{"id":79340,"date":"2026-04-17T00:00:44","date_gmt":"2026-04-17T04:00:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=79340"},"modified":"2026-04-15T19:18:18","modified_gmt":"2026-04-15T23:18:18","slug":"hay-que-decirlo-otra-vez-el-agua-no-tiene-la-culpa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2026\/04\/17\/hay-que-decirlo-otra-vez-el-agua-no-tiene-la-culpa\/","title":{"rendered":"Hay que decirlo otra vez: el agua no tiene la culpa"},"content":{"rendered":"<p>Por <strong>Luis Carvajal<\/strong><\/p>\n<p>Desde ayer, martes 7 de abril, y durante hoy, mi\u00e9rcoles 8 de abril de 2026, la vaguada ha vuelto a escribir su caligraf\u00eda \u00e1spera sobre Santo Domingo, San Crist\u00f3bal y buena parte del pa\u00eds.<\/p>\n<p>No fue un sobresalto aislado. Fue otra advertencia del cielo sobre un territorio que insiste en comportarse como si el agua fuera una visita excepcional y no una antigua due\u00f1a del relieve.<\/p>\n<p>Por eso conviene repetir, con m\u00e1s firmeza que nunca, lo que ya escrib\u00ed antes: el agua no tiene la culpa. La lluvia no delinque.<\/p>\n<p>La lluvia no conspira. La lluvia no hace lobby. No rellena humedales de madrugada, no tapa ca\u00f1adas con basura, no firma permisos temerarios, no confunde desarrollo con varilla.<\/p>\n<p>El agua cae, busca pendiente, obedece la gravedad y recuerda, con una memoria m\u00e1s antigua que nuestros ayuntamientos, por d\u00f3nde respiraba el territorio antes de que le pusieran una plancha de cemento sobre la boca.<\/p>\n<p>Lo que solemos llamar desastre natural es, demasiadas veces, naturaleza atravesando un desastre humano.<\/p>\n<p>La ciudad olvida y el agua recuerda. Esa es la tragedia. No es que la lluvia invada: es que ocupamos su camino. No es que el aguacero se vuelva malvado: es que dise\u00f1amos barrios, avenidas y urbanizaciones como si la escorrent\u00eda fuera un rumor y no una ley f\u00edsica.<\/p>\n<p>No es que el agua llegue con una furia inexplicable: es que le hemos construido autopistas de asfalto, muros de encierro y embudos de velocidad.<\/p>\n<p>La ciencia lleva a\u00f1os dici\u00e9ndonos, con voz sobria, lo que aqu\u00ed todav\u00eda preferimos o\u00edr como si fuera exageraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Viviremos m\u00e1s sobresaltos del agua, tanto por exceso como por ausencia. M\u00e1s inundaciones. M\u00e1s sequ\u00edas. M\u00e1s d\u00edas en que el pa\u00eds sienta que el cielo le cae encima, y m\u00e1s meses en que la tierra cruja como un pan viejo.<\/p>\n<p>No estamos frente a una rabieta del tiempo. Estamos frente a la respuesta f\u00edsica de un planeta sometido a demasiada violencia.<\/p>\n<p>El clima no es culpable, pero s\u00ed est\u00e1 siendo herido. Lo hiere un modelo de desarrollo que quema, arrasa y acelera. Lo hiere la dependencia f\u00f3sil.<\/p>\n<p>Lo hiere la deforestaci\u00f3n. Lo hiere la devastaci\u00f3n de sistemas vivos que ayudan a regular el agua y el carbono. Lo hieren tambi\u00e9n las guerras, con su gasto energ\u00e9tico descomunal y su maquinaria de humo, fuego y ruina.<\/p>\n<p>Y lo hiere, adem\u00e1s, la destrucci\u00f3n del plancton marino y de los bosques que todav\u00eda trabajan, en silencio, para enfriar el mundo, domesticar el agua y sostener su respiraci\u00f3n profunda.<\/p>\n<p>Pero incluso dentro de esa crisis global, hay culpas muy dom\u00e9sticas, muy nuestras, muy visibles. Las superficies impermeables reducen la infiltraci\u00f3n y aumentan la escorrent\u00eda. Los humedales, en cambio, almacenan agua durante las inundaciones y ayudan a preservarla en tiempos de sequ\u00eda.<\/p>\n<p>La ecuaci\u00f3n es simple y no come cuentos: cada humedal rellenado multiplica el riesgo; cada tramo de ciudad sellado sin criterio hidrol\u00f3gico acelera el da\u00f1o; cada ca\u00f1ada tratada como estorbo regresa luego como advertencia. La lluvia no colapsa sola una ciudad: la colapsa una ciudad que olvid\u00f3 c\u00f3mo absorberla, c\u00f3mo retardarla, c\u00f3mo dejarla pasar, como dejarla ser.<\/p>\n<p>De modo que la discusi\u00f3n no deber\u00eda ser contra el agua, sino a favor de la inteligencia territorial. Cada metro ocupado deber\u00eda responder a una pregunta anterior a cualquier negocio y a cualquier inauguraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00bfqu\u00e9 har\u00e1 aqu\u00ed el agua cuando llegue? \u00bfPor d\u00f3nde entrar\u00e1? \u00bfPor d\u00f3nde saldr\u00e1? \u00bfD\u00f3nde se detendr\u00e1 sin matar ni destruir? \u00bfQu\u00e9 parte del suelo podr\u00e1 absorberla? \u00bfQu\u00e9 zona debe permanecer libre para que ella haga, sin tragedia, su trabajo antiguo?<\/p>\n<p>Planificar un pa\u00eds sin poner el agua en el centro es como dise\u00f1ar una casa ignorando que existe el fuego.<\/p>\n<p>Tarde o temprano, la realidad cobra.<\/p>\n<p>Necesitamos, de una vez, un ordenamiento del territorio cuyo eje principal no sea la especulaci\u00f3n del suelo, sino la dignidad del agua.<\/p>\n<p>No ocupar lo inundable. No rellenar humedales. No sellar la ciudad hasta volverla una bandeja. No convertir avenidas y calles en autopistas para el torrente destructor. No seguir llamando modernidad a todo lo que acelera la escorrent\u00eda y expulsa la infiltraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El verdadero progreso no consiste en obligar al agua a desaparecer del mapa, sino en darle rutas, pausas, poros, memoria y respeto.<\/p>\n<p>Porque al final la frase sigue intacta, m\u00e1s clara bajo el aguacero que bajo el sol: el agua no tiene la culpa.<\/p>\n<p>La culpa es de una civilizaci\u00f3n que todav\u00eda se cree m\u00e1s inteligente que la pendiente, de una pol\u00edtica que oye m\u00e1s al negocio que a la cuenca, de un urbanismo que quiere domesticar la lluvia sin haber aprendido primero a leerla.<\/p>\n<p>El agua no es la enemiga. El agua es el examen. Y cada vez que reprobamos esa prueba, la ciudad amanece convertida en un reporte de notas en rojo que nos manda a hacer la tarea de nuevo y a corregir nuestros apuntes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Luis Carvajal Desde ayer, martes 7 de abril, y durante hoy, mi\u00e9rcoles 8 de&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":75003,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[55],"tags":[],"class_list":["post-79340","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacionales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79340","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=79340"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79340\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":79341,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79340\/revisions\/79341"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/75003"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=79340"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=79340"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=79340"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}