Por ALFONSO -FONCHI- TEJEDA
Sin ser la primera mujer que desempeñe el cargo, ni tampoco la primera señalada como ministro para el nuevo gobierno del presidente Luis Abinader, si es importante que sea Faride Raful, quien, a partir de agosto 16 de este año, dirija el ministerio de Interior y Policía.
Y esa importancia viene signada en dos ambientes, el externo, sacudido por acontecimientos que han modificado la realidad de una manera rompedora -y que apenas comienza-, y en el interno, porque constituye un desafío, que, en este caso, es Faride la “punta del iceberg”, por lo que ella postula, común a muchas/os.
En lo externo, hay que comenzar por la electa presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien con su elección trastoca a una sociedad de acentuada tradición machista, sigue con Kamala Harris, que, postulada como candidata presidencial demócrata, en apenas dos semanas volteó el esquema político estadounidense, y Corina Machado, quien, en Venezuela, aglutina a amplios sectores, tantos, que han puesto en jaque al chavismo, que, a partir de ahora, inicia su fin.
Esas tres mujeres, cada una, desde su escenario particular, combinan una síntesis político- social- organizacional que compendian la agenda, los desafíos, las capacidades, las aptitudes, disposiciones, propuestas y metas que en el ministerio de Interior y Policía esperan a Faride, y en ella, una representación que va más allá del gobierno de Abinader, y del PRM, en particular.
Todos los retos que tiene ese ministerio son sociales, políticos, y culturales, en los que es intransferible, ineludible, la participación de la sociedad toda, comenzando por la reestructuración del llamado “cuerpo del orden”, puntal en la garantía de la seguridad ciudadana, que todas/os reconocen como uno de los mayores problemas del país.
Esa reestructuración, que ya está en marcha, es una tarea inmensa, pero que por su necesidad se hace urgente para enfrentar la criminal práctica de “intercambios de disparos”, los abusivos y medalaganarios apresamientos ilegales practicados por prepotentes agentes policiales, la profesionalización de los miembros, y otras acciones que converjan hacia una Policía Comunitaria y regional, en algún momento.
Alcanzando esas metas, otros problemas sociales y culturales también comenzarán a ser impactados por esos cambios, tal, la voluminosa cantidad de armas de fuego en manos de civiles, las muertes provocadas por la prejuiciada e irresponsable tenencia de esos artefactos, muchas veces utilizadas en robos, atracos, y en los feminicidios, uno de los estragos familiares más preocupantes del momento.
Tal vez porque el presidente designa al director de la Dirección General de Migración, el ministerio de Interior y Policía “parece ajeno” al grave y sulfurante problema en que se ha convertido el manejo de agentes de Migración ante la presencia de haitianos en el país, tarea esa que espera la pronta atención firme, permanente, responsable, de la nueva ministra.
Los desafíos del Ministerio de Interior y Policía son más que esos, pero esos son los más determinantes, urgentes, y Faride puede lidiar con ellos, por su solvencia y pragmatismo, por su amplitud de miras, su responsabilidad y disposición de asumir las tareas encomendadas, a las que siempre “da la cara y va de frente”.
Y en ese accionar, ella ha sabido rodearse de gente con una visión que trasciende el aplauso momentáneo, ser parte activa en ese conglomerado que lucha porque la mayoría del pueblo dominicano supere la brecha de iniquidad e inequidad, con dignidad, respeto y solidaridad.

