{"id":78468,"date":"2026-03-09T00:00:25","date_gmt":"2026-03-09T04:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=78468"},"modified":"2026-03-08T17:01:31","modified_gmt":"2026-03-08T21:01:31","slug":"y-tu-tambien-caiste-en-la-trampa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2026\/03\/09\/y-tu-tambien-caiste-en-la-trampa\/","title":{"rendered":"Y t\u00fa, \u00bftambi\u00e9n ca\u00edste en la trampa?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\">Por N\u00c9STOR EST\u00c9VEZ<\/p>\n<p>La trampa que mejor funciona es precisamente la que no parece trampa.<\/p>\n<p>El uso de internet se abri\u00f3 al p\u00fablico como una gran promesa de libertad. La dispusieron como una red abierta donde las personas podr\u00edan conectarse, conversar y compartir sin intermediarios. Durante los primeros a\u00f1os de expansi\u00f3n digital, la idea era seductora: m\u00e1s conexi\u00f3n significaba m\u00e1s comunidad, para seres que necesitamos vivir en comunidad.<\/p>\n<p>As\u00ed llegaron los correos electr\u00f3nicos, los foros, los blogs, en fin, una especie de territorio nuevo donde cualquiera pod\u00eda participar en la conversaci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>Pero el cuento ha cambiado. Sin que muchos lo advirtieran, la estructura de esa red comenz\u00f3 a transformarse. La investigadora holandesa J. van Dijck, en su an\u00e1lisis sobre la cultura digital contempor\u00e1nea, se\u00f1ala que en poco m\u00e1s de una d\u00e9cada ocurri\u00f3 un cambio profundo: pasamos de una comunicaci\u00f3n en red a una\u00a0<b>socialidad organizada por plataformas<\/b>.<\/p>\n<p>Puede sonar t\u00e9cnico, pero sus consecuencias son muy serias. En los primeros tiempos de la web, las herramientas digitales funcionaban como canales abiertos. Los usuarios decid\u00edan c\u00f3mo utilizarlas: crear grupos, intercambiar mensajes o compartir contenidos. La tecnolog\u00eda\u00a0<b>facilitaba la interacci\u00f3n<\/b>, pero no la dirig\u00eda completamente.<\/p>\n<p>Con la llegada de la llamada web 2.0, ese escenario comenz\u00f3 a modificarse. Plataformas como Facebook, Twitter o YouTube dejaron de ser simples portadores de mensajes y se transformaron en infraestructuras que moldean la interacci\u00f3n social. Ya no se limitan a permitir la conversaci\u00f3n: la\u00a0<b>organizan<\/b>, la\u00a0<b>estructuran<\/b>\u00a0y la\u00a0<b>orientan<\/b>.<\/p>\n<p>Van Dijck llama a este fen\u00f3meno \u201c<b>socialidad por plataformas<\/b>\u201d. La expresi\u00f3n describe un cambio decisivo: nuestras conversaciones, v\u00ednculos y expresiones ya no ocurren \u00fanicamente entre personas, sino dentro de sistemas dise\u00f1ados para\u00a0<b>registrar<\/b>,\u00a0<b>ordenar<\/b>\u00a0y\u00a0<b>dirigir<\/b>\u00a0esas interacciones.<\/p>\n<p>La diferencia es fundamental. En la comunicaci\u00f3n en red, la tecnolog\u00eda era un medio. En la socialidad por plataformas, la tecnolog\u00eda se convierte en\u00a0<b>arquitectura de la vida social<\/b>.<\/p>\n<p>Ve\u00e1moslo en la vida cotidiana. Hace no tanto tiempo, actividades como conversar entre amigos, compartir una fotograf\u00eda o comentar una idea eran actos ef\u00edmeros que ocurr\u00edan dentro de peque\u00f1os c\u00edrculos. Hoy esas mismas acciones quedan registradas, cuantificadas y visibles para audiencias potencialmente masivas, y adem\u00e1s desconocidas.<\/p>\n<p>Lo que antes era pasajero ahora se convierte en dato. Las plataformas no solo facilitan la interacci\u00f3n: tambi\u00e9n la codifican. Cada clic, cada \u201cme gusta\u201d, cada comentario alimenta sistemas algor\u00edtmicos que organizan la visibilidad de la informaci\u00f3n y, al mismo tiempo,\u00a0<b>generan valor econ\u00f3mico<\/b>.<\/p>\n<p>Amigos, seguidores, visualizaciones y reacciones pasan a ser indicadores que ordenan la vida digital. La popularidad se convierte en una variable cuantificable y, por tanto, manipulable. Pero hay un detalle que suele pasar desapercibido: en esa transacci\u00f3n,\u00a0<b>los usuarios terminamos siendo la mercanc\u00eda<\/b>.<\/p>\n<p>Me explico. Las plataformas operan dentro de un ecosistema econ\u00f3mico donde la informaci\u00f3n sobre los usuarios tiene un enorme valor. Por eso la interacci\u00f3n humana se convierte en materia prima para sistemas que procesan datos, segmentan audiencias y orientan flujos de informaci\u00f3n. De ah\u00ed su empe\u00f1o en que permanezcamos dentro de ellas.<\/p>\n<p>Por eso despu\u00e9s de un contenido entretenido aparece otro m\u00e1s atractivo. Y luego otro. Y otro m\u00e1s. Cada clic permite conocer mejor nuestras preferencias. Ese conocimiento se convierte en \u201coro molido\u201d para quien quiera vendernos algo. Para ellos, el negocio resulta redondo.<\/p>\n<p>Y para que as\u00ed sea, tienen su clave. Porque cuando la interacci\u00f3n se organiza alrededor de m\u00e9tricas de popularidad, la conversaci\u00f3n p\u00fablica tiende a privilegiar\u00a0<b>lo inmediato, lo emocional y lo f\u00e1cilmente compartible<\/b>. Lo complejo pierde espacio. Lo reflexivo compite en desventaja frente a lo viral.<\/p>\n<p>Aclaro. No te invito a demonizar las plataformas. Hoy forman parte esencial de la infraestructura social contempor\u00e1nea. Influyen en la manera en que las personas se informan, construyen relaciones y participan en el debate p\u00fablico.<\/p>\n<p>El problema no es su existencia. El problema es no comprender su l\u00f3gica, su trampa. Porque cuando nuestras conversaciones ocurren dentro de estructuras controladas por plataformas privadas, otros terminan influyendo en c\u00f3mo circula la informaci\u00f3n y cu\u00e1les contenidos adquieren mayor visibilidad.<\/p>\n<p>Por eso concluyo preguntando. \u00bfQueremos que internet siga siendo un espacio de encuentro entre personas? \u00bfO aceptaremos, sin cuestionarlo, un mundo donde la vida social queda cada vez m\u00e1s programada por plataformas?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por N\u00c9STOR EST\u00c9VEZ La trampa que mejor funciona es precisamente la que no parece trampa.&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":66757,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[143,51],"tags":[],"class_list":["post-78468","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nestor-estevez","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78468","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78468"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78468\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":78469,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78468\/revisions\/78469"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/66757"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78468"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78468"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78468"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}