{"id":75888,"date":"2025-10-26T00:49:44","date_gmt":"2025-10-26T04:49:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=75888"},"modified":"2025-10-26T11:51:50","modified_gmt":"2025-10-26T15:51:50","slug":"el-agua-no-tiene-la-culpa-ciudades-contra-su-propio-territorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2025\/10\/26\/el-agua-no-tiene-la-culpa-ciudades-contra-su-propio-territorio\/","title":{"rendered":"El agua no tiene la culpa: Ciudades contra su propio territorio"},"content":{"rendered":"<p>Por <strong>Luis Carvajal<\/strong><\/p>\n<p>La ocupaci\u00f3n del territorio para el desarrollo urbano en la Rep\u00fablica Dominicana ha ignorado, de manera sistem\u00e1tica, el mapa invisible del agua: sus huellas antiguas, los drenajes naturales, la curvatura del relieve, la proximidad a r\u00edos y ca\u00f1adas, la existencia de humedales intermitentes o permanentes. Esa desatenci\u00f3n se replica en el trazado de calles y avenidas, en las redes pluviales y sanitarias, en la ingenier\u00eda civil y en las zonas industriales. El resultado es conocido: cada gran lluvia, especialmente cuando llega asociada a tormentas, encuentra ciudades vulnerables y multiplica el riesgo de inundaciones y de cat\u00e1strofes personales. El agua, bien comprendida y gestionada, es aliada; siempre puede ser beneficiosa; solo los humanos, con nuestras decisiones, evitamos que lo sea y la convertimos en amenaza.<\/p>\n<p>A esa fragilidad se suma un manejo deficiente de los residuos s\u00f3lidos. Los pl\u00e1sticos han colonizado contenes, aceras, imbornales, drenajes y cauces urbanos; obstruyen la escorrent\u00eda y convierten cualquier aguacero en aguada. Las ciudades han crecido guiadas por el valor inmobiliario y por la oportunidad coyuntural de constructores e inversionistas, no por la l\u00f3gica hidrogr\u00e1fica ni por la seguridad del territorio. Y el cumplimiento de las leyes y normas de uso del suelo ha sido err\u00e1tico, muchas veces ajeno a la realidad clim\u00e1tica, geol\u00f3gica, f\u00edsica y topogr\u00e1fica. Por eso hay problemas sin salida t\u00e9cnica razonable, otros de soluci\u00f3n tan onerosa que el Estado dif\u00edcilmente podr\u00eda asumir, y un conjunto de temas que s\u00ed es posible corregir si organizamos una estrategia multisectorial que alinee comunidad, municipalidades, academia, sector privado y gobierno central.<\/p>\n<p>No se trata de buscar culpables en el cielo. El agua no tiene la culpa y el clima, aun m\u00e1s extremo por el calentamiento, no es el agresor moral del pa\u00eds. El problema es haberle dado la espalda a la naturaleza del territorio e insistir en imponerle una cuadr\u00edcula donde el relieve pide curvas y espacios de respiro. El problema es la debilidad institucional, la permisividad, la captura regulatoria y la falta de mantenimiento de sistemas que, incluso bien dise\u00f1ados, requieren limpieza y vigilancia constantes.<\/p>\n<p>Con sentido cr\u00edtico y constructivo, propongo una agenda de m\u00ednimos para empezar a recomponer la relaci\u00f3n ciudad-territorio:<\/p>\n<ol>\n<li>Planificaci\u00f3n por cuenca, no por parcela. Las decisiones urbanas deben leerse en clave hidrogr\u00e1fica: qu\u00e9 pasa arriba repercute abajo; lo local siempre est\u00e1 conectado.<\/li>\n<li>\u00a0Respeto a las huellas del agua. Drenajes naturales, zonas de inundaci\u00f3n frecuente, vaguadas y humedales deben ser \u00e1reas intangibles o de uso restringido con franjas de protecci\u00f3n ribere\u00f1a efectivas.<\/li>\n<li>L\u00edmites a la impermeabilizaci\u00f3n. Fijar metas de infiltraci\u00f3n por manzana y por proyecto; promover techos y pavimentos permeables y desincentivar grandes explanadas selladas.<\/li>\n<li>Infraestructura verde azul. Parques inundables, jardines de lluvia, zanjas de infiltraci\u00f3n, humedales construidos, cisternas y retenci\u00f3n temporal en origen para aplanar picos de caudal.<\/li>\n<li>Gesti\u00f3n integral de residuos con enfoque preventivo. Limpieza programada de drenajes, control de vertidos y econom\u00eda circular con responsabilidad extendida del productor para reducir pl\u00e1sticos de un solo uso.<\/li>\n<li>Catastro de riesgo y mapas p\u00fablicos. Identificar zonas de alta amenaza, publicar datos abiertos y condicionar licencias y financiamiento a esa informaci\u00f3n.<\/li>\n<li>C\u00f3digos de construcci\u00f3n resiliente. Normas que reconozcan cargas hidr\u00e1ulicas, vientos, suelos y sismicidad; elevar equipos cr\u00edticos, proteger cuartos el\u00e9ctricos y dise\u00f1ar salidas seguras.<\/li>\n<li>Mantenimiento como pol\u00edtica, no como favor. Programas municipales con metas, presupuesto, auditor\u00edas y participaci\u00f3n ciudadana para imbornales, canales, bombas y bordes de r\u00edo.<\/li>\n<li>Gobernanza transparente. Ventanilla \u00fanica con trazabilidad de permisos, declaraci\u00f3n de conflictos de inter\u00e9s y sanciones por rellenos ilegales y ocupaciones de cauces.<\/li>\n<li>Financiamiento para la prevenci\u00f3n. Fondos espec\u00edficos, incentivos a soluciones basadas en la naturaleza, esquemas de seguros param\u00e9tricos y alianzas p\u00fablico-comunitarias.<\/li>\n<li>Restauraci\u00f3n ecol\u00f3gica de riberas y humedales. Bosques de galer\u00eda, corredores verdes y caudales ecol\u00f3gicos que devuelvan capacidad de amortiguaci\u00f3n al paisaje.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Nada de esto funcionar\u00e1 sin cultura de riesgo. La seguridad ante tormentas, huracanes y aguadas debe formar parte del curr\u00edculo escolar y de la conversaci\u00f3n cotidiana en los hogares. Desde los m\u00e1s peque\u00f1os hasta los mayores, desde quienes gozan de plena movilidad hasta quienes dependen del cuidado de otros, todos debemos conocer rutas de evacuaci\u00f3n, puntos de encuentro, se\u00f1ales de alarma y protocolos b\u00e1sicos. Los simulacros no son un formalismo: salvan vidas.<\/p>\n<p>La planificaci\u00f3n desde el territorio implica ver a la comunidad como sujeto y no como p\u00fablico pasivo. Barrios y sectores pueden, y deben, elaborar planes locales de gesti\u00f3n ambiental y de reducci\u00f3n de riesgos: inventariar puntos cr\u00edticos, mapear imbornales y obstrucciones, organizar brigadas, capacitar en primeros auxilios y comunicaci\u00f3n, y acordar responsabilidades m\u00ednimas por cuadra. La ciencia ciudadana ayuda: medir lluvias, reportar niveles de agua, registrar eventos y compartir datos con autoridades y universidades. Los municipios, por su parte, deben reconocer y potenciar estas capacidades, integrarlas al Sistema Nacional de Gesti\u00f3n de Riesgos y convertir la participaci\u00f3n en criterio para asignar recursos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n urge recomponer la relaci\u00f3n con el sector privado. La responsabilidad empresarial va m\u00e1s all\u00e1 de cumplir planos: exige monitoreo ambiental verificable, mantenimiento de obras pluviales internas, gesti\u00f3n de residuos en cadenas de valor y transparencia sobre impactos. La banca y las aseguradoras pueden acelerar el cambio si incorporan criterios de riesgo h\u00eddrico y cumplimiento ambiental en el acceso a cr\u00e9dito y a p\u00f3lizas.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 quien diga que es tarde. No lo es. Es cierto que hay infraestructuras mal emplazadas y barrios levantados sobre antiguos humedales cuya correcci\u00f3n integral excede cualquier presupuesto razonable. Pero tambi\u00e9n es cierto que, incluso all\u00ed, la suma de previsiones reduce el da\u00f1o: m\u00e1s captaci\u00f3n en origen, menos basura en drenajes, bordes de r\u00edo despejados, alertas tempranas que funcionen y planes familiares claros. La diferencia entre una crisis y una tragedia suele medirse en minutos y en decisiones sencillas tomadas antes de que caiga la primera gota.<\/p>\n<p>El punto de partida es estudiar el territorio con humildad y rigor, incorporar a la poblaci\u00f3n a ese conocimiento y construir soluciones desde su experiencia. La ciudad debe dejar de imaginarse como una m\u00e1quina indiferente al agua y comenzar a dise\u00f1arse con el agua: reconociendo su memoria, abri\u00e9ndole espacio, aprovechando su presencia como aliada y controlando sus excesos con inteligencia.<\/p>\n<p>El agua no tiene la culpa. La culpa es haber ignorado su memoria, su lenguaje, sus pausas y sus caminos. Superar esta crisis exige cambiar la forma en que pensamos, regulamos y habitamos el territorio. Hagamos que cada ciudadano, cada familia, cada junta de vecinos y cada instituci\u00f3n se reconozcan parte del mismo mapa. Con conocimiento compartido, reglas claras y participaci\u00f3n real, el da\u00f1o por las lluvias ser\u00e1 menor, las aguadas menos devastadoras y las ciudades m\u00e1s vivibles. No hay excusa para seguir apostando a la suerte: la prevenci\u00f3n, la planificaci\u00f3n y la corresponsabilidad cuestan menos que la reconstrucci\u00f3n y valen infinitamente m\u00e1s que la improvisaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Luis Carvajal La ocupaci\u00f3n del territorio para el desarrollo urbano en la Rep\u00fablica Dominicana&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":75003,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[55],"tags":[],"class_list":["post-75888","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacionales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75888","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=75888"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75888\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":75893,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75888\/revisions\/75893"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/75003"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=75888"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=75888"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=75888"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}