Aquí la democracia real es un mito y la independencia una ficción. Somos una sociedad dominada por una oligarquía capitalista transnacional y local, y una partidocracia corrupta, lacaya y conservadora.
Con un gobernador de colonia y cúpulas políticas capaces de comprometerse con Trump en la ficción de “combatir” un “Cartel de los Soles” inexistente para ayudar a secuestrar al presidente de Venezuela; y con un canciller capaz de afirmar que los aviones de Pentágono usados en esa operación “no son aviones de guerra”.
Los designios de Washington y el poder del dinero rigen las instituciones de nuestro país, incluido el sistema electoral, hasta convertir las votaciones en mercado, los/as electores/as en clientes y los partidos en compañías por acciones.
Aquí el despliegue recolonizador y neoconservador (neoliberal) ha sido brutal, aplastando soberanía y derechos; privatizando lo público en gran escala, endiosando el mercado, concentrando poder y riquezas en manos de las élites capitalistas, potenciando monopolios y oligopolios, generando una peligrosa crisis ambiental e imponiendo desigualdades tan crueles como grotescas… Hasta llegar a configurar un gobierno empresarial, que bajo la gobernación de Luis Abinader y de unas cuantas familias multimillonarias y sus respectivas tecnocracias, empecinado en completar la recolonización del país, amarrada al palo podrido de un imperialismo decadente y asesino.
De ahí el asalto empresarial a las funciones estatales para apropiarse de todos los servicios públicos y propiedades estatales: sistema eléctrico, puertos, aeropuertos y autovías; con especial énfasis en la apropiación compulsiva y violenta del patrimonio natural del país: suelo, subsuelo, sobresuelo: incluidas playas, montañas y fuentes de agua.
Las vías son APPS, Fideicomisos, Comando Sur, onerosos contratos público-privados y endeudamientos amarrados a las privatizaciones; por lo que la estafa de SENASA, protegida durante 4 años, se mezcló con su privatización y con la salud como negocio fraudulento.
A esto se suma un renovado impulso del colonialismo moderno en lo cultural, ideológico, mediático, económico, militar…paradójicamente mezclado e infectado de todo lo conservador; provocando un retroceso hacia un Estado más religioso, antiláico, patriarcal, caudillista, racista, xenófobo, homofóbico y adulto-céntrico.
La corrupción, la impunidad se reciclan, las desigualdades y penurias sociales agobian, la democracia es falsa e irreal, la independencia es solo una meta a rescatar y el neofascismo avanza.

