{"id":82473,"date":"2026-09-24T00:00:25","date_gmt":"2026-09-24T04:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=82473"},"modified":"2026-09-23T22:48:44","modified_gmt":"2026-09-24T02:48:44","slug":"un-claro-soleado-de-flores-de-todo-tipo-y-colores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2026\/09\/24\/un-claro-soleado-de-flores-de-todo-tipo-y-colores\/","title":{"rendered":"Un claro soleado de flores de todo tipo y colores"},"content":{"rendered":"<p>Por\u00a0<strong>Alex V. Cruz<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El matazo que Yokaira se meti\u00f3 en la barranca detr\u00e1s del hospital la dej\u00f3 medio boba. Nunca en su vida ella se hab\u00eda ca\u00eddo as\u00ed. Hubo un momento en el que pens\u00f3 que iba volando por los aires en vez de rodando por el suelo. \u00ab\u00bfY qu\u00e9 diablo yo estaba haciendo por estos lados?\u00bb, se dijo despu\u00e9s de un rato con la cara en la tierra. Se le rompi\u00f3 un calizo y el otro qued\u00f3 qui\u00e9n sabe d\u00f3nde.<\/p>\n<p>La barranca detr\u00e1s del hospital daba a una quebr\u00e1 donde los padres prohib\u00edan a sus hijos jugar porque todo lo asqueroso del hospital llegaba a esas aguas. Ah\u00ed no solo se encontraban cosas raras del hospital como jeringuillas y ampollas vac\u00edas, sino que tambi\u00e9n condones y hasta abortos. Del otro lado de la quebr\u00e1 hab\u00eda un cacahual abandonado cercado con mallas, y oscuro por el techo denso de hojas que formaban las amapolas y el bohuco.<\/p>\n<p>Yokaira se sent\u00f3 y se examin\u00f3 los hombros para asegurarse de que no llevaba ninguna de esas cosas pegadas en la espalda.<\/p>\n<p>El d\u00eda estaba nublado y hab\u00eda ca\u00eddo una jarina, lo que hac\u00eda imposible tratar de subir la barranca de nuevo. Mir\u00f3 hacia arriba a ver si pod\u00eda pedir ayuda, pero solo hab\u00eda unos t\u00edgueres que se acababan de montar en sus motores y arrancar. Despu\u00e9s de eso solo se vieron veh\u00edculos pasar a toda velocidad. Tendr\u00eda que encontrar c\u00f3mo salir de all\u00ed de otra manera.<\/p>\n<p>Yokaira se estaba sobando el rapao que se hizo en la rodilla cuando un perro sali\u00f3 del cacahual, por entre las mallas. Era grande y musculoso, con los hombros casi humanos. El perro, que desde la distancia le mostraba a Yokaira el blanco de sus dientes, era de ese mostaza amarillento t\u00edpico en los viralatas. Desde que lo vio salir, se le olvid\u00f3 el dolor que ten\u00eda en sus huesos y empez\u00f3 a temer por su vida.<\/p>\n<p>No era raro encontrarse con un perro en lugares como ese. Botar cachorros era una ocurrencia com\u00fan en su pueblo, y seguro se criaban comiendo las cosas que tiraban por la barranca.<\/p>\n<p>Pero este tra\u00eda en su cuello un collar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres amigable? \u2014le pregunt\u00f3 Yokaira, que segu\u00eda sentada en el suelo mojado. Sab\u00eda que no era buena idea tener la cara al mismo nivel que la del perro, pero pararse se le hac\u00eda a\u00fan m\u00e1s peligroso. El animal se le acerc\u00f3 y la oli\u00f3 de abajo a arriba hasta que lleg\u00f3 a la nariz de Yokaira.<\/p>\n<p>La lami\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Parece que s\u00ed \u2014dijo ella\u2014.\u00a0 \u00bfTe puedo acariciar?\u2014. Despacio, y con mucho cuidado, Yokaira acerc\u00f3 la mano izquierda y frot\u00f3 la parte posterior de su cabeza y cuello. El perro la empez\u00f3 a lamer con m\u00e1s furor.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, eres amigable. Deja ver c\u00f3mo te llamas.<\/p>\n<p>El collar era de cuero y la medalla, hecha en lo que parec\u00eda ser barro rojo como las tinajas que vend\u00edan en la autopista de Santiago.<\/p>\n<p>\u2014Te llamas Opiyel \u2014le dijo en voz alta. \u2014Hay que reunirte con tu familia\u2014. No hab\u00eda una direcci\u00f3n en el collar, pero desde que Yokaira se puso de pie, Opiyel empez\u00f3 a caminar como si supiera muy bien en d\u00f3nde estaba y ad\u00f3nde iba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1E\u2019perame! \u2014le grit\u00f3 Yokaira, quit\u00e1ndose el calizo roto y dej\u00e1ndolo en el olvido.<\/p>\n<p>La basura del hospital se mezclaba y acumulaba con la basura que tiraba la gente desde la carretera. En toda la orilla de la quebr\u00e1 se encontraban botellas de cerveza, vasos pl\u00e1sticos y platos desechables de poliestireno. Solo en tiempos de diluvios era que el \u00e1rea se limpiaba un poco cuando la creciente hac\u00eda de esa basura el problema de otro pueblo. Opiyel caminaba olfateando el suelo, mientras que Yokaira sent\u00eda c\u00f3mo el lodo moldeaba su pisada. De vez en cuando met\u00eda sus pies al agua para lavar lo que tra\u00eda del camino con ella.<\/p>\n<p>Su pu\u00f1o de la mano derecha segu\u00eda apretado como rigor mortis, pero entre sus dedos a\u00fan se ve\u00eda que llevaba un billete de cien pesos. Yokaira trat\u00f3 de flojarlo, pero segu\u00eda tiesa como la carne de gallina vieja. El billete le record\u00f3 lo que hac\u00eda por esos lados. El mandao era sencillo: su madrastra quer\u00eda veinticinco pesos de salchich\u00f3n, cincuenta de salsa y aceite, y el resto de verduras para la comida.<\/p>\n<p>Ya Yokaira sab\u00eda que se iba a comer locrio de salchich\u00f3n, lo que se come cuando a su pap\u00e1 le va mal con los gallos. Yokaira dej\u00f3 su tarea en la mesa y se puso los calizos de goma, porque para qu\u00e9 ensuciar zapatos con lodo si ella ni siquiera se hab\u00eda ba\u00f1ado.<\/p>\n<p>Yokaira apret\u00f3 el billete en una mano y en la otra llevaba la sombrilla de su madrastra para no mojarse el pelo con la jarina. Ella caminaba como las chicas serias, con la cabeza en alto, pero la vista hacia abajo para que su mirada no fuera malinterpretada.<\/p>\n<p>Yokaira y el perro segu\u00edan por la orilla del r\u00edo. Ella iba a paso lento. El barro se le adher\u00eda a los pies y hac\u00eda el caminar dif\u00edcil, pero Opiyel nunca la dejaba muy atr\u00e1s. \u2014\u00bfY c\u00f3mo es que a ti no se te pega el lodo? \u2014le pregunt\u00f3, pero Opiyel solo la miraba con ojos de curiosidad o de tristeza.<\/p>\n<p>\u2014Se acab\u00f3 el salchich\u00f3n \u2014dijo el colmadero de la esquina. \u00abTe puedo comprar huevos o sardina\u00bb, Yokaira pens\u00f3. Si se aparec\u00eda con otra cosa que su madrastra no pidi\u00f3, la reventar\u00eda como lo hab\u00eda hecho en otras ocasiones.<\/p>\n<p>\u2014Mejor no \u2014dijo Yokaira\u2014. \u00bfTendr\u00e1n en el almac\u00e9n de Consuelo?<\/p>\n<p>\u2014Seguro que s\u00ed \u2014respondi\u00f3 el colmadero\u2014. Pero eso es muy lejos y peligroso para ir caminando.<\/p>\n<p>\u2014Estar\u00e9 bien \u2014contest\u00f3 Yokaira\u2014. Si mi madrastra me viene buscando, d\u00edgale que fui al almac\u00e9n.<\/p>\n<p>Yokaira empez\u00f3 a tirar patadas al aire con cada paso a ver si el lodo se le despegaba y sal\u00eda volando, pero nada. Ya ella parec\u00eda tener de esas botas de chubasquero que le llegaban hasta la rodilla. Cada zancada que daba hac\u00eda un <em>chu\u00e1cata<\/em> que hasta risa le daba. Opiyel ya no pod\u00eda irse muy lejos y caminaba a su lado.<\/p>\n<p>Se detuvo un momento a descansar. El lodo le hab\u00eda empezado a salpicar en la espalda y ya era mucho y le pesaba. Mir\u00f3 a su alrededor y ya nada se le hac\u00eda familiar. Hab\u00eda dejado atr\u00e1s el cacahual abandonado y la carretera ya no se escuchaba. Hab\u00eda plantas de yaut\u00eda, pl\u00e1tano, y otras de hojas grandes y verdes. Todo era tan verde. \u00abEstoy en un para\u00edso\u00bb, pens\u00f3. Hasta el agua de la quebr\u00e1 estaba m\u00e1s limpia y cristalina.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda del almac\u00e9n de Consuelo la llev\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de su liceo, por donde nunca hab\u00eda caminado a pie, y que solo conoc\u00eda cuando viajaba con su padre en la guagua vieja, cuando hab\u00eda que comprar tela para el uniforme escolar. Caminando, todo se ve\u00eda distinto. Las casas m\u00e1s peque\u00f1as, la gente m\u00e1s amargada. Como si la vida por estos lados fuera m\u00e1s dura. Sent\u00eda la necesidad de apretar el billete en su mano con un poco m\u00e1s de fuerza. No quer\u00eda que se lo arrebatara un atracador.<\/p>\n<p>No hab\u00eda acera por donde caminar, y Yokaira tuvo que cerrar la sombrilla para que el viento de los carros no la da\u00f1ara. Muchos motoristas y hombres en carros se detuvieron a ofrecerle llevarle a donde quisiera ir, pero Yokaira nunca levant\u00f3 la mirada del suelo y solo agradeci\u00f3 el gesto.<\/p>\n<p>Uno de los motoristas no recib\u00eda un \u00abno\u00bb por respuesta y la segu\u00eda lentamente por el callej\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Ya estoy llegando \u2014le dijo Yokaira. Pero el motorista, un viejo de bozo negro, no hac\u00eda m\u00e1s que pitar para que lo mirara.<\/p>\n<p>\u00abPero \u00bfy todo este lodo?\u00bb, se pregunt\u00f3 mientras segu\u00eda al perro. A lo lejos se ve\u00eda un claro soleado de flores de todo tipo y colores. Opiyel estaba dando saltos de felicidad como si ya reconociera el lugar. En el trayecto se hab\u00eda agrandado, y parec\u00eda m\u00e1s un potro de raza que un perro. Su collar tambi\u00e9n era m\u00e1s grueso, y de \u00e9l colgaban m\u00e1s medallas de barro, como si fuera conocido por m\u00e1s de un nombre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEstamos cerca? \u2014le pregunt\u00f3 Yokaira, y Opiyel se emocionaba a\u00fan m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Mira qu\u00e9 chula est\u00e1 la mami \u2014le dijo el motorista del bozo a otro que se le uni\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Pero por lo menos d\u00e9janos ver esos ojitos, mi bella \u2014dijo el otro.<\/p>\n<p>\u2014Por eso es que la muchacha le pasa lo que le pasa, por comparonas \u2014dijo otro tipo que Yokaira ni se hab\u00eda dado cuenta de que hab\u00eda llegado. \u00abEntrar\u00e9 al hospital\u00bb<em>, <\/em>lleg\u00f3 a pensar, justo antes de que el bozudo le bloqueara el paso con su motor.<\/p>\n<p>Yokaira se adentr\u00f3 al claro, tocando con sus dedos enlodados cada flor por la que pasaba. Se tuvo que sentar. Ya estaba embarrada hasta el cuello y casi no se pod\u00eda mover. Se mir\u00f3 el cuerpo y le empez\u00f3 a dar un ataque de risa. \u00abSolo me falta la cara\u00bb, pens\u00f3. Tom\u00f3 en su mano un poco de lodo y se lo sob\u00f3 por todo su rostro y detr\u00e1s de sus orejas. Se acomod\u00f3 entre la grama verde y se uni\u00f3 a otras chicas que, todas enlodadas, miraban al sol que las calentaba. El barro se sec\u00f3.<\/p>\n<p>Opiyel la dej\u00f3 ah\u00ed, entre todas las chicas del jard\u00edn, y se fue a buscar a las otras que necesitaban su ayuda para llegar a su destino final.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<div><strong>Alex V. Cruz.<\/strong> Escritor dominicoestadounidense nacido en Paterson, Nueva Jersey. Obtuvo su licenciatura en Escritura Creativa y Estudios Hispanos en la Universidad de Columbia y su maestr\u00eda en Escritura Creativa en Espa\u00f1ol en NYU. Sus cuentos han aparecido en <em>Somos en Escrito<\/em>\u00a0y\u00a0<em>Fantasy Magazine<\/em>.<\/div>\n<div>@Avcruzwriter.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por\u00a0Alex V. 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