{"id":81498,"date":"2026-08-04T00:00:15","date_gmt":"2026-08-04T04:00:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=81498"},"modified":"2026-08-03T19:47:07","modified_gmt":"2026-08-03T23:47:07","slug":"tres-lecciones-de-los-250-anos-de-los-ee-uu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2026\/08\/04\/tres-lecciones-de-los-250-anos-de-los-ee-uu\/","title":{"rendered":"Tres lecciones de los 250 a\u00f1os de los EE. UU."},"content":{"rendered":"<p><em>La historia de EE. UU. refleja una contradicci\u00f3n constante entre su vocaci\u00f3n democr\u00e1tica y su vocaci\u00f3n autoritaria. En esta columna propongo tres de las lecciones que podemos aprender de esa trayectoria.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0 ESTHER HERN\u00c1NDEZ MEDINA<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>La preservaci\u00f3n del fuego sagrado de la libertad y el destino del <\/em><em>modelo republicano\u2026<br \/>\ndependen del experimento que se ha puesto en <\/em><em>\u00a0las manos de la gente de los EE. UU.<br \/>\n<\/em>George Washington<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignright size-thumbnail wp-image-66217\" src=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Esther-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Esther-150x150.jpg 150w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Esther-300x300.jpg 300w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Esther-585x585.jpg 585w, https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Esther.jpg 640w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/>A finales del 2001, me encontraba en uno de los tantos eventos sobre el ataque del 11 de septiembre y el rol de los Estados Unidos en el mundo a los que asist\u00ed en la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard. Yo acababa de llegar al pa\u00eds en agosto de ese a\u00f1o y el 11 de septiembre fue el primer d\u00eda en que asist\u00ed formalmente a la escuela para iniciar la Maestr\u00eda en Pol\u00edticas P\u00fablicas de la que me graduar\u00eda dos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Como se imaginar\u00e1n, fue un d\u00eda muy traum\u00e1tico para todo el mundo, especialmente porque se consideraba a la Universidad de Harvard como uno de los posibles blancos del ataque por el simbolismo que tiene como primer centro acad\u00e9mico de los EE. UU.<\/p>\n<p>El rector de entonces, Larry Summers, decidi\u00f3 dejar a cada decano o decana que tomara la decisi\u00f3n de si mantener abiertas o cerrar sus respectivas escuelas. Algunas escuelas cerraron, pero nuestro decano, el experto en relaciones internacionales Joseph Nye, decidi\u00f3 mantener la Kennedy abierta y eso nos permiti\u00f3 vivir un proceso de catarsis colectiva en el que docentes, estudiantes y el personal estuvimos llorando y apoy\u00e1ndonos mutuamente por varias horas. Sin embargo, ya a las 12 del mediod\u00eda las autoridades hab\u00edan armado un panel con las y los docentes expertos en el Medio Oriente y en la pol\u00edtica exterior estadounidense. Esa claridad en su misi\u00f3n como escuela de pol\u00edticas p\u00fablicas y la sapiencia y apertura con que ese grupo de personas expertas analiz\u00f3 el ataque me impresion\u00f3 tanto que sigue siendo uno de mis recuerdos indelebles de mi llegada a los EE. UU.<\/p>\n<p>La actividad que les comento fue unos meses despu\u00e9s y fue tambi\u00e9n para estudiantes, docentes y el personal de la Kennedy. Durante la sesi\u00f3n de preguntas y respuestas, una de las asistentes, una mujer blanca estadounidense sentada en el fondo del sal\u00f3n, pregunt\u00f3 con una combinaci\u00f3n de tristeza y de rabia: \u201c\u00bfPero por qu\u00e9 nos odian?\u201d Como les coment\u00e9 en <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/la-ley-del-mas-fuerte-9260025.html\">una columna anterior<\/a>, quienes \u00e9ramos estudiantes y docentes internacionales nos volteamos casi como por un resorte al mismo tiempo para verla. Ese instante se convirti\u00f3 en otro de mis recuerdos indelebles sobre EE. UU. porque fue el primer momento en que entend\u00ed que la gran mayor\u00eda del pueblo estadounidense desconoce la historia de injerencia y la mayor parte de las invasiones hechas por su pa\u00eds alrededor del mundo. El contraste entre esos dos recuerdos es lo que me llev\u00f3 a compartirles esta columna a prop\u00f3sito de los 250 a\u00f1os de la independencia de EE. UU. a principios de este mes.<\/p>\n<p>La independencia de EE. UU. de Inglaterra tuvo lugar el 4 de julio de 1776. Ese d\u00eda fue cuando el Congreso de las 13 colonias brit\u00e1nicas originales en lo que es hoy la costa este del pa\u00eds adopt\u00f3 formalmente su famosa Declaraci\u00f3n de Independencia. Desde entonces, los EE. UU. se han asumido y representan para gran parte del mundo un modelo fascinante de democracia republicana que ha servido de inspiraci\u00f3n para muchas personas y movimientos, incluyendo a los miles de soldados y oficiales franceses, irlandeses, prusianos, de lo que hoy es Hait\u00ed y de otras naciones que apoyaron su lucha por la independencia.<\/p>\n<p>Desde entonces, EE. UU. ha navegado una trayectoria fascinante convirti\u00e9ndose en un s\u00edmbolo de los ideales democr\u00e1ticos, la innovaci\u00f3n constante y la modernidad. Sin embargo, como sabemos muy bien en Am\u00e9rica Latina y el Caribe, su transformaci\u00f3n paulatina en nueva potencia mundial desde finales del siglo XIX estuvo basada en invadir y controlar otros pa\u00edses siguiendo el mismo patr\u00f3n que tanto hab\u00edan criticado sus fundadores a Inglaterra como gran potencia europea de la \u00e9poca. En esta columna abordo tres de las lecciones que creo que podemos aprender de este pa\u00eds que es ya mi segundo hogar y que reflejan esa contradicci\u00f3n constante entre su vocaci\u00f3n democr\u00e1tica y su vocaci\u00f3n autoritaria y de imperio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Lecci\u00f3n 1: Las instituciones fuertes son esenciales para la democracia<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>Los Estados Unidos se han convertido en un referente internacional del ideal democr\u00e1tico en gran medida por su \u00e9nfasis en la importancia de las instituciones. Aunque su origen se remonta al derecho ingl\u00e9s como recordaba el rey Carlos a Trump en su visita oficial hace unos meses, EE. UU. es el pa\u00eds que m\u00e1s ha popularizado el famoso concepto de los \u201cchecks and balances\u201d. O sea, el sistema de frenos y contrapesos que tanto recalcaron sus fundadores para garantizar la supervivencia del fr\u00e1gil experimento democr\u00e1tico que iniciaban.<\/p>\n<p>Como sabemos, en los pa\u00edses que han sido invadidos por EE. UU., ese ideal democr\u00e1tico y de fortaleza de las instituciones no es algo que el pa\u00eds necesariamente aplica a otras naciones. Pero recordemos que s\u00ed lo empez\u00f3 a hacer despu\u00e9s de la Guerra Fr\u00eda, cuando la pol\u00edtica exterior estadounidense se movi\u00f3 al modelo del \u201cpoder suave\u201d o de influencia cultural (por cierto, un concepto desarrollado por Joseph Nye). En Rep\u00fablica Dominicana, la cooperaci\u00f3n estadounidense estuvo basada por muchos a\u00f1os en este modelo de apoyo al fortalecimiento institucional y democr\u00e1tico a trav\u00e9s de USAID. El Proyecto de Iniciativas Democr\u00e1ticas de USAID de los a\u00f1os \u201890, dirigido por la historiadora Mu-Kieng Sang Ben y basado en la PUCMM, fue un ejemplo important\u00edsimo de este cambio de rumbo.<\/p>\n<p>Lamentablemente, el segundo mandato de Trump tambi\u00e9n ha mostrado lo fr\u00e1giles que pueden ser las instituciones hasta en EE. UU. cuando los principales actores pol\u00edticos no est\u00e1n comprometidos con esos ideales democr\u00e1ticos. Muchas y muchos analistas nos equivocamos porque durante su primer mandato pens\u00e1bamos que la fortaleza de las instituciones estadounidenses las hac\u00eda inmunes a las tendencias autoritarias de Trump. Como han visto en las noticias, estas tendencias autoritarias se han visto reflejadas en la forma en que ha cambiado la relaci\u00f3n de EE. UU. con el resto del mundo (por ejemplo, destruyendo la AID). Pero tambi\u00e9n se evidencia en sus intentos de controlar a todos los grupos con los que no est\u00e1 de acuerdo, volviendo a las estrategias represivas utilizadas contra los movimientos sociales, la prensa y otros grupos que no se ve\u00edan en el pa\u00eds desde la \u00e9poca del fundador del FBI, J. Edgar Hoover, y del senador anticomunista Joseph McCarthy.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Lecci\u00f3n 2: La diversidad es una fortaleza <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>Una lecci\u00f3n que la extrema derecha nunca ha entendido y que actualmente pretende borrar con Trump y el sector m\u00e1s fundamentalista del Partido Republicano a la cabeza es la de que la diversidad siempre ha sido una de las grandes fortalezas de EE. UU. Esos intentos de borrar la diversidad del famoso \u201cmelting pot\u201d o crisol de culturas que es parte de la identidad estadounidense empezaron mucho antes de que Trump volviera al poder. Pero se han acelerado durante su segundo mandato penalizando a <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/los-ataques-de-trump-a-las-universidades-9500410.html\">las instituciones acad\u00e9micas<\/a> y empresas con iniciativas de diversidad (llamadas DEI, las siglas en ingl\u00e9s de Diversidad, Equidad e Inclusi\u00f3n), literalmente borrando la historia de las mujeres y de los grupos raciales minoritarios de los portales y las instituciones del gobierno federal, entre muchas otras iniciativas.<\/p>\n<p>Sin embargo, una parte importante de los movimientos sociales y del liderazgo pol\u00edtico de EE. UU. sigue entendiendo la diversidad como uno de los pilares del pa\u00eds. Esta idea es una constante en los discursos y las acciones de estos grupos, particularmente en defensa de sus vecinos y vecinas inmigrantes, como hemos visto en varias ciudades. Incluso, esta es una de las razones del \u00e9xito reciente de las candidaturas del socialismo democr\u00e1tico, como vimos con la elecci\u00f3n de <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/zohran-mamdani-y-la-capacidad-de-sonar-9604322.html\">Zohran Mamdani<\/a> y de la candidata de origen dominicano <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/el-odio-no-resuelve-los-problemas-9709733.html\">Darializa \u00c1vila Chevalier<\/a> en Nueva York. Como les comentaba en columnas anteriores, esta facci\u00f3n del Partido Dem\u00f3crata ha sabido apelar a esa identidad multicultural del pueblo estadounidense y presentar propuestas concretas de soluci\u00f3n a sus problemas cotidianos. Por eso tambi\u00e9n el manifiesto pol\u00edtico que fue el <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/el-primer-ano-de-trump-y-bad-bunny-1-9619832.html\">concierto del medio tiempo del Super Bowl de Bad Bunny<\/a> reson\u00f3 con tanta gente.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Lecci\u00f3n 3: La importancia de controlar las ideas y el relato oficial \u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Otra lecci\u00f3n importante que podemos aprender de la historia de los Estados Unidos es que es un caso extremo de lo que el pensador y pol\u00edtico italiano Antonio Gramsci denominaba hegemon\u00eda cultural. O sea, el fen\u00f3meno en el que l\u00edderes o grupos de la \u00e9lite construyen ideas y narrativas para imponer su forma de ver el mundo para que la asuma la mayor\u00eda de la gente, incluso cuando est\u00e1 en contra de sus intereses. Aunque la lucha por la hegemon\u00eda se da en todas partes, las \u00e9lites pol\u00edticas, econ\u00f3micas y sociales de EE. UU. son insuperables en lo que se refiere a entender y utilizar la fuerza del relato.<\/p>\n<p>Por ejemplo, en EE. UU., las \u00e9lites han borrado parte importante de la historia de los grupos y movimientos que m\u00e1s han luchado por las libertades que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n disfruta hoy: los sindicatos, los partidos y grupos anarquistas, socialistas y comunistas, los movimientos feministas y de mujeres y otros grupos. La muestra m\u00e1s visible de ello es el hecho de que dos d\u00edas conmemorativos que son referencia obligada en gran parte del mundo, el D\u00eda Internacional de la Mujer y el D\u00eda Internacional del Trabajo, no se conmemoran en EE. UU. a pesar de que tanto el movimiento obrero como el movimiento de mujeres estadounidenses fueron parte de la historia de ambos d\u00edas.<\/p>\n<p>Otro ejemplo es c\u00f3mo el gobierno estadounidense ha logrado borrar la historia de genocidio, abusos y enga\u00f1os con la que subyug\u00f3 a las <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/nuevo-mexico-o-el-terco-pasado-hecho-presente-9303792.html\">naciones ind\u00edgenas<\/a> para no hablar de la historia de la esclavitud y la historia de represi\u00f3n y explotaci\u00f3n de las minor\u00edas raciales: desde <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/juneteenth-y-la-comunidad-afroamericana-9215603.html\">la afroamericana<\/a> hasta la china, desde la latina hasta <a href=\"https:\/\/acento.com.do\/opinion\/manzanar-o-el-destierro-de-la-propia-tierra-9264789.html\">la japonesa<\/a>. A nivel internacional, uno de los ejemplos m\u00e1s interesantes es c\u00f3mo funciona la industria de Hollywood. Desde mi segunda casa, la ciudad de Los \u00c1ngeles, Hollywood reinventa la historia oficial de Estados Unidos de manera constante. Convierte hasta derrotas contundentes y visibles como la guerra de Vietnam en historias en las que se vende el hero\u00edsmo y la excepcionalidad estadounidense, como hemos visto con las pel\u00edculas de Rambo y muchas otras.<\/p>\n<p>En estos momentos, Estados Unidos se debate nuevamente entre su vocaci\u00f3n democr\u00e1tica y su vocaci\u00f3n autoritaria y de imperio. Y las pr\u00f3ximas elecciones de medio t\u00e9rmino en noviembre nos dar\u00e1n nuevas lecciones para aprender de su trayectoria. Me parece que Trump perder\u00e1 terreno y avanzar\u00e1n las propuestas m\u00e1s progresistas, pero solo sabremos los resultados en ese momento. Ya veremos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia de EE. 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