca el verde y su sombra

by Redacción
Por ALFONSO -FONCHI- TEJEDA
Cuando era síndico del Distrito Nacional, en el período 1982-86, el doctor José Francisco Peña Gómez, un adelantado en gestión de política urbana, incorporó al accionar un programa de arborización que ayudó a disminuir en hasta dos grados la temperatura, cuando el clima era menos veleidoso y esa era una estrategia que apenas se incorporaba a la agenda nacional como parte inherente de toda propuesta para alcanzar calidad de vida.
Entonces caminar por sectores como Gascue, Los Jardines, La Pradera, Ensanche Luperón, etc., y refugiarse en los tradicionales “ pulmones ecológicos” como el Parque Mirador Sur, Jardín Botánico, el Centro Olímpico y otros, era una placentera aventura para quienes buscaban un esparcimiento saludable y era también un ambiente despejado para los transeúntes, pendientes de cumplir con su agenda cotidiana.
Después de la gestión de Peña Gómez frente al cabildo, que era una estructura limitada ante la descomunal extensión y variopinta composición de los sectores y barrios que conformaban el Distrito Nacional, ahora, tras la reconfiguración de esa antigua geografía, en la ciudad de Santo Domingo, empujada a crecer de manera vertical, con poco control y planificación urbanos, el añadido de un tránsito vehicular descomunal y el deterioro climático han incrementado la temperatura.
Esa combinación de factores tiene mucho que ver en cuanto a qué el termómetro oscila entre los 25 y 28 grados Celsius promedio, que muchas veces se empina sobre 30 grados, a los que se puede añadir una sensación térmica más alta, provocando olas de calor que hacen peligrar la vida de envejecientes y personas afectadas por condiciones médicas cardíacas, limita el desempeño de muchas otras y aumenta el consumo de energía en aires acondicionados, imprescindibles para aliviar los efectos de la alta temperatura .
En el período 1982-86, la franja conocida como el «polígono central» estaba constituida por el ensanche Naco con sus holgadas casas y espaciosos patios; anchas calles y fluido tránsito vehicular, panorama que es recuerdo, añoranza, desesperante, cuando hoy usted tiene que internarse por ese y otros sectores vecinos, que de aquella época conservan la carestía, pero sin la tranquilidad de entonces.
Peña Gómez tuvo que lidiar con una geografía desmesurada que extendía la administración del cabildo desde Los Alcarrizos hasta Guerra, un tránsito más limitado, con una ciudad menos caótica, condiciones que, a excepción del tamaño, ahora se han deteriorado, hasta el grado de que la ciudad es menos habitable, menos íntima, haciendo la gestión de la misma más difícil.
Tal vez por eso es el aprecio a la alcaldía: porque desarrolla programas de arborización con apoyo de juntas de vecinos como parte de una normativa municipal de arbolado urbano; la construcción y recuperación de más de 200 parques -en El malecón (el paseo 30 de Mayo y el Malecón Deportivo), y otros lugares-, como el Cristo Rey Park, desde donde Alejandro Santos, ufano con sus caminatas de cada mañana, pretende contagiar a los ex compañeros “sigleros”, a los que invita a aprovechar los nuevos espacios verdes.

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