{"id":78757,"date":"2026-03-22T00:00:17","date_gmt":"2026-03-22T04:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=78757"},"modified":"2026-03-22T01:06:52","modified_gmt":"2026-03-22T05:06:52","slug":"el-cuento-unico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2026\/03\/22\/el-cuento-unico\/","title":{"rendered":"El cuento \u00fanico"},"content":{"rendered":"<p>Por <strong>An\u00edbal Hern\u00e1ndez Medina<br \/>\n<\/strong>Menci\u00f3n de honor en el Premio de Cuento<br \/>\ny Poes\u00eda Casa de Teatro 2021<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aaanda la mierdota! \u2014ladr\u00f3 Jos\u00e9 al chocar con la mesita de noche escondida en la oscuridad. A seguidas, se prendi\u00f3 la luz de la habitaci\u00f3n. Sali\u00f3 Yuli, en camis\u00f3n. A pesar de lo deslucido de las telas impregnadas de v\u00f3mito de ni\u00f1o y quehaceres, lograba que a Jos\u00e9 se le prendiera la libido. Pod\u00eda ver la figura delgada y transl\u00facida de su morena, con serias estr\u00edas, pero suya al final de cuentas.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 con intenci\u00f3n, pero era evidente su desatino, al lanzar a su mujer un: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hora son?\u00bb, en ese cierto tono. Vendr\u00eda otra de las discusiones que se hac\u00edan cada vez m\u00e1s frecuentes. M\u00e1s cuestionamientos sobre sus amigos, m\u00e1s sobre el poco dinero, sobre salir a beber mientras ella se quedaba en casa, desperdiciando su juventud; m\u00e1s qu\u00e9 dir\u00e1n las vecinas, m\u00e1s invocaciones sobre la sabidur\u00eda de su suegra ya muerta, m\u00e1s charlas maritales, m\u00e1s compromisos, m\u00e1s promesas, m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>\u2014Es culpa de C\u00e9sar \u2014se encontr\u00f3 diciendo.<\/p>\n<p>Lo dicho sorprend\u00eda a Yuli, aunque quiz\u00e1 no tanto como debi\u00f3 hacerlo. Quiso explicaciones. Manuel gesticul\u00f3 con exageraci\u00f3n, casi con melodrama, sobre el mal pasar en la oficina. De c\u00f3mo necesitaba relajarse despu\u00e9s de esas horas infernales. Pr\u00e1cticamente era un servicio social lo que hac\u00edan los muchachos cuando se lo llevaban de tragos. Terapia de la barata. \u00ab\u00bfNo ser\u00eda con ella?\u00bb, increp\u00f3 Yuli. Jos\u00e9 le record\u00f3 su juramento, hecho frente a la consejera del ministerio. Juramento que manten\u00eda solemne, sin dudas ni arrepentimiento. Insisti\u00f3 en las buenas intenciones de ellos, los muchachos, y en la culpabilidad del tal C\u00e9sar. El advenedizo. El intruso.\u00a0 No era como ellos, le record\u00f3 a su mujer. No entend\u00eda de responsabilidades como deb\u00eda hacerlo un adulto.<\/p>\n<p>Yuli asinti\u00f3. Ciertamente no hab\u00eda nada que indicara lo contrario. Esta vez no sinti\u00f3 el perfume de ella. Ni la vecina le hab\u00eda dado una voz de alerta en los d\u00edas reci\u00e9n pasados\u2026 pero algo raro se asomaba. No pod\u00eda poner el dedo en qu\u00e9\u2026 De todos modos, era tarde, y ya Jos\u00e9 hab\u00eda demostrado que quer\u00eda esa noche. Calcul\u00f3 las horas por dormir antes del amanecer (y que ahora ser\u00edan menos). Como todo cuadraba, tuvieron sexo. Luego, se dieron el beso de las buenas noches. El \u00abhasta ma\u00f1ana, que duermas bien\u00bb. Pero antes de ponerse a so\u00f1ar, Yuli se volte\u00f3 hacia su marido y, sosteni\u00e9ndole la mirada, le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s seguro de que C\u00e9sar Augusto, nuestro bebo de once meses, es el culpable?<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed es, more. \u00c9l es el responsable.<\/p>\n<p>A lo que su mujer, aparentemente satisfecha, retorn\u00f3 a su posici\u00f3n inicial, deposit\u00e1ndose de lado sobre su almohada y porci\u00f3n de la cama, cerrando los ojos hasta la pr\u00f3xima faena.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>El realizar los quehaceres dom\u00e9sticos siempre le sentaba bien a Yuli. Le despejaba la mente. Le alejaba las dudas sobre Jos\u00e9. As\u00ed que, entibiada el agua, a\u00f1adi\u00f3 las cucharadas recomendadas. Despu\u00e9s, coloc\u00f3 el chupete y agit\u00f3 la botella con fuerza. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edan ser los de la oficina (o C\u00e9sar) los culpables de sus andadas? \u00bfAcaso no ten\u00eda car\u00e1cter suficiente para rechazarlos? Yuli no dec\u00eda que no tuviera vida social, pero semanal no pod\u00eda ser. Siempre excus\u00e1ndose en el otro. Ya algo parecido hab\u00eda dicho cuando estaba embarazada y \u00e9l andaba con la Otra (por lo que le contaron, Yuli no la conoci\u00f3. Ni siquiera se la pod\u00eda imaginar). Yuli nunca dejaba la casa. Pas\u00f3 directo del reino paterno hacia las fauces del lobo. \u00abNo viviste lo suficiente\u00bb, le hab\u00eda dicho alguien o algo en alguna ocasi\u00f3n. Pero \u00bfqu\u00e9 \u00a0habr\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de Jos\u00e9 y de su bizcochito? Sus amigas del liceo le confiaban \u00abcosas\u00bb, aunque nada ya que le pudiese interesar. Al final, tampoco ten\u00eda tiempo para ellas. Solo se entreten\u00eda con la vecina del tercero. La que la llev\u00f3 al ministerio cuando empezaron los problemas. Era una se\u00f1ora del doble de su edad, por lo que la proteg\u00eda como una madre. Ella fue quien le advirti\u00f3 sobre los decires sobre Jos\u00e9. Pero, por igual, le reproch\u00f3 su apat\u00eda frente a la informaci\u00f3n (que insisti\u00f3 en que no era chisme). Le platic\u00f3 sobre el valor que uno deb\u00eda darse a s\u00ed misma. Exigir el respeto que se le debe a una como mujer. Yuli la entendi\u00f3 a la perfecci\u00f3n. Ciertamente, los muchachos de la oficina eran una mala influencia. Tem\u00eda lo que podr\u00edan provocar.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 tal si Carlos se <em>descarriaba<\/em>? \u00bfQu\u00e9 tal si el bebo segu\u00eda sus pasos?&#8230; Yuli se encontr\u00f3 con que ten\u00eda a C\u00e9sar levantado frente a s\u00ed. Le escudri\u00f1aba el rostro. Quer\u00eda descifrar el futuro andar del bizcochito\u2026 No lo logr\u00f3. Mejor le daba de comer. Despu\u00e9s de los eructos, lo deposit\u00f3 de vuelta en la cuna y luego lo arrop\u00f3. Yuli continu\u00f3 con las faenas para despejar la mente. Entre el lavado de la losa y la reordenaci\u00f3n de la sala, encontr\u00f3 las fotos enmarcadas de sus campeonatos de nataci\u00f3n. Nunca lleg\u00f3 a ganar nada importante, no era tan buena. Pero le dio curiosidad esa otra vida. Jos\u00e9 se la celebraba, de ah\u00ed ella hab\u00eda sacado tan buen cuerpo, le dec\u00eda de tanto en tanto. Continu\u00f3. Proporcion\u00f3 comida a la gata que tuvo que espantar de las cortinas de encaje que les hab\u00eda regalado la suegra en la apresurada boda (a esa no la aceptar\u00eda como segunda madre, ni que se lo rogar\u00e1). Despu\u00e9s ven\u00eda el barrido, el desempolvo, el suapeado. Quiz\u00e1, m\u00e1s tarde, una salida al mercado o un poco de la Palabra. Su familia era cat\u00f3lica. Su madre le hab\u00eda dado su Biblia de reglamento cuando ni\u00f1a y en el <em>cole<\/em> le hab\u00edan hablado de lo \u00abbueno\u00bb en la clase de religi\u00f3n. Su padre profesaba, por igual, la fe. Aunque un tanto nominal. Lo hac\u00eda como ser escogidista. Dec\u00eda seguir al equipo, pero no pod\u00eda mencionar a ninguno de los peloteros del plantel. O ni siquiera al manager. As\u00ed que ambos fueron algo ap\u00e1ticos cuando Yuli asumi\u00f3 al evangelio. Ni fu ni fa. Ni les iba ni les ven\u00eda. Tampoco a Carlos, aunque siempre acced\u00eda a los rituales, a la consejera y dem\u00e1s, para al final hacer lo que le pareciera. Yuli resoll\u00f3, le pareci\u00f3 que era un buen momento para consultar el libro. Pero al tomarlo, encontr\u00f3 entre sus p\u00e1ginas un volante impreso a rojo y negro y de tama\u00f1o media carta; sab\u00eda de esos formatos porque Carlos trabajaba como dise\u00f1ador junior en la publicitaria. Estaba doblado a la mitad. Abri\u00f3 y observ\u00f3 la gran foto tramada de un beb\u00e9 con pupilas verticales, seguido de:<\/p>\n<p>\u00abEl enemigo descansa bajo nuestro techo\u00bb<\/p>\n<p>Con una variedad de negritas y oblicuas se explayaba el volante en explicarnos en que <em>ellos no eran como nosotros. <\/em>En c\u00f3mo se infiltraban en nuestro entorno, envueltos en baba y ternura; reptando con sus rollizos miembros, abri\u00e9ndose paso por el t\u00fanel materno y cobij\u00e1ndose en nuestras sombras. \u00bfPor qu\u00e9 Ad\u00e1n no fue hecho como beb\u00e9 por nuestro Se\u00f1or, sino como adulto? Nos preguntaba el panfleto en brillantes letras rojas.\u00a0 Finalizaba con una grotesca imagen de una serpiente enroscada alrededor de un ni\u00f1o como su protectora y un llamado a la acci\u00f3n. Yuli pens\u00f3 en alguno de los amigotes de Jos\u00e9. Todos ellos eran groseros, patanes. Alguno hab\u00eda hecho esto y dejado en la mochila a su esposo. Quiz\u00e1s, al verlo y darse cuenta de que lo hab\u00eda tra\u00eddo a la casa, Jos\u00e9 quiso purificarlo con la Palabra. Por eso estaba dentro del libro\u2026 \u00a0O quiz\u00e1 fue la Otra.<\/p>\n<p>No satisfecha con haberse acostado con su marido, buscaba que \u00e9l se prejuiciara con su propio hijo.\u00a0 Deb\u00eda esconder el volante antes de que llegara de la oficina\u2026 Pero \u00bfc\u00f3mo pudo haber entrado? Yuli siempre estaba en la casa, casi siempre. A menos que la Otra tuviese llave. \u00bfQui\u00e9n se la dar\u00eda?\u2026 pero ya era tarde. Jos\u00e9 daba vuelta al llav\u00edn. Ella no se hab\u00eda percatado del pasar del tiempo. Se encontr\u00f3 sentada en la sala todav\u00eda con el plumero en mano. \u00bfCu\u00e1nto hab\u00eda sido? Vio por el ventanal y entendi\u00f3 que s\u00ed se hab\u00eda apagado la tarde. En tanto a Jos\u00e9, este le sonri\u00f3 y le dio un beso sonoro en el cachete izquierdo. Inmediatamente reconoci\u00f3 lo que Yuli ten\u00eda en manos.<\/p>\n<p>\u2014Me lo dieron en la oficina\u2026 Locuras, la gente cada vez est\u00e1 m\u00e1s <em>atronada<\/em>\u2026 S\u00ed, as\u00ed es\u2026 aunque\u2026 algunos all\u00e1 afirman que dice ciertas verdades \u2014admiti\u00f3, vi\u00e9ndola de reojo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1les? \u2014musit\u00f3 Yuli.<\/p>\n<p>\u2014Bueno\u2026 \u2014dud\u00f3 por un instante\u2014. \u00a1Ah! \u00abNo son como nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed es.<\/p>\n<p>\u2014Te has dado cuenta, \u00bfno?<\/p>\n<p>\u2014Ciertas cosas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLo has tenido bajo vigilancia?<\/p>\n<p>\u2014Siempre \u2014replic\u00f3 con algo de orgullo.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, \u00bfsabes de lo que hablo\u2026?<\/p>\n<p>Yuli guard\u00f3 silencio. Ciertamente lo hab\u00eda mantenido bajo vigilancia. Un escrutinio constante. Y las diferencias eran claras. No entienden lo que les cuentas, no responden a tus dudas. Jos\u00e9 pod\u00eda verle su convencimiento en el rostro, as\u00ed que le encarg\u00f3 la tarea de observarlo por todo el fin de semana. Era de suma importancia. \u00c9l tendr\u00eda que ausentarse hasta el domingo en la noche, por asuntos de la oficina, as\u00ed que ella deb\u00eda ser extremadamente cuidadosa ahora que se quedar\u00eda sola con \u00e9l. Deb\u00eda concentrarse solo en \u00e9l. Nada m\u00e1s en \u00e9l.<\/p>\n<p>Yuli asinti\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Puedes confiar en m\u00ed, Jos\u00e9. No te defraudar\u00e9.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 sonri\u00f3, le dio otro beso y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda de cenar. Ella le indic\u00f3 que fuera a refrescarse, todo estar\u00eda listo en unos minutos. Antes de ir a la cocina, Yuli volte\u00f3 y lo observ\u00f3 una vez m\u00e1s, a C\u00e9sar.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Jos\u00e9 arrib\u00f3 casi a las doce. Cojeaba levemente del lado izquierdo. Hab\u00eda estado retozando en el r\u00edo y resbalado en una piedra lisa pero afilada. Se hab\u00eda ca\u00eddo al agua y perdido el reloj. El reloj que le hab\u00eda regalado Yuli en su aniversario de hace dos a\u00f1os. \u00bfQu\u00e9 le dir\u00eda? Algo convincente, pero \u00bfqu\u00e9? Ingres\u00f3 comoquiera y cerr\u00f3 la puerta tras de s\u00ed. Deposit\u00f3 el bulto en la sala, pas\u00f3 a la cocina y observ\u00f3 su contenido. Nada. Solo unas zanahorias en la nevera y una botella vac\u00eda de la cr\u00eda en el fregadero. Rota. Palpo las cicatrices en uno de los laterales del pl\u00e1stico transl\u00facido. Luego acarici\u00f3 al gato que se le arrimaba frot\u00e1ndole la pierna. Camino hacia la habitaci\u00f3n que compart\u00edan los tres. En ella, sentada en una esquina, sonriente, le esperaba Yuli con los ojos cristalizados por las l\u00e1grimas. En tanto, en el centro de la habitaci\u00f3n, descend\u00edan desde el techo las cortinas de su madre liadas en una improvisada soga. Del final de ella colgaba el cuerpo. Con falsa calma, Jos\u00e9 retorn\u00f3 su mirada a Yuli, que romp\u00eda en un abundante llanto. Despu\u00e9s vio hacia la otra esquina, donde balbuceaba C\u00e9sar que segu\u00eda vivo, por el momento, en su destartalada cuna. Jos\u00e9 se dispondr\u00eda a deshacerse del ponzo\u00f1oso cad\u00e1ver de la serpiente enroscada en el tejido y que oscilaba sobre la cama. Ahora que ya no ten\u00eda necesidad de \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>An\u00edbal Hern\u00e1ndez Medina<\/strong> (Budapest, 1978). Escritor, guionista y publicista dominicano por la Universidad Aut\u00f3noma de Santo Domingo, con maestr\u00eda en guion por la Universidad de Sevilla. Ha recibido distinciones por sus cuentos en los concursos Ren\u00e9 del Risco Berm\u00fadez (2020), los Casa de Teatro 2019 y 2021 y el Premio De Abreu 2025. Asimismo, su \u00abTanama y Soraya\u00bb resulta finalista en el XIII Premio de Novela Infantil Altazor 2025. Por igual, compila \u00abPrietopunk. Antolog\u00eda de afrofuturismo caribe\u00f1o\u00bb y edita la parte dominicana de \u00abLatinoam\u00e9ric\u00e6ditada. A\u00fan no disponible en su regi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por An\u00edbal Hern\u00e1ndez Medina Menci\u00f3n de honor en el Premio de Cuento y Poes\u00eda Casa&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":78758,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-78757","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78757","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78757"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78757\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":78762,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78757\/revisions\/78762"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/78758"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78757"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78757"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78757"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}