Ciudad de México (Prensa Latina) El episodio de acoso hacia la presidenta Claudia Sheinbaum en pleno centro histórico de esta capital suscitó asombro y rechazo en México, pero también puso el foco otra vez sobre una antigua problemática.
La jefa del Ejecutivo había decidido caminar desde Palacio Nacional hasta la Secretaría de Educación Pública para asistir a una reunión, un trayecto realmente corto durante el cual se le acercaron personas para saludarla y tomarse fotografías.
En una de esas paradas, un hombre ebrio se aproximó a la mandataria e intentó besarla y tocarla sin su consentimiento, una escena captada por teléfonos móviles y reproducida después ante perplejos espectadores en medios y redes sociales.
Más allá de los señalamientos o sugerencias sobre la seguridad de la dignataria generados casi automáticamente en distintas plataformas, un tema comenzó a centrar la mayoría de los mensajes en el ámbito digital y las declaraciones de políticos, parlamentarios y organizaciones.
La propia Sheinbaum lo resumió al recordar el miércoles 5 de noviembre, en su habitual conferencia de prensa, ese tipo de acto sufrido también antes de llegar a convertirse en la primera mandataria de México: “Si esto le hacen a la Presidenta, ¿qué va a pasar con todas las jóvenes mujeres en nuestro país?”.
Por eso no dudó en interponer una denuncia contra el sujeto, identificado como Uriel “N”, quien fue detenido y se encuentra en el Reclusorio Norte.
“Es algo que no debe ocurrir en nuestro país, y no lo digo como Presidenta, sino como mujer. Nuestro espacio personal nadie lo puede vulnerar. Ningún hombre tiene derecho a vulnerar ese espacio, la única manera es bajo la aprobación de la mujer”, sentenció la gobernante.
Las reacciones ante la invasión del espacio de una mujer, además jefa de Estado, llegaron desde disímiles ámbitos del país: condenaron el hecho legisladores, políticos, secretarías, ciudadanos y todos los gobernadores, algunos de partidos de oposición.
También el Sistema de la Organización de las Naciones Unidas aquí se solidarizó con Sheinbaum, al reafirmar en un mensaje la importancia de prevenir y condenar toda forma de violencia contra las féminas y garantizar sus derechos.
“Esta agresión sexual a la Presidenta de México nos vuelve a mostrar que los hombres creen aún que somos cuerpos a su servicio y que cualquier mujer, por ser mujer, puede sufrir violencia”, denunció desde España la secretaria política y eurodiputada de Podemos, Irene Montero.
Lo cierto es que no se trata de un tema menor: del total de mexicanas de 15 años y más, 70,1 por ciento ha experimentado por lo menos un incidente de violencia, en al menos un ámbito y ejercida por cualquier persona agresora a lo largo de su vida, según una institución especializada.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía menciona a la violencia psicológica como la de mayor prevalencia (51,6 por ciento), seguida de la sexual (49,7), la física (34,7) y la económica, patrimonial y/o discriminación (27,4).
Medios como el Economista advirtieron que niñas, adolescentes y mujeres son víctimas todos los días de diversas manifestaciones de acoso, desde comentarios inapropiados, silbidos, toma no consentida de fotografías o videos del cuerpo, tocamientos e incluso seguimiento o persecuciones.
“Que el tema regrese al centro del debate público debido al acoso sexual del que fue víctima la Presidenta evidencia el tamaño de esta lacra: como señaló la mandataria, si hasta ella se encuentra expuesta”, significa que ninguna mujer está a salvo de estas vulneraciones, sostuvo el diario La Jornada.
HECHO Y POR HACER
Aunque ya existían leyes, como la de Acceso de las mujeres a una Vida Libre de Violencia, y las reformas asociadas a la normativa Olimpia, enfocada en el ámbito digital, el actual Gobierno también puso énfasis desde su inicio en las legislaciones para defender los derechos de ellas.
Sobresale la modificación a la Constitución para asegurarles no solo una vida libre de violencia y el establecimiento de la perspectiva de género en seguridad pública y el actuar de jueces, sino también para establecer la igualdad sustantiva y la erradicación de la brecha salarial por género.
A raíz del episodio de acoso vivido por la mandataria esta semana, la jefa del Ejecutivo instruyó, además, revisar la legislación vigente para que ese delito sea sancionable en las 32 entidades federativas, al tiempo que se presentó un plan integral contra el abuso sexual.
La secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, mencionó el propósito de que ellas se sientan más seguras, denuncien de manera mucho más ágil y la sociedad “abrace un cambio cultural donde podamos convivir hombres y mujeres de una manera distinta y con respeto”.
Entre las acciones están homogeneizar la tipificación del abuso sexual como un delito grave en todos los estados; facilitar los procesos de denuncia; promover campañas de sensibilización y prevención; capacitar a jueces y fiscales, e implementar protocolos contra este mal en el transporte público.
“La presidenta de México, así como todas las mujeres del país, deberíamos poder caminar en las calles tranquilas y seguras”, sostenía una usuaria en redes sociales, al arrojar luz sobre una problemática no solo presente en esta nación, sino en otros muchos países del mundo.
Si bien a juicio de estudiosos, políticos y ciudadanos falta bastante por hacer en un tema atravesado por ámbitos tan complejos como la cultura, la denuncia de la Presidenta y la estrategia contra el acoso se perciben como aciertos en una batalla más por los derechos y la dignidad de la mujer.
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