{"id":80856,"date":"2026-06-30T00:00:14","date_gmt":"2026-06-30T04:00:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=80856"},"modified":"2026-06-29T19:01:29","modified_gmt":"2026-06-29T23:01:29","slug":"nueva-generacion-nueva-representacion-dominicana-en-nueva-york","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2026\/06\/30\/nueva-generacion-nueva-representacion-dominicana-en-nueva-york\/","title":{"rendered":"Nueva generaci\u00f3n, nueva representaci\u00f3n dominicana en Nueva York"},"content":{"rendered":"<p>Por ANTONIO A. M\u00c9NDEZ<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El pasado martes el representante Adriano Espaillat perdi\u00f3 las primarias dem\u00f3cratas en el distrito 13 del Estado de Nueva York y la ganadora fue otra persona de origen dominicano, Darializa Avila Chevalier. Esta contrincante lleg\u00f3 al distrito con poco aval de trabajo comunitario, pero con el respaldo del actual alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani. Antes y despu\u00e9s de estas primarias, ambos bandos se acusaron mutuamente de todo tipo de pr\u00e1cticas pol\u00edticas, pero especialmente el representante Espaillat y muchos de sus seguidores calificaron a \u00c1vila Chevalier como antiodominicana, prohaitiana y como una oportunista sin una trayectoria reconocida dentro de la comunidad que pretende representar en las elecciones generales de noviembre.<\/p>\n<p>Todas estas acusaciones pueden discutirse y las razones por las cuales Espaillat perdi\u00f3 probablemente sean m\u00faltiples. Seguramente influyeron factores relacionados con el contexto pol\u00edtico de la ciudad, el desgaste natural que produce permanecer muchos a\u00f1os en un cargo electivo, las alianzas construidas por cada campa\u00f1a y las nuevas din\u00e1micas del Partido Dem\u00f3crata en Nueva York. Sin embargo, ese no es el tema que me interesa abordar. Mi inter\u00e9s apunta hacia un fen\u00f3meno mucho m\u00e1s profundo y de largo alcance: el cambio generacional que se est\u00e1 produciendo dentro del liderazgo pol\u00edtico de la comunidad dominicana en la ciudad de Nueva York.<\/p>\n<p>Con la llegada de Darializa Avila Chevalier, una mujer nacida y criada en Nueva York, considero que pr\u00e1cticamente se completa una transici\u00f3n generacional en la representaci\u00f3n pol\u00edtica dominicana de Washington Heights y del Alto Manhattan. De los seis concejales que se identifican como dominicanos o de ascendencia dominicana, cuatro nacieron y crecieron en la ciudad de Nueva York. De igual forma, tanto un miembro de la Asamblea Estatal como un senador estatal pertenecen ya a una generaci\u00f3n de descendientes de dominicanos nacidos en los Estados Unidos. Lo que durante d\u00e9cadas fue una representaci\u00f3n encabezada por inmigrantes de primera generaci\u00f3n comienza ahora a ser sustituida por hijos e hijas de esos inmigrantes.<\/p>\n<p>Este cambio no debe interpretarse simplemente como una sustituci\u00f3n de personas. Representa la transformaci\u00f3n natural de una comunidad inmigrante que ha echado ra\u00edces, cuyos hijos han alcanzado la mayor\u00eda de edad pol\u00edtica y que comienza a producir sus propios liderazgos. En cierto sentido, es la confirmaci\u00f3n de que la migraci\u00f3n dominicana ha dejado de ser un fen\u00f3meno exclusivamente de inmigrantes para convertirse en una comunidad plenamente establecida dentro del tejido pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social de la ciudad de Nueva York.<\/p>\n<p>Las implicaciones de esta transici\u00f3n son profundas. En primer lugar, los nuevos representantes llegan a la pol\u00edtica con experiencias de vida muy diferentes a las de la generaci\u00f3n anterior. Adriano Espaillat, Guillermo Linares y otros l\u00edderes hist\u00f3ricos crecieron en la Rep\u00fablica Dominicana, emigraron siendo j\u00f3venes o adultos y construyeron su carrera pol\u00edtica representando una comunidad compuesta mayoritariamente por inmigrantes de primera generaci\u00f3n. Sus preocupaciones estaban inevitablemente conectadas con la experiencia migratoria: la reunificaci\u00f3n familiar, la regularizaci\u00f3n migratoria, el env\u00edo de remesas, las relaciones con el gobierno dominicano y la defensa de los intereses de quienes manten\u00edan una vida dividida entre dos pa\u00edses.<\/p>\n<p>Los nuevos l\u00edderes provienen de otra realidad. Nacieron, crecieron y fueron educados en Nueva York. Su identidad dominicana no desaparece, pero est\u00e1 mediada por una experiencia completamente distinta. Son dominicanos-estadounidenses cuya vida pol\u00edtica ha sido moldeada por las escuelas p\u00fablicas de la ciudad, por los problemas de vivienda, por las desigualdades del sistema educativo, por el acceso a servicios de salud, por la violencia urbana, por la discriminaci\u00f3n racial y por las oportunidades econ\u00f3micas disponibles para las minor\u00edas en los Estados Unidos. En consecuencia, resulta natural que sus prioridades pol\u00edticas tambi\u00e9n sean diferentes.<\/p>\n<p>Esto no significa que abandonar\u00e1n completamente los temas relacionados con la Rep\u00fablica Dominicana. Los v\u00ednculos familiares, culturales y emocionales seguir\u00e1n existiendo. Sin embargo, es poco probable que la pol\u00edtica interna dominicana tenga sobre ellos la misma influencia que ejerc\u00eda sobre la generaci\u00f3n anterior. Mientras muchos de los primeros l\u00edderes manten\u00edan relaciones directas con los partidos pol\u00edticos dominicanos y participaban activamente en debates nacionales de la Rep\u00fablica Dominicana, las nuevas generaciones parecen estar mucho m\u00e1s interesadas en las pol\u00edticas p\u00fablicas que afectan directamente la calidad de vida de sus electores en Nueva York.<\/p>\n<p>Este cambio tambi\u00e9n obliga a la propia comunidad dominicana a revisar sus prioridades. Durante d\u00e9cadas gran parte del liderazgo comunitario ha dedicado una enorme cantidad de tiempo y recursos a discutir los problemas pol\u00edticos de la Rep\u00fablica Dominicana, a reproducir las divisiones partidarias del pa\u00eds de origen y a participar intensamente en campa\u00f1as electorales dominicanas. Esa pr\u00e1ctica respond\u00eda a una realidad demogr\u00e1fica espec\u00edfica: una comunidad integrada mayoritariamente por inmigrantes que conservaban la expectativa de regresar alg\u00fan d\u00eda a vivir en su pa\u00eds.<\/p>\n<p>Hoy esa realidad ha cambiado considerablemente. La comunidad dominicana en Nueva York ya no est\u00e1 formada \u00fanicamente por inmigrantes. Existen cientos de miles de ciudadanos estadounidenses de origen dominicano nacidos en este pa\u00eds, as\u00ed como una creciente tercera generaci\u00f3n que mantiene una identidad dominicana distinta a la de sus padres y abuelos. Para estos j\u00f3venes, la Rep\u00fablica Dominicana constituye una parte importante de su herencia cultural, pero el lugar donde estudian, trabajan, pagan impuestos, votan y desarrollan sus proyectos de vida es Estados Unidos.<\/p>\n<p>Como nos ha dicho una y otra vez nuestro amigo y hermano Rafael Sensi\u00f3n, un gran l\u00edder comunitario, la comunidad dominicana debe prestar mucha m\u00e1s atenci\u00f3n a lo que ocurre dentro de nuestras propias comunidades y reducir el excesivo enfoque en la pol\u00edtica dominicana. Esa reflexi\u00f3n adquiere hoy m\u00e1s vigencia que nunca. Si la comunidad logra concentrar sus esfuerzos en los problemas locales \u2014la vivienda asequible, la calidad de las escuelas p\u00fablicas, la seguridad ciudadana, el desarrollo econ\u00f3mico, el acceso a empleos bien remunerados y la creaci\u00f3n de empresas\u2014 podr\u00e1 construir una base mucho m\u00e1s s\u00f3lida para aumentar su poder pol\u00edtico y convertir ese poder en beneficios concretos para los barrios donde viven los dominicanos.<\/p>\n<p>Este cambio de enfoque tambi\u00e9n implica una evoluci\u00f3n en la forma de entender la representaci\u00f3n pol\u00edtica. Durante muchos a\u00f1os se asumi\u00f3 que un representante dominicano deb\u00eda actuar como una especie de puente permanente entre Nueva York y la Rep\u00fablica Dominicana. Esa funci\u00f3n fue importante en un momento hist\u00f3rico determinado, pero hoy la responsabilidad principal de cualquier funcionario electo es representar eficazmente a los ciudadanos que viven en su distrito, independientemente de sus v\u00ednculos con el pa\u00eds de origen.<\/p>\n<p>Naturalmente, habr\u00e1 quienes sostengan que la representaci\u00f3n pol\u00edtica de las comunidades dominicanas debe seguir estrechamente ligada a la realidad dominicana porque todav\u00eda existen miles de personas que mantienen propiedades, familiares e intereses econ\u00f3micos en la isla. Ese argumento no carece de fundamento, pero parte de una realidad que est\u00e1 cambiando r\u00e1pidamente. La estructura demogr\u00e1fica de la comunidad ya no es la misma que hace treinta o cuarenta a\u00f1os. Las nuevas generaciones no construyen su identidad pol\u00edtica alrededor de la posibilidad de regresar definitivamente a la Rep\u00fablica Dominicana, sino alrededor de su participaci\u00f3n plena como ciudadanos estadounidenses de origen dominicano.<\/p>\n<p>Precisamente por ello, este cambio generacional no debe verse como una p\u00e9rdida de la identidad dominicana, sino como una nueva etapa de su desarrollo. La comunidad dominicana puede seguir fortaleciendo sus lazos culturales, familiares y econ\u00f3micos con la Rep\u00fablica Dominicana mientras construye una agenda pol\u00edtica propia dentro de los Estados Unidos. Ambas dimensiones no son incompatibles, pero s\u00ed requieren reconocer que las prioridades de una comunidad madura no necesariamente coinciden con las de una comunidad reci\u00e9n llegada.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de una nueva generaci\u00f3n de l\u00edderes representa, por tanto, mucho m\u00e1s que una victoria o una derrota electoral. Simboliza el paso de una comunidad inmigrante a una comunidad que lucha continuamente por integrarse plenamente en la vida pol\u00edtica estadounidense. El verdadero desaf\u00edo ahora consiste en que tanto los nuevos representantes como la propia comunidad comprendan esa transformaci\u00f3n y construyan una agenda pol\u00edtica capaz de responder a las necesidades del presente sin perder el v\u00ednculo hist\u00f3rico y cultural que une a millones de dominicanos con la tierra de sus padres y abuelos. Esa ser\u00e1, probablemente, la gran tarea pol\u00edtica de la comunidad dominicana en Nueva York durante las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por ANTONIO A. 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