{"id":73105,"date":"2025-05-17T00:24:48","date_gmt":"2025-05-17T04:24:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/?p=73105"},"modified":"2025-05-31T00:59:18","modified_gmt":"2025-05-31T04:59:18","slug":"jose-marti-y-su-primer-viaje-a-la-republica-dominicana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/2025\/05\/17\/jose-marti-y-su-primer-viaje-a-la-republica-dominicana\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Mart\u00ed y su primer viaje a la Rep\u00fablica Dominicana"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Mariela P\u00e9rez Valenzuela<br>Corresponsal jefa de Prensa Latina en Rep\u00fablica Dominicana<\/p>\n\n\n\n<p>Santo Domingo (Prensa Latina) Treinta meses antes de la firma por Jos\u00e9 Mart\u00ed y M\u00e1ximo G\u00f3mez del Manifiesto de Montecristi, documento que expone las ideas para organizar la guerra de independencia cubana de 1895, el patriota cubano lleg\u00f3 por primera vez a tierras dominicanas en septiembre de 1892.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre esta visita, cuyo objetivo era proponerle al dominicano G\u00f3mez que ocupara el cargo principal de la nueva etapa liberadora -el de General en Jefe del Ej\u00e9rcito Libertador de Cuba-, convers\u00f3 Prensa Latina con Carlos Rodr\u00edguez Almaguer, historiador cubano y vicepresidente de la Fundaci\u00f3n que lleva aqu\u00ed el nombre del insigne militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00ed lleg\u00f3 a la Rep\u00fablica Dominicana el 9 de septiembre de 1892 por la ciudad norte\u00f1a de Dajab\u00f3n, fronteriza con Hait\u00ed, y ese mismo d\u00eda, indica Rodr\u00edguez Almaguer, visit\u00f3 a Joaqu\u00edn Montesinos, un viejo amigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su posici\u00f3n independentista, Montesinos sufri\u00f3 prisi\u00f3n en las canteras de San L\u00e1zaro, en La Habana, donde encontr\u00f3 al cubano en 1870, cuando era un adolescente, y tambi\u00e9n fue encarcelado por sus ideas libertadoras.<\/p>\n\n\n\n<p>El jovencito fue obligado a realizar trabajos forzados en condiciones infrahumanas, con un grillete fijado en su pierna derecha, unido a una cadena que pend\u00eda de su cintura.<\/p>\n\n\n\n<p>Justo de ese a\u00f1o es la foto en la que aparece de pie y con el pesado arco de hierro que le dej\u00f3 marcas y dolores para toda la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Para brindarle consuelo a su madre, enloquecida por el tratamiento que le dan al hijo, pelado casi al rape, vestido con un tosco uniforme de la prisi\u00f3n y encadenado, le escribi\u00f3: \u201cM\u00edrame, madre, y por amor no llores: si esclavo de mi edad y mis doctrinas, tu m\u00e1rtir coraz\u00f3n llen\u00e9 de espinas, piensa que nacen entre las espinas flores\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuenta el tambi\u00e9n poeta y ensayista cubano que de la casa de Montesinos, el organizador de la guerra de independencia de Cuba sigui\u00f3 hacia Montecristi, tambi\u00e9n en la zona norte del pa\u00eds, adonde lleg\u00f3 ese mismo 9 de septiembre y ocup\u00f3 una habitaci\u00f3n en la casa de hu\u00e9spedes de Catalina Ramos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin perder tiempo, fue a visitar a Francisco (Panchito) G\u00f3mez Toro, el hijo de M\u00e1ximo, en el almac\u00e9n de la casa comercial de Juan Isidro Jim\u00e9nez, un empresario local que ser\u00eda luego presidente de la Rep\u00fablica en dos ocasiones (1899-1902) y (1914-1916).<\/p>\n\n\n\n<p>Comenta que fue Jim\u00e9nez quien financi\u00f3 el proyecto agr\u00edcola emprendido por G\u00f3mez en la finca La Reforma en 1888, ubicada en Laguna Salada, en las inmediaciones de Guayub\u00edn, Montecristi, con el \u00fanico inter\u00e9s de alimentar a su familia.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudioso de la obra martiana refiere que el d\u00eda 11, Mart\u00ed sali\u00f3 con Panchito hacia la finca, y llegaron al anochecer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cG\u00f3mez pidi\u00f3 que cuando Mart\u00ed llegara -porque ya lo esperaba-, le mandaran un mensajero para ir a verlo, pero el cubano prefiri\u00f3 ir \u00e9l\u201d, agrega, y en el camino hacia Laguna Salada lleg\u00f3 antes a la vivienda de su coterr\u00e1neo Santiago Manzanet, en el poblado de Santa Ana.<\/p>\n\n\n\n<p>G\u00d3MEZ Y MART\u00cd EN LA REFORMA<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s, Mart\u00ed lleg\u00f3 a La Reforma, donde lo esperaba el experimentado militar dominicano, y all\u00ed conversaron durante tres d\u00edas, ocasi\u00f3n en la que coincidencia de prop\u00f3sitos, dice, enalteci\u00f3 una amistad imperecedera y sincera.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Rodr\u00edguez Almaguer, en este encuentro, despu\u00e9s del que hab\u00edan tenido en 1884 en la ciudad de Nueva York, los dos patriotas necesitaban sanar malos entendidos que hab\u00edan tenido en aquella ocasi\u00f3n por cuestiones de m\u00e9todo de organizaci\u00f3n y direcci\u00f3n de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el investigador, esta conversaci\u00f3n en la finca la Reforma, en Laguna Salada, fue un recuento de los sucesos acaecidos en suelo cubano luego de 10 a\u00f1os de lucha, y una manera de cicatrizar esas heridas, \u201cporque en esa ocasi\u00f3n se manejaron por ambos conceptos fuertes, aunque respetuosos el uno por el otro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos hombres demostraron en esa pl\u00e1tica la necesidad de dejar en el pasado las diferencias anteriores que siempre fueron de forma y no de fondo, y en ella ambos demostraron la estatura humana y patri\u00f3tica que les caracterizaba.<\/p>\n\n\n\n<p>SANTIAGO DE LOS CABALLEROS<\/p>\n\n\n\n<p>Con posterioridad, los dos hombres partieron a caballo para Santiago de los Caballeros, y se hospedaron en el hogar del m\u00e9dico cubano Nicol\u00e1s Ram\u00edrez.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00ed escribi\u00f3 el d\u00eda 13 la carta en la que pidi\u00f3 formalmente a G\u00f3mez que ocupara el cargo principal de la organizaci\u00f3n militar de la guerra, el de general en jefe del Ej\u00e9rcito Libertador cubano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYo ofrezco a usted, sin temor de negativas, este nuevo trabajo, hoy que no tengo m\u00e1s remuneraci\u00f3n que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y dio fe de que lo que le solicitaba era, adem\u00e1s, por s\u00ed mismo: \u201cEn cuanto a m\u00ed, (\u2026) no tendr\u00e9 orgullo mayor que la compa\u00f1\u00eda y el consejo de un hombre que no se ha cansado de la noble desdicha, y se vio d\u00eda a d\u00eda durante diez a\u00f1os enfrente de la muerte, por defender la redenci\u00f3n del hombre en la libertad de la patria\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00ed hab\u00eda viajado a la Rep\u00fablica Dominicana en condici\u00f3n de delegado del Partido Revolucionario Cubano, con la encomienda de hacerle esa propuesta a G\u00f3mez, luego de que realizara una consulta a los combatientes que hab\u00edan ocupado mandos importantes tanto en la Guerra de los Diez A\u00f1os (1868-1878), como en la Guerra Chiquita (1880-1881).<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1ala Almaguer que en una de sus cartas el organizador de la nueva guerra puntualiz\u00f3 que casi por unanimidad los cubanos aceptaron que el jefe militar del nuevo intento por liberar a Cuba fuera G\u00f3mez, dado su prestigio y capacidad demostrada en el campo de batalla.<\/p>\n\n\n\n<p>RESPUESTA DE G\u00d3MEZ<\/p>\n\n\n\n<p><br>El d\u00eda 15, G\u00f3mez respondi\u00f3 a Mart\u00ed la misiva, en la que acept\u00f3 con orgullo y honor el cargo de general en jefe del Ej\u00e9rcito Libertador cubano, pero, afirma el estudioso, su mayor impresi\u00f3n la anot\u00f3 en su Diario.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMart\u00ed viene a nombre de Cuba; anda predicando los dolores de su Patria; ense\u00f1a sus cadenas, pide dinero para comprar armas y solicita compa\u00f1eros que le ayuden a libertarla\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY como no hay un motivo, uno solo, por qu\u00e9 dudar de la honradez pol\u00edtica de Mart\u00ed, yo, sin tener que hacer ning\u00fan esfuerzo, ni tener que ahogar en mi coraz\u00f3n el menor sentimiento de queja contra Mart\u00ed, me sent\u00ed decididamente inclinado a ponerme a su lado y acompa\u00f1arlo en la gran empresa que acomet\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAs\u00ed es que Mart\u00ed ha encontrado mis brazos abiertos para \u00e9l, y mi coraz\u00f3n, como siempre, dispuesto para Cuba\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>MART\u00cd EN LA VEGA<\/p>\n\n\n\n<p>Refiere el entrevistado que Mart\u00ed se despidi\u00f3 de G\u00f3mez y de Nicol\u00e1s Ram\u00edrez y continu\u00f3 sus andares con un gu\u00eda hacia la ciudad de La Vega, mientras su anfitri\u00f3n parti\u00f3 a La Reforma.<\/p>\n\n\n\n<p>En La Vega conoci\u00f3 sitios hist\u00f3ricos, como el Santo Cerro, y pas\u00f3 la noche en esa ciudad, donde visit\u00f3 la casa de Federico Garc\u00eda Godoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, el d\u00eda 16, parti\u00f3 a Santo Domingo, adonde lleg\u00f3 el 18 de septiembre de 1892.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras hospedarse en la Casa de San Pedro, en la calle Mercedes, enseguida fue a encontrarse con el periodista y doctor Federico Henr\u00edquez y Carvajal, con quien visit\u00f3 el Instituto de Se\u00f1oritas dirigido por Salom\u00e9 Ure\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>En su ensayo \u201cEl primer viaje del Ap\u00f3stol Jos\u00e9 Mart\u00ed a Santo Domingo\u201d, el propio Rodr\u00edguez Almaguer, tambi\u00e9n vicepresidente del Instituto de Estudios Antillanistas General Gregorio Luper\u00f3n, narra que esa noche la Sociedad de Amigos ofreci\u00f3 una velada en honor a Mart\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLas emocionadas palabras de Federico Henr\u00edquez, dice, presentan el invitado al auditorio que abarrota el local: \u201c\u00c9ste que veis aqu\u00ed, hu\u00e9sped de amor de la Ciudad de Ozama, bienvenido sin duda, bienhallado (\u2026) \u00a1Es Jos\u00e9 Mart\u00ed! (\u2026).<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1ala que en aquella oportunidad, en horas, Mart\u00ed habl\u00f3 en tres ocasiones y que la cr\u00f3nica del d\u00eda siguiente rese\u00f1aba que: \u201cSe oy\u00f3 un vago rumor de hondas y de alas y luego una cascada de perlas y de flores y en seguida una lluvia de estrellas. Era la palabra luminosa, la frase alada de Jos\u00e9 Mart\u00ed, el orador poeta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminado el acto, a la media noche, embarc\u00f3 hacia Barahona (en la costa sur de la Rep\u00fablica Dominicana) en el velero L\u00e9pido.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de partir de la isla caribe\u00f1a para dirigirse a Centroam\u00e9rica, el 21 de septiembre, Mart\u00ed escribi\u00f3 en una carta a sus amigos de La Habana: \u201cEl hombre tiene ya dos patrias\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En tres ocasiones visit\u00f3 Jos\u00e9 Mart\u00ed la Rep\u00fablica Dominicana.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda fue en junio de 1893, ocasi\u00f3n en la que se entrevist\u00f3 con G\u00f3mez en Montecristi.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima, a principios de 1895, cuando firm\u00f3 con el General\u00edsimo el Manifiesto de Montecristi, donde expresaron cu\u00e1les eran los prop\u00f3sitos de la Revoluci\u00f3n y expusieron las razones que justificaban la protesta armada.<\/p>\n\n\n\n<p>En este pa\u00eds dej\u00f3 una profunda huella aquel precursor de la libertad cubana, que demostrara, m\u00e1s de una vez, la amistad, el respeto, y la admiraci\u00f3n sentida hacia los dominicanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Este 19 de mayo dominicanos y cubanos recordar\u00e1n el 130 aniversario de su ca\u00edda en combate en Dos R\u00edos, en el oriente de Cuba.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo har\u00e1n con el mismo sentimiento de unidad y fraternidad que llev\u00f3 consigo el Ap\u00f3stol de Cuba durante sus visitas a la Rep\u00fablica Dominicana.<\/p>\n\n\n\n<p>Varios de los sitios que visit\u00f3 aquel hombre sencillo, siempre vestido con su negra levita, ser\u00e1n recorridos ese d\u00eda. Mart\u00ed de nuevo pisar\u00e1 los lugares por donde anduvo con su verbo y sus ideas poderosas la primera vez que lleg\u00f3 a este pa\u00eds, del que parti\u00f3, en su \u00faltima traves\u00eda a Cuba acompa\u00f1ado por otro de los grandes de la historia latinoamericana, esa que hermana y une a la Patria Grande.<\/p>\n\n\n\n<p>arb\/mpv<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mariela P\u00e9rez ValenzuelaCorresponsal jefa de Prensa Latina en Rep\u00fablica Dominicana Santo Domingo (Prensa Latina)&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":73106,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[76,57],"tags":[],"class_list":["post-73105","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos-antillanos","category-montecristi"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/73105","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=73105"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/73105\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":73107,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/73105\/revisions\/73107"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/73106"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=73105"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=73105"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldiarioantillano.com\/uno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=73105"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}