{"id":76108,"date":"2025-11-05T00:01:39","date_gmt":"2025-11-05T04:01:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=76108"},"modified":"2025-11-05T00:01:39","modified_gmt":"2025-11-05T04:01:39","slug":"besos-de-ambar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2025\/11\/05\/besos-de-ambar\/","title":{"rendered":"Besos de \u00e1mbar"},"content":{"rendered":"<p>Por <strong>Roxanna Delgado Boy\u00e1<br \/>\n<\/strong>Cuento ganador del Premio Banreservas de Relatos,<br \/>\nedici\u00f3n 2024, dedicada al jazz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 al bajo despertar con sus primeras notas a trav\u00e9s de la penumbra del bar. Envolvi\u00f3 a un p\u00fablico que de inmediato sumergi\u00f3 su atenci\u00f3n en el mar melodioso. La guitarra le contest\u00f3 y el percusionista entr\u00f3 al di\u00e1logo. Toc\u00f3 mi turno. Puse los labios y los dedos en el metal y dej\u00e9 salir mis notas como acariciando el aire. El p\u00fablico me alent\u00f3 con un suave aplauso.<\/p>\n<p>Era el bar donde pap\u00e1 tocaba. Recuerdo la primera vez que me llev\u00f3 all\u00ed a verlo ensayar. Lo hizo porque se daba cuenta de que siempre lo contemplaba embelesado cuando le imprim\u00eda vida a su instrumento. Su m\u00fasica flu\u00eda como pajarillo alegre en la casa, en el parque. Aquellos morenos y fuertes dedos trataban su trompeta con una agilidad que anhelaba imitar. Escuchaba esa m\u00fasica correr igual que un animal desbocado, en otras ocasiones, languidec\u00eda como la mirada de una amante o era una cascada de notas r\u00e1pidas que ol\u00edan a tarde mojada, a cigarrillos lentos, como esos que fumaba la gente en el bar.<\/p>\n<p>Desde muy ni\u00f1o me iba a la cama con esa m\u00fasica, con pap\u00e1 sentado a mi lado tocando hasta que me dorm\u00eda. Una vez me dijo que despu\u00e9s de dormirme la m\u00fasica se iba al cielo, desde donde mam\u00e1 nos sonre\u00eda y nos envolv\u00eda en su abrazo. Que all\u00e1 era muy feliz, porque nos ten\u00eda a los dos. Y que adem\u00e1s de ella, \u00e9l tambi\u00e9n nos ten\u00eda a los dos: a m\u00ed y a su trompeta. As\u00ed que crec\u00ed con el instrumento como si fuera un hermano. Pero al que jam\u00e1s tocaba y con el que ni jugaba, salvo que pap\u00e1 saliera y entonces yo aprovechaba para sacarlo r\u00e1pido, pero con cuidado de la bolsa acolchada donde lo guardaba. Contemplaba el brillo de su objeto sagrado y pasaba mis dedos por sus perfectas l\u00edneas. Luego me lo llevaba a los labios, soplaba y sacaba cualquier sonido mientras mis dedos bajaban y sub\u00edan de forma torpe por los pulsadores. A veces me pon\u00eda un bollo de ropa por debajo de la camiseta y mientras tocaba me miraba de perfil en el espejo del cuarto para ver mi barriga como la de pap\u00e1. Me pasaba gran parte del tiempo en eso antes de que \u00e9l regresara.<\/p>\n<p>Otro aplauso me alienta para la segunda pieza, un poco m\u00e1s alegre que la primera. La percusi\u00f3n me abre paso y me sigue una estela de cuerdas. Dejo fluir colores desde el metal, un viento muy parecido al de mi padre&#8230;<\/p>\n<p>De d\u00eda, el bar se ve\u00eda distinto, como si su magia se hubiese ido a dormir para recuperar fuerzas y resurgir en la noche. A veces lo abr\u00edan temprano para que los artistas ensayaran. Cuando pap\u00e1 me llev\u00f3, me sent\u00e9 en una mesa con aire de adulto, me sent\u00ed importante. Desde all\u00ed lo vi transformarse en un monstruo con su instrumento, rodeado de cuatro m\u00fasicos m\u00e1s, todos entregados a una conversaci\u00f3n de notas y ritmos. La corpulenta figura se impon\u00eda con el metal entre los dedos. Le dec\u00edan Manos de Seda. Sus aterciopeladas melod\u00edas eran una caricia a la vista y a los o\u00eddos. Desde ese entonces, supe que mi padre era mi Dios. Quer\u00eda ser como \u00e9l. Quer\u00eda ser \u00e9l.<\/p>\n<p>En las noches viv\u00eda en un mundo diferente al d\u00eda a d\u00eda del barrio, el de las calles ruidosas, motociclistas imprudentes y ni\u00f1os que jugaban en las tardes despu\u00e9s de la escuela. Me dejaba en casa y se iba a trabajar hasta bien tarde. Nunca me llevaba, ni siquiera me permit\u00eda salir de noche \u201cpara que las almas impuras no detecten tu alma blanca, Miguelito\u201d, me dec\u00eda. Pero las notas eran demasiado fuertes como para que esta alma blanca no las escuchara y quisiera ir flotando detr\u00e1s de ellas hasta ese instrumento m\u00e1gico de donde sal\u00edan, impulsadas por las manos de seda de pap\u00e1. As\u00ed que no aguant\u00e9. Una noche dej\u00e9 la casa y me fui a pie al origen de la seducci\u00f3n que se encontraba a muchas cuadras de mi encierro.<\/p>\n<p>No me dejaron entrar a pesar de que les dije qui\u00e9n era. Mi adolescencia era un impedimento para estar all\u00ed legalmente. Se me ocurri\u00f3 rodear el bar y por el ala este que daba a la calle descubr\u00ed una ventana alta sellada con cristales por donde se escuchaba la m\u00fasica. Trep\u00e9 la verja que separaba el local de un establecimiento contiguo y de ah\u00ed salt\u00e9 a un peque\u00f1o muro cercano a la ventana. Desde all\u00ed domin\u00e9 el panorama. Un p\u00fablico ba\u00f1ado en luces de colores disfrutaba de aquella m\u00fasica que se me antojaba descarada y al mismo tiempo coqueta y divertida. Y pap\u00e1, luci\u00e9ndose con su instrumento y rodeado de m\u00fasicos, todos envueltos en un torrente de acordes y piezas que transportaban a otro plano. Segu\u00eda el ritmo con el chasquido de mis dedos y los ojos cerrados hasta que un breve sonido de sirena interrumpi\u00f3 el placer. Los agentes me hicieron bajar y luego de preguntas y explicaciones entramos al bar, all\u00ed procuraron a mi padre.<\/p>\n<p>Tuve que soportar el enfado en sus palabras, sus manos como tenazas sobre mi hombro al llevarme de vuelta a la casa en medio de un permiso breve. El manotazo sobre mi cara me arranc\u00f3 l\u00e1grimas y un saborcillo a sangre. \u201c\u00bfPor qu\u00e9?\u201d, me grit\u00f3. Le contest\u00e9 con la misma soltura y franqueza que encontr\u00e9 en aquella m\u00fasica hipnotizante que le llamaban jazz. \u201cPorque me gusta verte tocar. Quiero tocar como t\u00fa. Quiero <em>ser<\/em> como t\u00fa\u201d. En medio del llanto, vi a pap\u00e1 enmudecer. Baj\u00f3 el rostro y se me acerc\u00f3. Me prepar\u00e9 para otro manotazo, pero esta vez su mano pas\u00f3 con suavidad por mi pelo rizo y me abraz\u00f3. \u201cVe a dormirte, ma\u00f1ana hablamos\u201d, susurr\u00f3 al fin.<\/p>\n<p>Se desvanece mi solo en un <em>blues<\/em> sombr\u00edo, evocador de vivencias. De nuevo, las palmas son generosas. Voy bien, creo que puedo lograr estar a su altura. Mis manos anuncian entonces algo m\u00e1s movido y alegre. Un tamborileo de dedos y un movimiento de pies de los presentes aceptan la pieza.<\/p>\n<p>Al fin era part\u00edcipe del placer de tocar la trompeta, del j\u00fabilo que provocaba. Ya era parte de un \u00edntimo club de dos del que me sent\u00eda honrado. No lo defraudar\u00eda en las lecciones que comenz\u00f3 a darme para dominar el instrumento. Ya pod\u00eda tocar al \u201chermano\u201d con su permiso. \u201cEso s\u00ed, tienes que ser muy aplicado, \u00bfme entiendes?\u201d. \u201cS\u00ed, pap\u00e1\u201d, el tono enf\u00e1tico de mi respuesta quer\u00eda asegurarle absoluta obediencia.<\/p>\n<p>Unas notas que caen en lo jocoso, luego se elevan, dibujan el aire, se apaciguan, vuelan sin fin&#8230; Las acompa\u00f1a la percusi\u00f3n, una danza de platillos&#8230;<\/p>\n<p>Cada equivocaci\u00f3n era un manotazo en la cabeza. Cada tempo bien logrado ensanchaba su boca y exhib\u00eda complacido sus blanqu\u00edsimos dientes. Aprend\u00ed entre risas y bofetadas, entre mis vasos de agua y sus sorbos de ron, entre goterones de sudor frente a un abanico que soplaba lo caliente del verano. Transcurrido un buen tiempo, cuando ya dominaba el metal, entrecerraba los ojos y se dejaba transportar por la melod\u00eda dando bocanadas a su puro favorito, ese que ol\u00eda a madera y cerezas. Era el \u00fanico lujo que pod\u00eda permitirse. Al terminar de tocar las \u00faltimas notas de una pieza que hab\u00eda practicado por en\u00e9sima vez, se hizo un silencio solemne entre ambos. Abri\u00f3 los ojos y me mir\u00f3 fijamente, la mirada negra y profunda anunci\u00f3 como una sentencia: \u201cya eres un trompetista\u201d.<\/p>\n<p>El r\u00edo de aplausos rompi\u00f3 mis pensamientos. Vasos alzados y silbidos mostraban a un p\u00fablico sediento de m\u00e1s emociones. Los complac\u00ed con la pr\u00f3xima pieza del repertorio. Una melod\u00eda ligera, introducida por el bajo y la guitarra. Despu\u00e9s de mi entrada, volvieron a fluir los recuerdos&#8230;<\/p>\n<p>Algunas noches en las que pap\u00e1 estaba libre nos sent\u00e1bamos en el balconcito, yo interpretaba y \u00e9l escuchaba. El agua fue sustituida por refresco, al que pap\u00e1 se aventuraba a echarle un chorrito de ron. Yo soplaba m\u00e1s a gusto y medio euf\u00f3rico. Y \u00e9l miraba las estrellas cuando no hab\u00eda electricidad en el barrio. Me cont\u00f3 que fue mam\u00e1 que le regal\u00f3 la trompeta para su cumplea\u00f1os. Unos cuartos de loter\u00eda proveyeron la oportunidad de cambiar el trasto que ten\u00eda. Esta pieza dorada era su delirio ya que ven\u00eda de la mujer de sus amores. \u201cSus besos sab\u00edan a cerezas, como este puro\u201d, dec\u00eda al mirar el fuego en la punta. \u201cEran tersos y algo tibios como el \u00e1mbar\u201d, recordaba. A la luz de las velas, not\u00e9 una humedad nost\u00e1lgica en sus ojos. No pude evitar sonrojarme.<\/p>\n<p>Fue en uno de los ensayos con sus compa\u00f1eros que me pas\u00f3 su trompeta invit\u00e1ndome a mostrarles lo que me ense\u00f1\u00f3. \u201cAnda, joven, demu\u00e9stranos el talento de tu padre\u201d, me instaron. Tocamos Presumida, una extensa pieza que hab\u00eda compuesto pap\u00e1 hac\u00eda a\u00f1os y era un reto a mi destreza. Logr\u00e9 una fina interpretaci\u00f3n que me dej\u00f3 sin aire. Mi orgullo se infl\u00f3 con las risas y aplausos de admiraci\u00f3n. \u201cUn d\u00eda le pasar\u00e1s la trompeta a Miguelito\u201d, le dijo el baterista a pap\u00e1. \u201cQuerr\u00e1s decir la antorcha. Con esta trompeta me entierran\u201d, le respondi\u00f3 medio en broma. Sus palabras me provocaron un escalofr\u00edo.<\/p>\n<p>Menos luces sobre el escenario. La atm\u00f3sfera cambia. El bajo se asoma con reservas en un solo que permite a mis pulmones descansar y volver a adentrarme al pasado&#8230;<\/p>\n<p>Me hice de una trompeta con uno de los m\u00fasicos. Le expliqu\u00e9 lo del regalo sorpresa y me consigui\u00f3 un vejestorio con un amigo. Una noche que pap\u00e1 estaba en el bar, ensayaba la pieza que hab\u00eda compuesto para su cumplea\u00f1os. Decid\u00ed tocarla, pulirla cuantas veces fuera necesario hasta hacerla m\u00eda, tanto como quer\u00eda que la hiciera suya cuando la tocara por primera vez. Tom\u00e9 a escondidas poco de su ron y uno de sus puros, que al no fumar, s\u00f3lo dej\u00e9 encendido sobre el cenicero al borde de la mesa. Abr\u00ed las ventanas y la puerta del balconcito, corr\u00ed las cortinas, afuera hac\u00eda una buena brisa que disipar\u00eda el olor a tabaco, porque si no, pap\u00e1 me matar\u00eda. \u00a1Pero es que quise sentirme como \u00e9l, carajo! \u00bfAcaso no lo justifica? Quer\u00eda parecerme al Manos de Seda, el monstruo de la trompeta, el as del jazz, beber lo que \u00e9l beb\u00eda, oler a tabaco como \u00e9l, tocar como tocaba. Un apag\u00f3n me sac\u00f3 del trance y tuve que pausar para encender unas velas aqu\u00ed y all\u00e1. Segu\u00ed tocando con el vejestorio y le arranqu\u00e9 notas hasta la alucinaci\u00f3n. Aprend\u00ed que el alcohol la juega a veces; mezclado con el cansancio que ten\u00eda, ca\u00ed rendido en el mueble, trompeta en mano. Si tan solo me hubiera imaginado el peligro, no lo hubiera hecho, lo juro. Y lo lamentar\u00e9 por el resto de mi vida. Aquella brisa que sopl\u00f3 haciendo que unas cortinas alcanzaran la mecha de una vela lo cambi\u00f3 todo&#8230;<\/p>\n<p>Fueron los vecinos que me lo dijeron en el hospital, un tiempo despu\u00e9s de que despert\u00e9 en la cama de una habitaci\u00f3n con diversas quemaduras. El fuego estaba en sus buenas cuando pap\u00e1 regres\u00f3 del bar, solt\u00f3 la bolsa y se abalanz\u00f3 hacia la casa para rescatarme. Evadi\u00f3 a unos bomberos que insist\u00edan en sofocar parte del fuego antes de aventurarse ah\u00ed dentro. \u00c9l no los oy\u00f3. Ni yo mismo s\u00e9 c\u00f3mo sobreviv\u00ed. Me dijeron que me sac\u00f3 en brazos, antes de caer inconsciente bajo la prisa de los bomberos que se precipitaron sobre \u00e9l a apagar las llamas de su cuerpo.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 casi de puntillas despu\u00e9s del segundo de pausa que dej\u00f3 el bajo. Las notas largas y tristes de un blues que parec\u00eda no tener t\u00e9rmino&#8230;<\/p>\n<p>Era la misma melod\u00eda que hab\u00eda tocado con su propia trompeta en su cumplea\u00f1os f\u00fanebre, antes de dejarla con \u00e9l.<\/p>\n<p>Hab\u00eda quietud en el ambiente durante la \u00faltima nota que languidec\u00eda de mi viento metal. Como si hubiera participado de mis pensamientos, el p\u00fablico observ\u00f3 un instante de silencio al terminar la melod\u00eda. Call\u00f3 mi metal su llanto quedo, termin\u00f3 el agonizante n\u00famero. Unas palmas se escucharon, luego dos, tres, cuatro, hasta desatar una lluvia y luego un aguacero de aplausos.<\/p>\n<p>Y lleg\u00f3 mi pieza final. La que tocar\u00eda por primera vez varios aniversarios despu\u00e9s de la partida de mi padre. La que guard\u00e9 en mi memoria para recomponer m\u00e1s adelante. La que jur\u00e9 tocar en mi debut como trompetista en aquel bar, al que ya pod\u00eda entrar legalmente y bajo contrato. Pap\u00e1 debe estar orgulloso, all\u00e1 junto a mi madre. Y aqu\u00ed y ahora somos mi trompeta y yo. No tan bonita como aquella que le regalara mam\u00e1, pero igual de inmortal por las melod\u00edas que emanan de ella.<\/p>\n<p>Me llev\u00e9 el instrumento a los labios y aspir\u00e9 el hechizo en el p\u00fablico. Besos de \u00e1mbar comenzaba con un solo corto, d\u00e1ndole la bienvenida a los platillos y m\u00e1s adelante a las cuerdas. Luego irrump\u00eda de nuevo mi trompeta, esta vez potente y espont\u00e1nea, con olor y sabor a madera y cerezas. La toqu\u00e9 a todo pulm\u00f3n, a sudor grueso, a ojos cerrados, a hondura del alma puesta en cada nota, como la que le sol\u00eda imprimir al metal despu\u00e9s de un pescoz\u00f3n de mi padre. Abr\u00ed los ojos entregado a un p\u00fablico que ahora era m\u00edo, gracias a \u00e9l. Al fondo del sal\u00f3n, a la derecha, vi una sombra proyectada en la pared. Era la silueta de perfil de un hombre corpulento que se llevaba un puro a la boca y luego expulsaba una bocanada de humo. Mir\u00e9 a la gente cercana a la silueta. En las mesas contiguas solo hab\u00eda personas esbeltas que sorb\u00edan de sus copas y disfrutaban de la m\u00fasica. Pero nadie de figura m\u00e1s gruesa que fuera due\u00f1o de aquella sombra. L\u00e1grimas de reconocimiento asomaron a mis ojos y termin\u00e9 la pieza envuelto en una ovaci\u00f3n. Volv\u00ed a mirar el rinc\u00f3n. Ya la sombra no estaba y el p\u00fablico segu\u00eda aplaudiendo de pie la noche de mi debut. Esos aplausos eran para \u00e9l, esa era su noche.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Roxanna Delgado Boy\u00e1.<\/strong>\u00a0Escritora y editora dominicana graduada en Lenguas Modernas y autora de\u00a0<em>Reinvenci\u00f3n del juego<\/em>\u00a0(2018). Por igual, es la ganadora del primer lugar en el Primer Concurso Literario de Minificci\u00f3n Lauro Zavala del TLNSD.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Roxanna Delgado Boy\u00e1 Cuento ganador del Premio Banreservas de Relatos, edici\u00f3n 2024, dedicada al&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":76109,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[59],"tags":[],"class_list":["post-76108","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista-antillana"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76108"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76108\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":76110,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76108\/revisions\/76110"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/76109"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}