28 de octubre de 2025 (EIRNS).— El Papa León XIV se dirigió a un público de 10,000 peregrinos provenientes de unos 93 países el 25 de octubre, que se congregaron en la plaza de San Pedro en el Vaticano, en ocasión de la Audiencia Jubilar; el Papa concentró sus palabras en presentar al cardenal Nicolás de Cusa, personaje gigante del siglo 15. Comparó la situación que estamos viviendo hoy a «otra época turbulenta, el siglo 15», cuando «muchos de sus contemporáneos [de Cusa] vivían atemorizados, otros tomaron las armas y prepararon nuevas Cruzadas». Sin embargo, Cusa, «creía en la humanidad. Comprendió que hay opuestos que hay que mantener unidos». El Papa imploró: «Convirtámonos en un pueblo en el que los opuestos se unan».
Vatican News, el portal oficial de la Santa Sede, tituló su artículo sobre el discurso del Papa «Pope at Jubilee Audience: We Hope For What We Do Not Yet See» (El Papa en la Audiencia Jubilar: tenemos esperanza en algo que todavía no vemos). En la Audiencia del Jubileo el 25 de octubre, el Papa León XIV presentó el ejemplo de Nicolás de Cusa, como «gran pensador y servidor de la unidad». Lo que sigue es el texto completo de la parte en la que el Papa habla sobre Cusa, tomado de la interpretación simultánea del video al inglés desde el minuto 26:30 al 30:54., y traducido al español.
«En otra época turbulenta, el siglo 15, la Iglesia tenía un cardenal que todavía hoy es poco conocido. Él era un gran pensador, un servidor de la unidad. Su nombre era Nicolás, y vino de Cusa, en Alemania, y se le conoce como Nicolás de Cusa. Él nos puede enseñar que esperar, además quiere decir, no conocer. Como escribió San Pablo, lo que una persona ya ve, ¿cómo es posible que tenga esperanza en algo que ya ve? Nicolás de Cusa no podía ver la unidad de la Iglesia, sacudida por corrientes opuestas y dividida entre Oriente y Occidente. No veía la paz en el mundo o entre las religiones, en una era en la que la cristiandad se sentía amenazada desde fuera de ella. Sin embargo, mientras viajaba como diplomático, rezaba y reflexionaba. Por esta razón, sus escritos están plenos de luz.
«Muchos de sus contemporáneos vivían atemorizados, otros tomaron las armas y prepararon nuevas Cruzadas. Aun así, Nicolás, eligió desde muy joven frecuentar a los que tenían esperanza. Y con ellos profundizó en nuevas disciplinas, con ellos releyó los clásicos y volvió a las fuentes. Creía en la humanidad. Comprendió que hay opuestos, que hay que mantener unidos; que Dios es un misterio en el que lo que está en tensión encuentra la unidad. Nicolás sabía que no sabía y por eso comprendía cada vez mejor la realidad.
«¡Qué gran don para la Iglesia! ¡Qué llamada a la renovación del corazón! He aquí sus enseñanzas: Hacer espacio; mantener juntos a los opuestos; esperar lo que aún no se ve. Nicolás de Cusa habló de la Docta Ignorancia, una manifestación de la inteligencia. El protagonista de algunos de sus escritos es un personaje curioso, el lego. Es una persona sencilla, sin educación, y que hace a los sabios preguntas elementales que ponen en tela de juicio sus certezas. Lo mismo ocurre hoy en la Iglesia. ¿Cuántas preguntas cuestionan nuestras enseñanzas? Las preguntas de los jóvenes, las preguntas de los pobres, preguntas de las mujeres, preguntas de los que han sido silenciados o condenados por ser diferentes de la mayoría. Estamos en un tiempo bendito, ¡cuántas preguntas! La Iglesia se hace experta en humanidad, al caminar con la humanidad y lleva en el corazón el eco de sus preguntas.
«Queridos hermanos y hermanas, esperar es no saber. No tenemos ya las respuestas a todas las preguntas. Pero tenemos a Jesús. Seguimos a Jesús. Así que esperamos lo que todavía no vemos. Convirtámonos en un pueblo en el que los opuestos son llevados a la unidad. Avancemos, como exploradores en el nuevo mundo del Resucitado. Jesús nos precede. Aprendemos, avanzando paso a paso. Este es un camino no solo de la Iglesia, sino de toda la humanidad, un viaje de esperanza».

